56. Los pleitos atraen desgracias.

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Dicen por ahí que no debes actuar cuando estás molesto, que no debes actuar por impulso pero los seres humanos no controlamos eso, es decir, somos animales tratando se ser civilizados y está bien tratar, pero a veces no podemos controlar nuestros instintos y simplemente los dejamos fluir.

—tenemos que hablar— fue lo que ella dijo.

—no— me negué, estaba tratando de controlar mis impulsos.

—¿Disculpa?— .

—ya no quiero mamá. Ya no puedo pelear contigo tratando de hacerte entender algo que estoy segura ni siquiera tratas— debes alejarte de ella, si sigues así ya no podremos aguantar más.

Eran demasiadas oportunidades que ninguna de las dos supo aprovechar, yo creo que por un rato ya es suficiente.

lo lamento hija, pero no está a discusión— mierda —y hablo en serio— escuché su voz autoritaria y supe que era en serio. Puta vida.

No tuve de otra más que seguirla hasta su despacho. Entré y como siempre; me senté frente al escritorio. Dejé mi mochila por un lado mío.

Bien, aquí viene

—escucha, ayer salimos a cenar con los reyes de Scrainwood. Entre charla y charla se me pasó el tiempo, no me di cuenta qué hora era hasta que los reyes tuvieron que irse. Lamento no haber llegado antes para hablar contigo— explicó.

—que lo lamentes no arreglará nada mamá. ¿Sabes qué es lo que más me jode? Que siempre pongas a todos antes que a mí, no te importó dejarme esperando ¡Claro! Era más cómodo seguir embriagándote con tu amiga antes que hablar con tu hija—
Tomé el tabique de mi nariz con dos dedos.

No quiero hacer esto

Algo en mí decía que no dijera cosas de las que me pueda arrepentir, que meditara antes de hablar y juro que estoy tratando, pero…

—no me hables así, sabes bien que es mi trabajo— alzó un poco la voz.

—¡No es tu trabajo ignorar que existo! No es tu trabajo manipularme a tal grado de emparejarme con un imbécil como lo es Ron Beckham— bueno, supongo que tarde o temprano lo íbamos a discutirsiempre pones excusas cuando se trata de mí y cuando te me acercas es aún peor porque tratas de haceme una asquerosa copia de Bridgit. Estoy harta, no puedo ser como ella porque es una basura—

Sin darme cuenta estaba llorando a mares por la ira que comencé a sentir.

—¡No hablas así de Ron o de Bridgit! Ellos son…— la interrumpí y gracias al cielo que lo hice.

—¿Qué mamá? ¿Mejor que yo? ¡Dilo! Tal vez así te sientas mejor— me arranqué las lágrimas de mis ojos. Cerré los ojos y traté de calmarme, pero sólo venían imágenes dolorosas en las que ella era partícipe.

—sabes, ayer llegué a la casa muy entusiasmada porque Adrián me “hizo entender”— eso último lo dije entre comillas —que tal vez podría arreglar las cosas contigo, que tal vez nuestra relación se podía arreglar pero me equivoqué, no puedes arreglar algo que ni siquiera existe— me burlé con descaro —y a pesar de que me dijeron que estabas ocupada trabajando, no me importó y decidí esperarte. Cuando por fin apareciste lo hiciste cayéndote de ebria. Eso fue cruel… aún para ti—

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora