Capítulo 110 - Amor infinito

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"Buen día morrita" Saludó tiernamente la morena a una muy dormida Valentina, quien se acurrucó aún más en el hueco de su cuello apenas escuchó esas palabras combinadas con el sonido de la alarma del móvil.

"No... un ratito más" Contestó prácticamente susurrando y la morena soltó una pequeña carcajada.

"Amor... tenemos la ecografía hoy, recuerdas?"

"Si... ya lo sé pero es que... no pude dormir muy bien anoche"

"Náuseas otra vez o acidez?"

"Ambas..."

"Victoria... debes comportarte y dejar descansar a tu madre..." Agregó la morena mientras apoyaba una de sus manos en la parte baja del vientre de Valentina, que aún estaba plano. Ambas sonrieron brevemente y la rubia depositó un tierno beso sobre los labios de su esposa.

"Aún no sabemos si es Victoria o Federico..."

"Estoy segura de que es Victoria, ven morrita... crees que puedes comer algo?" Preguntó y su esposa asintió luego de meditar su respuesta por un par de segundos. "Entonces les prepararé un rico desayuno..." Sonrió la morena depositando un nuevo beso en los labios de su esposa.

Dios... como extraño el café... Valentina no dejó escapar esa frase de su cabeza y simplemente sonrió feliz pues estaba hambrienta y la comida de su esposa era deliciosa. Juliana había pasado meses investigando sobre alimentación saludable y nutritiva para un embarazo por lo que todo lo que preparaba era delicioso pero a la vez cuidadosamente seleccionado para reducir todos los síntomas del primer trimestre.

Valentina ya había finalizado su residencia y su año como jefa de residentes, permaneciendo como parte del equipo de neurocirujanos de ese prestigioso hospital. Juliana por su parte había abierto su propio restaurante con Don Enrique como principal socio inversor. Si bien había recibido múltiples propuestas para su nuevo proyecto, finalmente decidió aceptar la de su jefe quien estaba más que feliz de participar en el armado de un nuevo restaurante. Y no estaba equivocado, pues el lugar comenzó a funcionar muy bien mucho antes de lo esperado. Seguramente haber recibido una mención de la prestigiosa guía Michelin en su primer año como chef ejecutiva de su propio restaurante había tenido mucho que ver. Ciertamente estaba en camino de recibir su primera estrella pues la morena no sólo era talentosa, era una de las chef más creativas de todo el DF.

Habían pasado ya casi tres años desde su boda y si bien la morena había tenido varios meses de intensas y largas horas de trabajo, Valentina comprendió a la perfección que era el momento de acompañar al amor de su vida en esa nueva etapa. Eventualmente, luego de la apertura y los primeros tiempos de ajustar rutinas y horarios, prácticamente nada había cambiado en cuanto a tiempo libre para Juliana pues había armado un gran equipo en su cocina y confiaba plenamente en ellos.

Por supuesto que habían hablado sobre sus deseos de ampliar la familia desde el momento en que comenzaron a convivir básicamente, pero el cómo, cuándo y quién fue conversado y planificado luego de su boda. Ambas decidieron que Valentina sería quien llevaría el primer niño y luego de varias discusiones, Juliana logró convencer a su esposa -con la ayuda de sus médicos por supuesto- de que cargaría un segundo niño a los pocos años. Valentina eventualmente convenció a su morena de utilizar sus óvulos pues moría por gestar un bebé que se pareciera al amor de su vida. Atravesar todo el proceso de la inseminación no fue sencillo, pero luego de un intento fallido la rubia estaba ya por comenzar su segundo trimestre de embarazo. Juliana había accedido a todo siempre y cuando su propio embarazo fuera con un óvulo de Valentina por lo que sabían que, cuando estuvieran listas, tendrían que repetir todo el asunto.

"Aquí tienes amor..." Juliana depositó un saludable y variado plato de comida enfrente de su esposa y un jugo multifrutal recien preparado. La rubia simplemente sonrió enternecida con su compañera como lo hacía cada mañana.

YellowHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora