Narra Adrián:
—fue lo mejor, hijo— me obligó a sentarme en la sala de estar, junto a ella.
No quería escucharlas, estaba demasiado mal como para escucharlas y eso sin mencionar que toda esta mierda había sido, en gran parte, culpa de ambas.
—tu madre tiene razón, amorcito. De esa niña se puede esperar cualquier cosa— se entrometió la rubia.
Quería gritarle que se fuera de la sala, que se fuera del castillo, ¡que se fuera de mi vida!, pero no podía, se supone que debo ser su novio en las buenas y en las malas, el caso con Bridgit es que siempre son malas.
—vete, dejame en paz— escupí con odio —…pero hijo— intervino mi madre, quien seguía metiéndose en mi vida —ambas— me levanté dispuesto a irme de ahí. No soporto estar un momento más junto a ellas, estoy demasiado molesto con este par.
—puedes estar molesto amor, pero tarde o temprano te darás cuenta que ella solo quería aprovecharse de ti— escuché por última vez a Bridgit antes de subir a mi habitación y dar un gran portazo.
Era un imbécil. Me sentía como el títere más insignificante de todos. Hace unas horas, rompí todo lazo que había ente Sky y yo, ella se veía tan… rota que me dio miedo que nunca pueda perdonarme lo que le dije. No quería lastimarla, se me partió el alma cuando la vi arrancarse aquella lágrimas con odio, no debí haberle hecho caso a mi madre y Bridgit.
—soy el más imbécil de todos— dije mientras trataba de sacar mi odio.
Pateé la mesita de noche que sostenía una pequeña lámpara, ambos objetos cayeron, lampara se rompió y el mueble quedó brocado hacia arriba.
Me tiré en la cama y me maldije mil veces por caer ante las manipulaciones de mi madre. Ella siempre me enseñó que “las ordenes no se discuten, se acatan”, desde pequeño crecí con la maldita costumbre de obedecer y darle la razón a mis padres en todo, aunque aveces tuviera que callarme lo que pensaba. Mis padres no eran malas personas, ellos creen que me están haciendo un favor al educarme así, el problema aquí era que gracias a que ellos decidían sobre mí, yo estaba perdiendo mi vida, prácticamente se las estaba entregando para que la moldeen a su gusto y antojo, por eso es que soy novio de Bridgit, ellos me obligan a serlo. Ser un príncipe no es como lo pintan en los cuentos de princesas o en los libros.
Yo no quería decirle a Sky que nuestra amistad había sido un error o que lo de aquella noche había sido algo sin importancia, ni mucho menos hacerla menos al compararla con Bridgit, pero estúpidamente estaba siguiendo ordenes. Ordenes que no podía desacatar por que las dictaron los reyes de The Friendly City.
…
—eres un idiota— fue lo primero que dijo Carter al entrar a mi recámara con si fuera la suya.
—eso ya me lo dije yo muchas veces, si no tienes nada nuevo que decir vete— no estaba de buenas y mucho menos estaba como para aguantar reclamos.
Carter movió los trozos de vidrio de la lámpara a un lado y pasó sin invitación alguna. Se sentó junto a mí y siguió hablando.
—lo siento hermano, pero tendrás que escuchar todo lo que te vine a decir— dijo Carter muy serio.
Cuando escuchas a Carter serio, es porque en serio la cagaste. Mi amigo es de las personas que por lo general trata de mantenerse positivo y bromista ante cualquier situación, pero cuando en realidad metía la pata, él venía y me decía todas mis verdades.
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Una princesa imperfecta.
Roman pour AdolescentsSky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
