Capítulo 49 - No happy ending

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Juls - 8.05 am:
Hola amor, llegué bien 😊❤ deja de preocuparte morrita, todo estará bien. Espero que pases una buena mañana en el hospital mi vida. Yo también te quiero 😍😘

Valentina juró que su respiración volvió a un patrón tantito más normal luego de leer el mensaje de su cocinera. Si bien Juliana no había tardado en responderle aún no lograba desprenderse de esa extraña sensación que se estaba gestando en el centro de su pecho. Algo no estaba bien en su universo y ella podía percibirlo pero no identificarlo.

“Hola princesa!” Sergio saludó alegremente a su mejor amiga y Valentina simplemente levantó sus ojos del móvil, como apenas registrando un sonido en el ambiente, sus ojos totalmente inexpresivos. “Y a ti qué te pasó?” Preguntó inmediatamente preocupado el morocho.

“Me creerías que nada?” Razonó Valentina luego de tomarse unos segundos para meditar su respuesta y algo en sus ojos desbordaba sinceridad pues su amigo asintió con su cabeza, realmente preocupado por la rubia.

“Hablamos luego va? Estás llegando tarde a tus rondas…” Agregó y Valentina salió disparada del área de lockers apenas procesó esa frase, efectivamente tarde lo cual le valió la mirada desaprobadora de todos sus superiores apenas se incorporó al resto de la manada.

Pues qué buena mañana que tendré… Pensó dándose una palmada mental.

La mañana prosiguió según lo pautado para ambas, Juliana completamente absorta en sus clases y Valentina rodeada de pacientes y tapada de cosas para hacer, sin mencionar que pronto entraría en el quirófano y a partir de ese momento perdería todo contacto con el mundo exterior, incluida su novia, lo cual no era de su agrado en ese preciso instante.

Val - 11.10 am:
Hola amor! Cómo estás? Yo literalmente tengo 15 minutos para almorzar pues entraré a quirófano. Te extraño 😐😒 escríbeme en cuanto puedas mi vida 😘😘

Y literalmente en menos de 10 minutos ya había devorado la mitad de un sandwich y estaba en camino al área de quirófanos, para cambiarse y comenzar con el proceso de lavado de manos. En todo ese trayecto Valentina chequeó su móvil incansablemente hasta que tuvo que guardarlo en su locker, totalmente en desacuerdo con tener que desconectarse del mundo, pero más puntualmente del centro de su mundo.

Ya Valentina!... relájate chava… todo estará bien, es sólo otro día más… nada malo sucederá... Se auto convencía la rubia mientras se lavaba ambas manos y observaba cómo el quirófano iba cobrando vida propia. 

Ésa era la parte que más disfrutaba, incluso más que los procedimientos en sí mismos, pero esta vez el estado en el que se encontraba no la dejaba disfrutar al cien por ciento de ese momento. Se sentía como los animales antes de una gran tormenta, como si el final de algo se aproximaba y no había una sola cosa que pudiera hacer nada para evitarlo.

Valentina nunca había sido una persona que se dejara manipular por su costado no racional, en su mundo todo tenía siempre algún tipo de explicación lógica aún si ella la desconocía, por lo que respiró hondo y decidió enfocarse en lo que estaba enfrente de suyo y eso era el quirófano. Todo allí tenía un orden, una lógica, un sentido y hasta la cosa más pequeña formaba parte de un todo funcional.

Concéntrate chava… Era todo lo que atravesaba por su mente mientras la asistían con la última parte de su atuendo.

“Muchas gracias Juana” Dijo Valentina sonriendo detrás del barbijo y rápidamente tomó su posición al costado de la mesa quirúrgica a la espera del cirujano que estaría a cargo del procedimiento. Su paciente era un niño de cuatro años que se había ganado el corazón de todo el piso, incluido el del más antipático de los anestesiólogos.

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