Capítulo 39 - You and me

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“No inventes Guille… saben qué preparó Chivis?” Intentó desviar el foco de atención de sí misma.

“Su famosa cochinita” Contestó entusiasmado Guillermo y Valentina casi se para de su asiento para dar pequeños brincos de felicidad, pues era su favorito dentro del menú Chivis.

“Podríamos comenzar a comer porfa? Ha sido un día muy largo y estoy famélica…” Exclamó Eva intentando disimular cuánto amaba la comida de su Chivis.

“Ya… comencemos…” Autorizó León, quien estaba sentado como de costumbre en la cabecera de la mesa.

Eventualmente la conversación cayó en los lugares comunes de toda familia y particularmente los de esa familia, nada se apartaba de lo usual exceptuando que estaban todos presentes y que ya la más pequeñita del rebaño no vivía más allí.

“Te entregaron todos los muebles?” Preguntó Eva y su hermanita supo en ese instante que si su respuesta fuera negativa alguna cabeza rodaría al día siguiente.

“Si… toditos… y los instalaron y todo, eres muy efectiva hermana… gracias!” Contestó con total honestidad la rubia.

“Pues no me agradezcas, eres mi  hermana pequeña y te mereces todo lo mejor” Sonrió la mayor de los Carvajal.

“Y cuándo podremos ir a conocer tu nueva guarida?” Soltó Guille y Valentina largó una carcajada.

“Guarida? Neta Guillermo? Nadie ha usado esa palabra desde que... papá era niño...” Agregó aún risueña.

"Oigan, a mi déjenme fuera de esto…" Intervino León fingiendo indignación.

“Es que ya… desde que te mudaste que no te he vuelto a ver hermanita… te has escondido en tu guarida… o mejor dicho en tu nueva madriguera…” Explicó el muchacho sonriendo pues hacerle bullying a sus hermanas era su deporte extremo favorito, particularmente a Eva, pero como Valentina era el tema de conversación para variar decidió no escatimar recursos.

"Madriguera… ya chavo puedes dejar el español antiguo?" Valentina estaba decidida a evadir al máximo tener que detallar sus actividades de los últimos días.

Especialmente porque todas esas actividades incluían en mayor  o menor medida a Juliana, pues más del noventa por ciento de su tiempo lo había o bien compartido con ella o bien pasado pensando en ella. No se trataba de esconder a la cocinera de su familia, se trataba más bien de protegerla de ella. Y especialmente proteger a su cocinera de todos los flashes, de la persecución mediática a la que eran sometidos una vez que a la prensa se le ponía algo entre ceja y ceja.

Toda la familia, especialmente León, recordaba la muerte de Elena y cómo la privacidad de él y la de sus niños había sido vulnerada una y otra vez con el único propósito de vender más revistas de chimentos. Y Valentina sabía que no sólo tendría que esperar la mejor reacción posible y rogar por una posterior aceptación de su familia, lo cual ya le aterraba de por sí, sino que también estaba el resto de México.

Todos rieron ante la pequeña guerra que se estaba dando entre hermanos y Valentina estaba agradecida por la distracción.

“Yo dejaré el español antiguo como tú dices cuando nos invites a tu nueva casa hermanita…” Reclamó Guille una vez más.

“Estás tantito más denso que lo habitual o es que hacía mucho que no nos veíamos?” Continuó Valentina sonriendo.

“Ya… basta ambos!... pero es verdad hija, cuándo podremos conocer tu apartamento? Es mi obligación de padre cerciorarme de que mi pequeña princesa tiene todas las comodidades que se merece…” Razonó León y Valentina ya se estaba quedando sin argumentos. Además no había razón alguna para no invitarlos a cenar, sólo le insumiria ni más ni menos que otra noche  sin su cocinera.

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