61. Bragas de dinosaurios.

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—te ves linda aún con la sonrisa incompleta— dijo mientras dejaba la fotografía en su lugar. El día que habían tomado la foto se me había caído el primer diente de leche.

—Adrián… creí que te habías ido— de nuevo balbuceé.

¡Que vergüenza! ¿¡Ahora que hacemos!?

Él se acercó a mí y yo casi podía ver mi corazón salirse de mi pecho.

—seguramente crees que soy una mojigata— bajé la vista.

Tomó mi barbilla entre sus dedos y la elevó para verlo a los ojos.

—lo único que creo es que estás asustada y es normal porque eres virgen— lo decía con tanta naturalidad que lo único que lograba era intimidarme más.

Depositó un beso en mi mejilla y me devolvió mi espacio personal. Me echó un vistazo de cuerpo completo y alzó una ceja sugerente.

—pero no sé qué esperes de mí si andas por ahí con leggings— mis mejillas se encendieron cual fogata.

Luego se paseó por mi habitación y se echó en mi cama una vez más, ¿qué hace?. Odio que estas cosas sean tan nuevas para mí que me resulten extrañas, ¿por qué no hay un libro que explique realmente lo que se debe de hacerse estos casos?.

que lo hay, se llama Kamsutra

—¿qué haces?— pregunté cuando se empezó a quitar los zapatos.

—me quito los zapatos— respondió con obviedad.

—claro estúpido— reprendo doblándole los ojos —sabes a lo que me refiero—

Soltó una risa cuando lo llamé estúpido y se acomodó mejor en la cama. Es un aprovechado.

—bueno es que no quiero llegar a mi casa, me peleé con mis padres ¿recuerdas? Y pensé que tal vez podrías darme asilo en tu habitación— lo dijo en un tono tan tierno que no había modo de decirle que no. Era como tratar de regañar a un cachorro abandonado; ¡imposible!.

No dije nada, pero fui con él a acurrucarme a su lado. Nunca había dormido con Adrián de esta manera, es decir, en el hospital él se quedaba conmigo pero ambos dormíamos en sillas separadas para tener más espacio, el mismo espacio que dejó de importar en el momento en que Adrián se acostó en mi cama. Me recoste a la altura de su pecho y él me rodeó con sus brazos. Era lindo estar así.

Encendió la televisión sin preguntarlo y empezó a cambiarle hasta que le dejó en una película de acción. Mis favoritas.

Mientras veía la película pillé a Adrián viéndome a mí en lugar del televisor, me miraba como si fuera lo mejor que hubiera visto nunca, como si no pudiera creer que estoy a lado suyo. Cuando mis ojos chocaron con los de él le sonreí para segurarle que no me iría, que siempre iba a estar ahí.

—eso se vio tan actuado— dice Adrián comentando la película después de un rato.

—claro que se ve actuado tonto, es una película— bromeé.

Achica los ojos fingiendo molestia, pero lo conozco y sé que se quiere reír.

Desde el lugar en el que me encuentro logro escuchar sus latidos, están tan relajados que me podría quedar dormida con la oreja pegada a su pecho. Cerré los ojos y traté de cerrar mis oídos al ruido de la película. Estaba apunto de lograrlo pero…

—¿ya estás dormida?— abrí los ojos y veo a Adrián viéndome por debajo de sus pestañas.

—casi— contesto adormilada.

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora