Capítulo 104 - Dreams

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Seis meses habían pasado ya desde que Juliana había despertado en aquella fiesta en Playa del Carmen y ambas habían vuelto por completo a sus rutinas, pues la morena eventualmente reinició sus clases en el instituto. Y si bien llegaba con los minutos contados al restaurante, Don Enrique había decidido dejar a la joven como su sous chef oficial del turno del mediodía, por lo que Juliana estaba a cargo de esa cocina la mayor parte del tiempo. Y si bien significaba que finalmente tenía un horario de trabajo fijo, también tenía la inmensa responsabilidad de dirigir una de las cocinas más reconocidas y prestigiosas de todo el DF. "Juli no te estaría ofreciendo esto si no considerara que eres una de las chefs más talentosas de tu generación" Fueron las palabras de su jefe, y aún así todavía le costaba trabajo creerlo.

Valentina por otro lado estaba más que feliz por el cambio pues eso significaba que podía pasar casi todas sus noches con su novia, a excepción de aquellas en las que estaba de guardia. Y ésas eran sus peores noches, ya que nunca podía descansar tranquila cuando estaba lejos de su cocinera. "Estrés post traumático... ya lo superaras Valen" Le había dicho su mejor amigo, pero ya habían pasado 6 meses y casi nada parecía ayudar.

Eventualmente había regresado con Juliana a su apartamento pero básicamente pasaban la mayor parte de sus noches en el de su novia, a excepción de algún que otro día de la semana, por lo que la morena no tardó en obsequiarle una copia de las llaves de su hogar. Y de la forma más tierna, pues amarró las llaves con un moño rojo y las escondió entre sus manos, detrás de su espalda. "Escoge morrita... izquierda o derecha?" Había preguntado risueña y la rubia no pudo evitar soltar una carcajada cuando vió los porta llaves elegidos, un piano y un taco -pues no consiguió uno con forma de tiramisú- ambos de metal. Por supuesto que al día siguiente fue el turno de la rubia de obsequiarle un juego de llaves de su apartamento a su novia, pero prácticamente no pasaban tiempo allí.

Era increíble para la rubia la capacidad de amar tan profunda y completamente a otra persona. Se entendían a la perfección en todos los niveles que una relación amorosa puede tener, y se sentía conectada a su morena en formas que nunca creyó que podría. Jamás en toda su vida pensó que se podía amar tan tiernamente, apasionadamente, consideradamente, incondicionalmente y tantos adjetivos más.

Valentina ya no concebía la vida sin su cocinera, de hecho no concebía pasar un sólo día sin ella. Y para la morena era exactamente la misma situación. Nunca había sido tan feliz en toda su vida y tampoco sabía que tal felicidad existía. Su hermosa novia era la persona que la entendía, la escuchaba, la contenía, lograba robarle una sonrisa cuando estaba agotada o de mal humor, la cuidaba como nadie, ponía su cuerpo en llamas como nadie y tantas cosas más. Estaba profunda, perdida e irremediablemente enamorada de Valentina Carvajal y no sólo amaba todo de esa mujer, también la vida que estaban construyendo juntas; sus pequeñas rutinas, sus silencios, sus pláticas, sus risas, sus sesiones musicales, sus noches -y días- de pasión, básicamente todo.

Ambas sabían que amarían a la otra hasta el final de los tiempos, aún si alguna de las dos desistía de continuar en aquella aventura.

"Entonces por qué no le preguntas Valen?" Preguntó Guille mientras acomodaban los platos, copas y cubiertos en la mesa. Habían cultivado el hábito de cenar con León y -a veces- su hermano y su nueva cuñada una vez a la semana, pues Eva ya estaba en Oxford. Aquella noche Juliana había insistido en hacerse cargo de la cocina, y -como cada vez que lo hacía- estaba inmersa en su santuario culinario cuidando celosamente de sus preparaciones, como si estuviera en el restaurante.

"Porque quizás... no sé... tengo miedo de que crea que es un poco pronto... o sea, es bastante pronto, no?... tú qué crees?" Contestó una muy ansiosa Valentina y su hermano le devolvió una cálida sonrisa.

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