Capítulo 107 - Wedding bells

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Por supuesto que toda la familia Carvajal estaba más que feliz por la noticia del compromiso de Valentina y Juliana, en especial León. Si bien Valentina estaba extremadamente emocionada de llevar el anillo de su madre, aún así en la primera oportunidad que tuvo propuso devolvérselo a su padre. Obviamente que el hombre no aceptó. “Lo único que siempre quisimos con tu madre es que ustedes sean felices… y Valen, créeme que nunca te vi tan feliz como en estos últimos años… y yo sé que a ella la llenaría de orgullo y felicidad que nuestra pequeña princesa use su anillo de compromiso” Le contestó con lágrimas en los ojos. Ambos lloraron abrazados por un largo rato ya que era en momentos como ése en los que la ausencia de Elena se notaba demasiado.

A menos de una semana de su compromiso Juliana también tenía un hermoso anillo en su dedo anular izquierdo, pues Valentina tenía pensado hasta qué diseño utilizar en su propuesta,  sólo que la morena le ganó de mano. La rubia organizó una romántica velada para su novia que concluyó con la entrega del anillo en cuestión y la cocinera lo amó de inmediato. Y como no hacerlo si Valentina tenía un gusto impecable. 

Como era de esperarse Eva se puso al frente de la organización de la boda, pero bajo la estricta supervisión de su hermana menor, pues si bien querían una ceremonia sobre la playa, lo que menos deseaban era repetir la fastuosidad de la fiesta de cumpleaños de León. Ambas estaban plenamente de acuerdo con una ceremonia rodeada de sus amigos más cercanos, una pequeña fiesta y luego disfrutar de la luna de miel. Al momento de elaborar la lista de invitados notaron que apenas superaban las 100 personas pues -una por poco y la otra por mucho- al final de cuentas ambas mujeres realmente tenían un círculo muy pequeño de amistades.

Juliana eligió a Don Enrique y a Doña Perlita como su padrino y madrina de boda y Valentina se inclinó por Sergio y su hermana Eva. Por supuesto que León acompañaría a su pequeña princesa al altar y Guillermo haría lo propio con la morena. Si bien ambas mujeres querían pagar por los gastos del evento, los hermanos de la rubia se negaron rotundamente -pues sería su regalo- y León les obsequió una paradisíaca luna de miel en una remota isla en el norte de Brasil. 

A lo largo de los años la relación del clan Carvajal con la prensa había cambiado mucho, pues con Eva y León lejos de los reflectores sólo Guillermo y Renata eran cada tanto asediados por algunos reporteros. Éso, sumado al constante perfil bajo cultivado durante toda su vida por Valentina, les dió el tiempo necesario a ambas mujeres para sostener y proteger su relación, pero cuando finalmente se filtró la noticia del compromiso de la muchacha de los ojos de cielo no pudo evitar que hubiera algo de ruido mediático. Al principio la cocinera luchó un poco con el concepto de tener algunas cámaras esperándola fuera del restaurante o del conservatorio, pero con el correr de los días toda esa atención fue mermando hasta volver a la normalidad.

Finalmente habían elegido Cozumel como destino para formalizar su unión y por supuesto Eva reservó el resort más exclusivo durante cuatro días enteros para la familia y todos los invitados. Los vestidos de ambas fueron diseñados por la misma diseñadora y mantenidos en total y absoluta reserva por supuesto. 

Seis meses habían pasado ya desde la propuesta de la cocinera y ambas mujeres estaban armando sus valijas ya que en unas pocas horas partirían rumbo a su boda. La morena estaba terminando de armar su equipaje cuando vió en el interior de su mesa de luz un viejo sobre e inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas. Instintivamente lo tomó del fondo del cajón y se sentó en el borde de la cama debatiendo intensamente si debería abrirlo o arrojarlo nuevamente donde estaba. En ese momento su futura esposa entró a la habitación con su mano derecha cubriendo sus ojos y anunciando su ingreso en voz alta, pues lo que menos quería era descubrir a su novia empacando su vestido para la ceremonia.

“Juuuuls… amooooor… estoy entrando a nuestra habitación…” Juliana soltó un suspiro seguido de una pequeña sonrisa.

“Puedes abrir tus ojos morrita… ya empaqué… todo éso” Inmediatamente su novia detectó que algo no estaba bien en la voz de la cocinera.

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