21. El encuentro de Cárter.

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Narra Adrián:

Día 4:

¿Que es ese estúpido sonido que no me deja dormir?

No me queda otra más que despertar por completo y buscar lo que está sonando. Froto mi cara y me siento sobre la cama. Comencé con la búsqueda de lo que suena y... ¡bingo! Era mi celular. Lo desbloqueo para detener la alarma, pero veo que estoy equivocado, era una llamada de Bridgit.

15 llamadas perdidas de: Brid

—mierda— gruño y me levanto de la cama resignado.

Entré a bañarme. Pasé por un lado de la pieza de Sky y gracias a que la puerta está entreabierta pude ver que sigue dormida, se me había olvidado que yo rompí la perilla aquella noche.

Ayer, después de que platicamos sobre sus hermanos y lo protectores que son, ella me agradeció por llevarla al Game Over, donde jugamos videojuegos, por enseñarle a patinar en El Rockefeller Center y sobre todo por regalarle el suéter del Capitán América y ambos nos marchamos a dormir.

Entré a la regadera y giré la perilla para comenzar con el proceso. Cuando lo hago no puedo evitar cerrar los ojos y enseguida me llega una imagen.

Sky Rosselvert

Sacudo la cabeza para espantar esas imágenes.
Salgo del baño con la toalla a la cintura para pasarme a mi recámara y cambiarme, pero cierro la puerta del baño detrás de mí, casi choco con ella.

—lo siento— se disculpa.

Ella trae una cebolla despeinada, una pijama a cuadros celestes, pantuflas y una cara de pocos amigos, pero cuando se percata de cómo ando vestido, su expresión cambia.

—no hay problema— alzo una ceja.

Ella está ¿sonrojada? Creo que sí y es... tierno, porque hoy en día ¿que chica se sonroja? Si me lo preguntas casi nadie, pero sin embargo ella lo hace y parece avergonzada.

—¿estas bien?— no logro ocultar una sonrisa burlona.

—claro que sí, tonto— rueda los ojos.

Trata de ocultar que está avergonzanda con mal humor, pero fracasa. No puedes ocultar tus mejillas rojas como tomate chica.

—vaya alguien despertó con mal humor— me burlo.

—exacto, así que es mejor que te apartes de mi camino— ella me aparta del marco de la puerta y entra dando un gran portazo.

Me burlé por su reacción y seguí con lo que estaba haciendo.
Regresé a mi pieza y me cambié, busqué en el refrigerador un poco de leche, desayune y me marché a la conferencia.

—entiende que no te voy a contestar, Brid, es muy temprano para tus gritos— le contesté al celular como un completo loco. Creo que en total debo de tener al menos unas 30 llamadas de ella.

Llegué al auditorio y me senté en cualquier lugar. Creo que llegué un poco temprano. Que raro. Saqué mi celular y entré a un juego de los que traigo en él.

—¡Hey, Adrián!— saludó una voz familiar.

Guardé mi celular y levanté la mirada a la persona que me hablaba.

—¡Cárter, hermano!— lo saludo con una abrazo una palmada en la espalda.

Cárter es mi mejor amigo desde hace años y aunque es un imbécil, lo considero mi hermano.

—¿como te fue en tus vacaciones?— pregunté con una ceja al aire.

Cárter se había ido un par de semanas a Roma con su hermana Natalia, eran vacaciones por placer y por eso no lo había visto hace tiempo.

Una princesa imperfecta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora