86. Algo oxidada.

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Narra el rey Henrry:
—¡Esa niña va hacernos envejecer tan jóvenes!— exclama mi esposa.

—cariño, ella sólo quiere...—

—¡Oh, no!— me interrumpe señalándome con el dedo —no vas ayudarla en esto. Esta vez quiero que te pongas de mi parte— se cruza de brazos y me mira fulminante.

Atrapo el huesillo de mi nariz entre mis dedos y suspiro.

Sabía que esa chiquilla llena de lodo en un día lluvioso sería un gran dolor de muelas. De hecho lo supe desde que nació. Desde ese momento en que la cargué recién nacida mientras chillaba sin parar supe que sería especial.

Aún recuerdo cuando corría por la habitación en calzoncillos huyendo de la empleada que quería vestirla decentemente, siempre odio ese estereotipo de princesa femenina y perfecta.

—¿Acaso me estás ignorando?—

—no, no, lo siento cariño— vuelvo a la realidad —sólo vino a mi mente cuando era una chiquilla corriendo por toda la casa—

Se pintó una sonrisa burlona en su rostro y torció los ojos.

—siempre jugando con su abuelo Ben— niega sonriendo —sabes, culpo directamente a él sobre su comportamiento rebelde—

—por Dios, desde luego que es su culpa. Es exactamente igual a él; rebelde y soñador. Siempre veía las cosas desde su propia perspectiva—

Entonces ella toma asiento frente a mi escritorio y cubre su rostro con ambas manos. Desde esa noche en que ambos dijeron que querían irse han pasado sólo dos días y aún no logramos llegar a un acuerdo. Ni siquiera los padres de Adrián lo han logrado. Es por eso que mi reina y yo nos hemos dado la tarde para reunirnos y discutir con calma esto.

—es una locura— dice ella aún con el rostro cubierto.

—lo es, pero ella sólo quiere... vivir—

Ambos lo meditamos unos segundos hasta que vuelvo a hablar.

—ayer la escuché hablar por teléfono con Alexa por accidente. Ella dijo que quería estudiar literatura, tal vez dijo filosofía y letras, no lo sé pero creo que quiere ser escritora. No sólo es por Adrián que quiere irse, es por ella—

—no lo sé— se detiene a pensarlo un segundo —ella se irá un tiempo pero nosotros somos los que nos quedamos aquí, lidiando con los reporteros y toda esa gente—

Se muerde el labio ansiosa.

—¿Y no vale la pena con tal de ver a tu hija feliz? Sabemos cuánto ha sufrido—

...

Narra Sky:
Cierro mis ojos bajo los fuertes rayos del sol y dejo que la paz y tranquilidad se apoderen de mí.

Mierda, esto es tan relajante

—es relajante, ¿No crees, Adrián?— me levanto sólo un poco del flotador largo y busco a Adrián quién se supone que estaba afuera de la piscina tomando el sol en uno de los camastros.

—¿Adrián?— lo vuelvo a llamar. ¿Dónde rayos se me...?

Ay no... adiós tranquilidad

—¡allá voy!— grita el imbécil de mi novio antes de llegar de la nada corriendo y tirarse a la piscina.

Cae a mi lado provocando un caos, logrando descontrolar mi flotador, y así, hacerme caer al agua.

Al caer siento unos brazos rodearme el estómago y tirar de mí hacia arriba.

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora