Varios segundos transcurrieron con ambas mujeres en la misma posición. Ambas estaban perdidas en los confines de sus pensamientos, pero por motivos diametralmente opuestos.
Para la entidad que habitaba el cuerpo de la cocinera el beso no sólo la había tomado por sorpresa, sino que también la había llevado a lugares que nunca creyó que existían. Pero también entendía que no podía dar rienda suelta a sus sentimientos, pues enamorarse de una mortal no estaba -ni jamás debería estar- en la agenda de actividades de su furtiva vacación. Simplemente estaba prohibido y ella lo sabía a la perfección.
Valentina por su parte no podía parar de recriminarse su falta de paciencia. Su novia había sobrevivido de milagro a un evento catastrófico hacía unos pocos días atrás, con una única secuela. Por supuesto que su morena perdiendo todos sus recuerdos se sentía como el peor escenario posible, y su pena parecía no tener fin, pero dada la extensión del daño sufrido por Juls su situación ciertamente podría ser aún peor. Y no reconocer a su novia en aquel beso no sólo rompió un poco más su corazón, tampoco ayudaba a traer a Juliana de regreso.
Lentamente Juliana se apartó de la proximidad de la mujer más cautivante de todo el universo, pero aún con sus suaves manos entrelazadas. Establecieron intenso contacto visual, sus rostros aún con un tinte rosa en sus mejillas.
Tú probablemente seas el mejor y más lindo recuerdo que me lleve cuando todo esto termine... me quitas el aliento Valentina Carvajal... Pensaba la morena mientras observaba con cierto grado de tristeza esos hermosos ojos aún con destellos de un azul eléctrico.
Esperaré por ti amor... así tenga que hacerlo toda la vida... yo sé que estás allí dentro, por alguna parte y que algún día te volveré a encontrar Juls... Era la frase que no cesaba de repetirse en la mente de la rubia, intentando por todos los medios retomar el control de la situación.
El tiempo seguía transcurriendo en forma de segundos, pero para ellas se sentían como horas. Fue Valentina quien apartó sus ojos primero, depositando su mirada en sus manos que aún sostenían las de su compañera.
"Yo... lo siento Juls... e-éso fue... muy... lo siento" Prácticamente balbuceó Valentina al tiempo que soltó las frías manos de su cocinera y en cuestión de unos pocos segundos abandonó aquella piscina en dirección a la mansión.
Juliana no hizo ningún movimiento para intentar disuadir a la rubia, a pesar de que cada fibra de su ser le gritaba que hiciera lo contrario. Que corriera detrás de la mujer más maravillosa y perfecta que había tenido el placer de conocer. Pero nada bueno podría resultar de éso. Nunca.
Valentina sencillamente no era para ella. La atracción, el amor -o lo que fuera que estaba sintiendo en cada rincón de su existencia- no eran compatibles con quién era. Toda una eternidad de incompatibilidad se interponía entre ellas. Y si no encontraba la voluntad para detener lo que estaba sucediendo, literalmente, se condenaría a una eternidad de tristeza.
La morena permaneció durante varios minutos más en aquella alberca, liberando varios suspiros al vacío mientras ponía orden en su convulsionada mente. Necesitaba volver a controlar y encasillar todo aquello que Valentina había revolucionado con el simple hecho de orbitar alrededor suyo. Todo lo demás -y particularmente ése beso- serían hermosos extras que se llevaría consigo.
Con un último suspiro y su mirada desbordando tristeza la morena decidió pasar el resto de la tarde en su habitación.
Al cabo de varias horas Valentina paseaba nerviosamente por el enorme living de la mansión, con una copa de vino en mano. Su hermano Guillermo la observaba sin comprender qué sucedía.
"Valen... ya chava... siéntate que me estás mareando... Juliana bajará cuando tenga que hacerlo..." Ordenó sutilmente el muchacho y su hermana menor pareció momentáneamente salir de sus pensamientos. "Me puedes explicar por qué estás así hermanita?"
Valentina respiró hondo y soltó un largo suspiro. Estaba inquieta por no saber nada de su cocinera desde que había abandonado la alberca. Si bien necesitaba poner esa distancia entre ellas, sentía que debía disculparse con la morena. Rápidamente se sentó junto a su hermano en aquel enorme sofá.
"Es que... la besé Guille... yo estaba... no pude... sólo... la besé" Admitió totalmente derrotada y su hermano tenía la mezcla perfecta de ternura y desconcierto en su rostro.
"Y por qué es eso algo tan malo?" Preguntó totalmente desorientado ante la expresión de derrota en los ojos de la joven. Valentina soltó otro suspiro, pero antes de poder intentar responder algo medianamente coherente León saludó cálidamente a sus hijos.
Al cabo de varios minutos de intercambio con su padre Silvina anunció que la cena ya estaba servida.
"Es-espérate tantito Chivis... Juls... Juliana... aún no ha bajado de su habitación" Contestó dubitativa la rubia y con una carga de tristeza que no pasó desapercibida para su padre.
"La señorita Juliana ya cenó en la cocina, mi niña... me pidió que les enviara sus disculpas y que los verá en la mañana" Informó Silvina con una apenas perceptible sonrisa.
Valentina no tuvo otra opción más que intentar tragar el nudo que se había formado en su garganta y disimular por lo que quedara de la cena su total desconcierto. Había ofendido a su cocinera? Había interpretado tan erróneamente sus gestos y sus miradas? Había perdido la oportunidad de orbitar alrededor de Juliana para siempre? Inmediatamente sintió como su pulso se aceleraba.
El resto de la cena fue compartida con su hermano y su padre, con Valentina mayoritariamente en silencio pues como les era habitual el trabajo ocupaba una parte bastante importante de sus charlas. León había utilizado las reuniones del día como excusa para estar cerca de sus dos hijos mayores, y había funcionado pues pudo almorzar con ellos e invadir sus oficinas para tener largas charlas con ambos. Ahora tenía que buscar el tiempo para hablar con su princesa, y pronto, dado el estado en el que se encontraba Valentina.
Apenas terminaron el postre, Guillermo se excusó de la mesa pues su día había sido largo y agotador.
"Hermanita... me buscas si me necesitas, va?" Le dijo por lo bajo a la rubia estrechando su mano por debajo de la mesa. La joven simplemente asintió sutilmente con la cabeza, mientras la tormenta continuaba haciendo estragos en los confines de su cabeza.
"Valen... vamos al salón de juegos?" Le propuso su padre luego de varios minutos, sorprendiendo a la rubia, lo que la obligó a salir de sus pensamientos.
"Al salón de juegos papá?" Repitió sin poder abandonar su asombro pues literalmente hacía años que no pisaba ese lugar en compañía de su padre. El hombre de cabello blanco asintió sonriendo.
"Quisiera jugar al pool con mi princesa... como cuando eras una niña..." Respondió sin poder esconder su emoción y el corazón de Valentina se estrujó en su pecho.
Pues cuando lo pides así... como decirte que no papá... Meditó la rubia y asintió con una tímida sonrisa.
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Hola a todos!
Es un capítulo un tanto corto pero intentaré publicar otro hoy o mañana y si los dejaba juntos pues se haría demasiado largo.
Falta cada vez menos para Playa del Carmen, a partir del próximo capítulo todo se acelerará (lo prometo).
Gracias a todos por leer, votar y comentar.
Canción para el día de hoy: Unintended de Muse.
Que tengan un lindo día!
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Yellow
FanfictionHola!! Esta es una historia pensada para usar los personajes de Amar a Muerte pero en un contexto completamente diferente, algo así como una versión mezclada y adaptada de Amar a Muerte y la película ¿Conoces a Joe Black? Espero que les guste! Si bi...
