El viento fresco entra por la ventana del auto. El día es un poco gélido y creo que va a llover, pero eso no me importa ahora. Justo hoy es uno de los días más importantes de mi vida.
Paso los dedos por mi cabello tratando de acomodarlo pues el viento hizo de las suyas. Aún no logro acostumbrarme a que esté tan corto.
—no sé si hice bien en cortarlo, ¿qué opinas?— volteo a ver a Adrián, quién está conduciendo.
Él se burla.
—sabes qué opino. Viste mi expresión cuando llegaste con este nuevo look— me dirijió la mirada a mí unos segundos y después regresó al camino —te ves hermosa, Sky—
Sonreí al oír su elogio y volví mi mirada a la ventana.
Una vez que llegamos, bajamos del auto y entre los dos bajamos el equipaje. Nos detuvimos frente a el edificio y sólo entonces aterricé. Una felicidad enorme inundó mi pecho. El edificio era bonito, nada ostentoso.
Siento la presencia de él a un lado de mí y justo después tomo mi mano.
—¿Lista para esta nueva etapa?— dice él con una sonrisa en los labios.
—no puedo creer que esté pasando. ¡Estamos en París, joder!— exclamo. Una risotada nerviosa salió de mi boca y sentí mojadas mis mejillas.
Pensé que estaba lloviendo hasta que sentí mi vista nublarse por las lágrimas. Eran lágrimas de felicidad.
—oh pequeña, está bien. Vamos a estar bien— mi chico suelta las maletas y me trae a él.
Después de nuestro cursi momento, entramos. Subimos al departamento que será nuestro.
Dicen que la primera impresión es la más importante, pero no siempre es cierto, pues si bien, la primera impresión al ver nuestro apartamento no fue la mejor, sé que esto mejorará.
—es... bueno, tiene... potencial— dije optimista.
Había una gotera en la sala, hay mucha tierra por todas partes, no tiene ni un sólo mueble, bueno eso si no contamos una silla vieja de madera que está en la cocina y una estufa que seguramente debe tener ratones adentro. Hay una pared que tiene un agujero bastante grande y no todas las habitaciones tienen puertas pero está bien, sabíamos a lo que nos ateníamos al venir aquí.
Aquella ves que nuestros padres nos mandaron a hablar nos dijeron que aceptaban que nos fuéramos a vivir allá, siempre y cuando fuera bajo sus condiciones.
—okay chicos, si quieren vivir como personas normales debe costarles como a cualquier otra persona. Se acabó el dinero ilimitado de papá. Sky, debido a que, de los dos eres la que más ha salido en revistas de chismes, debes hacerte un cambio de imágen, así al menos les costará más trabajo reconocerte...—
Sentenciaba mi padre a Adrián y a mí.
Y así fue como cambié mi maraña de cabello castaño oscuro por algo mucho más corto, rubio y ondulado. Claro que Alexa tuvo mucho que ver con esta decisión.
Adrián sigue trabajando con su padre, ahora será como un trabajador más, pero con aún más responsabilidades. Tendrá sueldo fijo y muchísimo más trabajo, pues todo será a larga distancia.
—no me importa empezar desde cero— susurró mi castaño como para sí mismo y nos pusimos manos a la obra.
Lo primero que hicimos fue sacar esa asquerosa estufa a la basura. Y por si lo preguntan, sí, sí tenía varias ratas dentro. Casi muero del susto cuando salieron tres ratas a toda marcha del horno de la estufa.
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Una princesa imperfecta.
Teen FictionSky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
