Capítulo 74 - Welcome to the jungle

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"Papá?" Prácticamente gritó Valentina cuando se encontraba aún a varios metros de su novia y su padre, corriendo en su dirección. Ambas figuras detuvieron sus pasos y giraron atónitos por la interrupción, algo en la angustia que brotaba del tono de voz de la rubia no cuadraba.

"Valen... qué tienes hija? Qué pasa?" León fue el primero en acudir al encuentro de su niña.

"No pues... es que..." Valentina trataba de inventar una excusa en tiempo record, al tiempo que su entrecortada respiración se lo dificultaba.

"Creo que Valentina se siente tantito apenada por no ser ella quien nos... presentara" Juliana pareció acudir al rescate de la rubia y los ojos de Valentina no expresaban otra cosa que no fuera gratitud.

"Exacto... qu-quería ser yo quien los presentara pero... pues creo que llegué tarde no?" Comentó la rubia aún con un tono de sorpresa y sin suficiente cantidad de oxígeno en sus pulmones.

"Ya... pues no hacía falta hija... tu... tu amiga Juliana estuvo haciéndome compañía y de veras que es una persona francamente..." León luchaba por conservar la cordura, recordando que no debería bajo ninguna circunstancia develar la verdadera naturaleza de su vínculo actual con la joven morena. "interesante y... especial... muy especial" Concluyó el hombre de pelo blanco con sus ojos posados sobre esos profundos ojos de Juliana.

Pues qué demonios está sucediendo aquí... Fue el pensamiento que recorrió la mente de Valentina apenas su padre verbalizó esas palabras y en ese tono.

Por supuesto que su Juls era la persona más interesante y especial del universo, y en un mundo ideal hubiera tenido el tiempo para hacerle ver a su padre exactamente esas dos y todas las demás virtudes de su novia. Pero en los últimos días su mundo distaba bastante de ser ideal, o habitable siquiera, y que ambos se conocieran sin que ella tomara parte de la situación ya le resultaba extraño.

Pero más extraño aún le resultaba que su padre platicara con una perfecta desconocida y lo disfrutara en el proceso. León nunca había sido un ogro ni descortés, pero en su casa no era precisamente la persona más sociable del universo con los amigos de sus hijos pues era muy celoso de su privacidad y la de su esposa, cuando Elena aún vivía.

Desde el segundo que escuchó la voz de la rubia, Juliana no pudo hacer otra cosa más que sumergirse en esos ojos de cielo que tanto la atraían. No había una sola cosa que la morena disfrutara más que la compañía de aquella hermosa joven, inmediatamente inundándose de ese inconfundible aroma aún en la corta distancia que las separaba.

Por supuesto que para la nueva entidad que habitaba el cuerpo de la cocinera lo que sentía no le era ajeno, después de todo había pasado miles de años escuchando todo tipo de declaraciones, anécdotas, historias y teorías acerca de la atracción, el amor y todos los grises intermedios entre uno y otro. Pero nunca jamás en todo ese vasto lapso de tiempo lo había experimentado, por lo que acomodarse a sus reacciones físicas y emocionales le resultaba un tanto dificultoso.

Y más aún cuando el objeto de esas reacciones sólo orbitaba alrededor suyo por su lazo de amistad con el envase que estaba ocupando. Si bien tenía la capacidad de invadir los pensamientos de esa hermosa mujer, la morena había decidido que de momento respetaría su privacidad. De todas formas Valentina no era el objetivo de su visita y en el corto tiempo compartido no le había demostrado otra cosa más que bondad y calidez, por lo que no sería apropiado de su parte entrometerse de ese modo con tan majestuosa criatura.

"Seguro te encuentras bien hija?" Volvió a preguntar el hombre con cierto grado de preocupación en sus ojos.

"S-si papá... sólo quería asegurarme... de que..." Valentina no parecía capaz de articular un discurso coherente.

"Ya... volvamos a la casa que pronto Silvina nos llamará para la cena" Concluyó León, intentando por todos los medios que el momento que estaban compartiendo llegara a su fin.

"Pues si no le es molestia Señor Carvajal permaneceré tantito más en este hermoso parque..." Anunció más que preguntó la morena y ambos, padre e hija, voltearon con los mismos gestos de incredulidad en sus rostros.

"Por supuesto Juliana... siéntete como... en tu casa" Contestó el hombre con la más fabricada de sus sonrisas.

"Te haré... compañía Juls si no... si no te molesta" Titubeó la rubia, nuevamente experimentando un escalofrío que recorrió toda su espalda al posar sus ojos sobre los de su cocinera.

"Órale" Simplemente agregó Juliana en ese tono tan despojado de toda calidez reconocible y volteó para retomar su paseo, aún con sus manos entrelazadas en su parte trasera.

León simplemente posó sus ojos sobre los de su hija menor, no conforme con el arreglo de dejar a Valentina sola ni más ni menos que con quien era su nueva compañera de aventuras. Pero comprendió que los riesgos de objetar algo eran mayores, pues nunca había podido ocultarse de sus propios hijos.

"Las veo al rato..." Sus palabras contenían un dejo de preocupación y pesar que Valentina pudo ignorar simplemente por el estado en que se encontraba. A medida que la silueta de su padre se alejaba, la rubia soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

"Me explicarás el porqué de ese suspiro?" Indagó la morena de la nada, tomando a Valentina por total y absoluta sorpresa. La realidad era que la rubia aún estaba intentando acomodarse a esta nueva personalidad que parecía habitar dentro de la cabeza de su novia.

Definitivamente para Valentina, si bien extrañaba a su antigua Juls con cada fibra de su ser, había algo en esta nueva versión de su cocinera que no cesaba de sorprenderla y atraparla. Nuevamente su respiración se entrecortaba cuando esos ojos tan profundos como un mar color chocolate se posaban sobre los suyos.

"Es que... verás hace unas semanas mi padre tuvo un episodio coronario agudo y... si bien pareciera haberlo superado pues... aún me preocupa su salud y... pues tú... tu salud también me preocupa" Y mucho más de lo crees, pues eres el centro mismo de mi universo y te extraño Juls, te extraño como nunca extrañé nada ni a nadie en esta vida... Por supuesto que Valentina resguardó esa última parte de su pensamiento para sí misma.

"Ya... comprendo... de veras Valentina, gracias por albergarme en tu casa estos días. Y pues tu padre y yo... sólo estábamos platicando de cuán bonito y pacífico es este parque. Pero de verdad que no quiero causarte problemas por estar aquí... según me dijiste pues yo... yo tengo mi propio apartamento, verdad?" Si bien este arreglo le permitía a Juliana estar cerca de su nuevo compañero de aventuras, no quería imponer sus condiciones si eso significaba traerle disconfort a la bella joven.

"No pues como crees..." Es absolutamente necesario que te quedes aquí conmigo pues no pienso dejarte sola nunca más Juliana Valdes... "Eres bienvenida en nuestra casa Juls... además técnicamente no puedes quedarte sola hasta que no tengas el alta definitiva" Claramente esa última parte de su discurso era una falacia, pero una muy necesaria si eso significaba retener a su novia unos días más.

"Ya... solo quiero que sepas cuán agradecida estoy contigo, Valen...Y tú creciste aquí, en esta casa?" Nuevamente la curiosidad de Juliana hacía estragos con las esperanzas de Valentina.

Continuaron un buen rato simplemente paseando por el inmenso parque, disfrutando de lo que quedaba de sol. Valentina le contó todo tipo de anécdotas a su cocinera, señalando dónde había ejecutado todo tipo de travesuras cuando era niña. Juliana nunca pensó que se podía estar tan a gusto ni reír tanto en compañía de otra persona, y la rubia nunca creyó que era posible extrañar tanto el sonido de esa risa. Era como un bálsamo para sus oídos y una pequeña, diminuta, esperanza en su horizonte pero esperanza al fin.

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