Capítulo 5 - Eres un misterio

4.6K 409 53
                                        

“Ya papá, te quedarás aquí en observación lo que queda de la noche y mañana en la mañana te repetirán varios estudios, y si siguen dando bien nos podremos ir a casa” Le informó su hija menor.

“Pero Valen… ya por favor, es mi cumpleaños, no podemos terminarlo así, aquí...” Retrucó apenado el hombre de pelo blanco grisáceo.

“Te quedarás aquí y no se habla más del tema… entiende papá, sólo estamos asegurándonos de que estés bien” Eva habló de la forma enérgica en la que sólo ella podía, exudando autoritarismo.

“Realmente crié a un sargento… lo siento” Dijo León, mirando a sus hermanos cuando dijo esas dos últimas palabras. Todos esbozaron una sonrisa, menos Eva claro.

“Okay, yo me quedaré esta noche” Dijo Valentina.

“Yo puedo quedarme hermanita, de verdad” Se ofreció Guille, siempre tan caballerosamente.

“No te preocupes hermano, créeme que estoy acostumbrada a pasar mis noches en este hospital” Dijo la muchacha de ojos azules.

“Creo que lo mejor es que se quede Valen, no te ofendas Guille pero si algo llegase a pasar…” Eva tuvo que hacer una pausa pues ese escenario aún la aterrorizaba. “Mejor que esté Valen, que es Doctora y seguramente sabrá qué hacer” Completó y tuvo que mirar al piso por miedo a que sus lágrimas brotaran de sus hermosos ojos.

“Tonterías… nadie se quedará conmigo esta noche” León intentó cerrar allí el tema pero sus tres hijos lo miraron con caras incrédulas.

“Ya, está decidido” Valentina cerró la discusión.

“Pues no sabía que cuando cumplías 60 era cuando tus hijos empezaban a tomar decisiones por tí” Dijo León sorprendido mirando a su amigo de toda la vida. Camilo solo se limitó a sonreírle, ciertamente disfrutando el momento. “Oye, no te veas tan feliz tampoco” Agregó inmediatamente captando a su amigo.

La noche pasó sin sobresaltos, con Valentina acomodada en un pequeño sofá que estaba al costado de la cama de su padre. Se había ausentado solamente por media hora en lo que fue al servicio de neurocirugía a cambiarse, siempre tenía un ambo quirúrgico limpio extra en su locker. Hábito de cirujana supuso. Se despertó en múltiples ocasiones para checar a su padre, tal y como hacía con el resto de los pacientes cuando estaba de guardia: su pulso, respiración, constatar los monitores, saturación de oxígeno, lo básico. Pero esta no  era una situación comparable a la de otras noches, porque este no era un paciente más.

Si debía ser honesta consigo misma toda la situación la había aterrado, el ver a su padre en esa circunstancias, tendido contra una pared sin poder respirar y tocándose el pecho. Por suerte había podido sobreponerse al shock inicial que le causó la situación y actuar  como la médica que es, y en tiempo record pensó.

Pero sólo porque tuve a la mejor asistente del mundo pensó y de inmediato se sorprendió de lo que había cruzado por su cabeza. No entendía muy bien exactamente qué era lo que la cautivaba tanto de esa muchacha. Quizás eran sus ojos, oscuros como la noche, o esa sonrisa que sólo pudo ver justo antes de irse en la ambulancia.

Valentina estaba segura de que nunca jamás ninguna mujer le había llamado la atención, más allá de notar alguna ropa o accesorio sobre alguna niña bonita. Pero nunca más que eso. Estaba completamente segura de ello. Y sin embargo, en esta atípica noche en el hospital en donde estaba haciendo su residencia, cada vez que quería volver a conciliar el sueño imágenes de lo que había pasado volvían a inundar su subconsciente. Y siempre, sin importar cuántas veces intentara desviar sus pensamientos, terminaba recordando las facciones y la profundidad de la mirada de esa cocinera.

YellowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora