Capítulo 67 - Nada

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(Canción recomendada de hoy Nada de Shakira, la pueden encontrar en Spotify)

"Extraño tu voz
Estoy en tierra de nadie
Me falta hasta el aire
De espaldas al sol
Pasa otro día sin ti"

Valentina no llegó a asentir con su cabeza pues fue interrumpida por el leve crujido de la puerta abriéndose. Desvió sus ojos de esos mares de chocolate y su cabeza acompañó ese movimiento como en cámara lenta. Si bien una parte suya estaba verdaderamente feliz de ver cómo ese hermoso rostro se acababa de iluminar con esa sonrisa, aún podía sentir como la otra mitad de su cerebro entraba en cortocircuito. Algo no estaba bien, quizás era aún imperceptible para su costado más lógico y racional pero no para esa parte suya que tan habituada estaba a derretirse con cada sonrisa de su novia.

"Buenos días Valentina... cómo estás?" La voz grave y profunda pero a la vez melódica de su jefe resonó en toda la habitación.

"Bu-buenos días... Doctor... López Hernández..." La rubia tardó varios segundos en verbalizar su respuesta, pues aún no podía sacudirse esa sensación de extrañeza y a la vez procesar lo que estaba sucediendo.

"Buenos días señorita Valdés... cómo se encuentra esta mañana?" Preguntó el hombre de cabello entre grisáceo y blanco con una alentadora sonrisa en su rostro al ver a su paciente plenamente despierta y en aparente uso de sus facultades.

Juliana desvió la mirada de donde estaba Valentina para posar sus ojos en la silueta del hombre que estaba a los pies de su cama. Contempló varios segundos el rostro del médico mientras procesaba su respuesta.

"Hambrienta..." Respondió con total simpleza y honestidad y el hombre simplemente soltó una carcajada.

"Pues eso es bueno... muy bueno..." Agregó el médico mientras se acercaba a su paciente e iniciaba un examen físico minucioso pero con especial énfasis en la parte neurológica.

"Saque la lengua... sonría... ahora frunce el ceño... bien... levante sus hombros..." Juliana obedecía uno tras otro los simples pedidos de aquel hombre, entendiendo que si en algún momento quería salir de aquella habitación sin montar un gran escándalo debía cooperar.

Valentina simplemente se limitaba a observar como la mujer de la que se había enamorado perdidamente acataba cada orden de su jefe. Aún no podía entender cómo era posible que Juliana no tuviera ni una sola, ni la más mínima de las secuelas, a excepción de su memoria. Todo parecía ser un misterio y nada tenía mucho sentido en ese momento, sin embargo Valentina no podía para de pensar en lo afortunada que se sentía de tener una segunda oportunidad. Quizás esa sensación de rareza la abandonaría en algún momento.

En ese instante Valentina sintió cómo un escalofrío nuevamente descendía por su espalda y cómo una vez más ese dolor lacerante en el centro de su pecho se hacía presente, dejándola momentáneamente sin aire. Dios... porqué sigo con estos escalofríos... Pensó la rubia y cuando levantó su mirada descubrió los intensos ojos de su cocinera sobre ella. Una vez más sus movimientos respiratorios se tomaron una pausa y su corazón se saltó varios latidos.

Los ojos de Juliana se suavizaron en el instante en que conectaron con los de esa maravillosa criatura que estaba parada hacia uno de los laterales de su cama. Podía sentir la voz en off del médico que aún le solicitaba que hiciera fuerza o que sostuviera sus piernas en el aire o que tantas otras pequeñas órdenes más. Pero era un simple murmullo que la mitad de su cerebro procesaba y acataba, mientras la otra mitad se quedaba absorta contemplando la belleza de esa niña.

La cocinera volvió a esbozar una sonrisa la cual se vió reciprocada por Valentina, algo que a la morena aún le resultaba un verdadero misterio. Qué razón lo suficientemente poderosa podría existir para que esa mujer tan hermosa sonriera cada vez que ella lo hacía. Cualquiera fuera la respuesta se sentía afortunada con el resultado y eso era todo lo que necesitaba saber o entender en ese instante, pues no podía apartar sus ojos de esos exquisitos trozos de cielo.

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