47. Nina la bailarina.

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Ayer, cuando pasó lo de Ron bajé por hielo para ponerme en la cara y el moretón se marque lo menos posible, si mis hermanos o Adrián ven esto probablemente quieran matarlo y lo último que quiero es ir a visitar a estos idiotas a la cárcel, así que mejor me evito problemas. Creí que con hielo y una pomada evitaría que se marcara demasiado pero la marca ni se inmutó, ahora tengo una mancha lila del tamaño de una uva en la mejilla y el labio roto e inflamado.

—¡es un hijo de puta! Cuando lo vea le voy a cortar las bolas con una motocierra, las voy a sazonar y haré que se las trague para que vea el cabrón que con mi mejor amiga no se debe meter— tomó aire y siguió —¡es un hijo de puta que no merece ni siquiera ser príncipe! Yo me encargaré que el maldito se acuerde todos los jodidos días de su vida de mi cara al golpearlo, como puede ser posible— y así siguió durante media hora más.

Ya me dolía la cabeza de solo escucharla maldecir a Ron.

Alexa se autoinvitó a dormir en el castillo conmigo en cuanto supo que mis padres estarían de viaje y no regresarán hasta en cuatro días más.

En cuanto vio las marcas en mi cara no paró de joder hasta que le dije lo que pasó ayer, no hizo falta decirle que no podía decirle esto a nadie, ella ya sabe que todo lo que le digo debe ser guardado bajo llave. Apenas le terminé de contar se puso roja del coraje y comenzó a despotricar en contra del mencionado, sólo se detiene para respirar y pasar saliva.

Al cabo de media hora de gritos ella terminó y se tiró en mi cama exhausta.

—¿terminaste?— pregunté al ver que así era.

—no, pero tengo la ligera sensación de que ya te cansaste de oírme maldecirlo— respondió tomando su celular.

Parecía escribir algo entre risas y miradas brillosas. Uh, algo pasa aquí.

—¿que hay de Cárter?— me crucé de piernas sobre mi cama.

Ella dejó el celular a un lado y como si le hubiera dicho que se sacó la lotería, sonrió mostrándome su dentadura y lo feliz que estaba.

—tuvimos sexo— chilló de la emoción y se incorporó en la cama —me gusta y creo que yo le gusto así que no vi algún impedimento— sacudió los hombros.

Iba a decirle que no debió tener sexo con un mujeriego, pero su cara de cachorro cuando recién ve a su dueño me decía que no arruinara su felicidad. Además, Cárter también se ve muy feliz y cambiado, así que tal vez esto sea en serio.

—me alegra que estés tan feliz, pero me alegraría aún más que me dijeras que usaste condón— bromeé —soy muy joven para ser tía—.

—¡claro que usamos condones! ¿Con quién crees que tratas?— se llevó una mano a su pecho fingiendo drama.

—por algo lo digo, niña— le lancé una almohada.

Seguimos platicando de lo bueno que es Carter en la cama, según Alexa claro, y sobre todo pláticamos de sus citas y cómo es con ella. Me suena extraño oír que Carter es “lindo”, no lo tenía con esa etiqueta, pero bueno, supongo que las personas sí pueden cambiar.

—basta del sexy de Carter, es turno de Adrián— sonrió malévola.

Y así fue como le conté todo lo que había sucedido: el beso, las confesiones y los acuerdos. Alexa casi me destroza el tímpano al mencionar todo lo anterior.

Cuando estaba apunto de explicarle a Alexa con lujo de detalles cómo es que había sido el beso, el ringtone de mi celular nos interrumpió.

« De: el tonta Hemsworth.
Para: La piraña.

Mañana a las 4:30 a.m. pasaré por ti frente a tu castillo. Tu regalo de navidad requiere que te levantes temprano, nos vemos pronto pequeña»

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora