64. ¡Todo ha terminado!.

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—voy en un minuto— mentí, iba a tardar más que eso.

Mis hermanos se adelantaron a entrar y yo me quedé en la entrada del castillo con Adrián.

Los días de vivir en el hospital quedaron atrás. Mi madre y padre ya fueron dados de alta, ellos están mejor de salud y yo no puedo estar más feliz. Justo hace unos momentos, Brad firmó unas hojas para que ellos pudieran salir del hospital.

—¿dónde te vas a quedar?— él aún no ha arreglado las cosas con sus padres.

—en un hotel o tal vez con Carter, aún no lo sé— se encoge de hombros.

Después de lo solidario que Adrián se ha portado con la familia no dudo que mi padre le dé permiso de quedarse a dormir en una habitación para huéspedes, pero el castaño se niega a decirle sobre el problema y me ha prohibido a mí que lo haga.

¡Es un testarudo de lo peor!

—Adrián… es en serio, mi padre no dudará en ofrecerte una habitación, además…— insistí, pero me interrumpió.

—ya hablamos de eso— fruncí en ceño —gracias por el ofrecimiento pequeña pero no quiero que mis padres la tomen contra los tuyos– explicó de nuevo.

¡Rayos, lo olvidaba! No recordaba que tengo varias cosas pendientes con los reyes Hemsworth, Bridgit, Ron y… bueno, en realidad tengo muchas cosas pendientes con todo mundo.

Mientras le daba vuelta a ese asunto pillé a Adrián mirándome sin perderse algún detalle de mí o mis gestos.

Le sonreí —bueno, pero… será mejor que te quedes con Carter. Los hoteles no siempre son seguros— dije.

Él accedió.

Adrián siempre es tan prudente, siempre sabe qué decir y en qué momento, esa cualidad es una de las miles que me gustan de él. Como por ejemplo ahora que manejó sus cartas para hacerme acceder a que se quedara en otra parte.

—bueno, supongo que te veré después…—

¿Por qué se siente tan extraño? Sé que es probable que lo vea mañana. Tal vez es porque desde que mis padres tuvieron el accidente ambos habíamos pasado la noche juntos y ahora despedirme se siente… raro.

—¿también te sientes extraña despidiéndote?— preguntó.

—sí— reí —tal vez sea estúpido, pero…— me calló con un perfecto beso en los labios. De esos que se te antoja volver a hablar para que te calle de la misma manera.

De esos besos que te hacen más difícil despedirte, de esos que sólo te los puede dar esa persona especial, de esos que siempre son arruinados por la persona menos esperada, en mi caso esa persona sería:

—¿tardarás mucho?— la caga Scott con un carraspeo de garganta.

Le doblo los ojos, pero tal parece que le importó una mierda porque no se movió de su lugar, seguía parado en el marco de las puertas principales.

—buenas noches, Adrián— me despido.

—buenas noches, pequeña— deja un beso en mis labios y empieza a caminar hacia su auto.

Espero a que suba a su coche para voltear hecha una furia con Scott. Él lo hizo sólo por joder, sé que aún se pone un poco celoso pero ¡que no joda! Yo no ando interrumpiendo cuando se folla a esas chicas fáciles con las que se acuesta.

Corro hacia él buscando venganza, pero la muy princesa corre a toda velocidad hacia su habitación.

—¡no puedes huir de mí, imbécil!— amenacé.

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora