El amor... ¿o mis estudios? -73-

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“Llénate de mí / Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame / Pídeme / Recógeme, contiéneme, ocúltame / Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora / Soy el que pasó saltando sobre las cosas / el fugante, el doliente...”  Llénate de mí. Pablo Neruda.

 

Tania

 

Debía hacer algo urgente. Se suponía que debería estar feliz, se suponía. Soy una tonta, esto no es felicidad.

Hablo con Ángel y le platico a detalle la noche anterior. Necesitaba una voz amable en medio de este huracán.

-Chaparra, dime que puedo hacer.

-Préstame tu carro.

-¿Vas a ir a buscarlo?

-No. Voy a ir a cancelar la beca.

El silencio seguido de un leve suspiro, era una señal clara de la desaprobación de Ángel.

-Amiga, una decisión precipitada tras otra, no lo hagas, piénsalo bien.

Cada palabra tan correctamente pronunciada y con ese toque de formalidad y lentitud, hace que cualquiera piense dos veces las cosas.

Cualquiera, menos yo.

-Ya lo pensé Ángel, si él quiere que me vaya a Londres… lo haré.

-Tania…

-Solo quiero que estemos juntos ¡Lo quiero de vuelta a mi! ¡Lo amo! No puedo dejar ir este amor- instintivamente me toqué el pecho, como si mi amigo pudiera sentir mis palabras.

Lloré tan fuerte que tuve que terminar la llamada. Ángel llegó en cuestión de minutos.

-¿Sigues pensando en cancelarla?

-Si.

-¿Y después?

-Estaré junto a él el tiempo que sea necesario, no me importa. Llegando entraré a estudiar la maestría, ya no me postularé para una beca, mi Jos…-

Arrastré con sumo dolor la frase, ya no era mi Jos, ni mi novio- me había propuesto con anterioridad que él cubría el costo. De esa manera entro directo, solo con la inscripción.

Lo llevé de nuevo a su casa y de ahí me dirigí a mi universidad.

Coordinación estaba cerrada. Sábado.

Regresé con Ángel y este me abrazó durante largo rato. Me obligó a comer y me llevó al cuarto. Se recostó conmigo y se quedó ahí. Detrás de mi espalda, esparciendo mi dolor con sus dedos que me acariciaban una y otra vez, así, sin palabras, solo confortándome con su tranquila presencia.

Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora