Narra Adrián:
Escuchar a Sky decir eso, me excitó tanto que ni siquiera podía responder coherente. Ella quería que la hiciera sentir querida, amada y me fascinaba que me lo dijera de esa forma; tan inocente y… al mismo tiempo tímida.
Me lancé a ella, la besé hasta que me deshice de sus pantalones, mordí su lóbulo y ella gimió, mi amigo se despertó con tan sólo oírla gemir. Sólo Sky puede ponerme así tan pronto.
Quería follarla ahora mismo, pero sé que ella se merece más, aunque ahora mismo me maldigo por pensar así. La deseo tanto, joder.
—nunca me dejes— se le escapó decir.
—no podría hacerlo aunque quisiera— dije antes de comenzar un caminito de besos desde su cuello hasta detrás de su oreja.
Me gustaba grabarme cada detalle de estos encuentros, aunque sólo llevemos dos, me gustaba grabarme sus zonas de cosquillas, excitación y placer, me gustaba conocer hasta el más mínimo detalle de ella.
Logré recostarla debajo de mí. La besaba lento y sin apuro, él tiempo no importaba en este momento. Ella está de maravilla debajo de mí mientras trata de controlar su respiración y de fingir que no está nerviosa; porque lo está, se siente en su piel. No entiendo porqué se pone nerviosa o insegura, ella es jodidamente perfecta y me gustaría que alguna vez lo comprendiera.
Me di la libertad de bajar mis manos hasta sus muslos y ella retuvo la respiración por un momento. Me excita que siempre reaccione ante mi tacto, así sea el más mínimo.
Bajé sus bragas y las dejé a la altura de sus tobillos. Levanté la mirada y vi su rostro completamente confundido. No sabía qué estaba por hacer.
—sólo relajate, te gustara— deposité un beso en sus labios antes de besarla allá abajo —te amo— dije por último.
Hundí mi lengua en su vagina y en cosa de nada podía sentir sus piernas a mis costados temblar. Escucharla pronunciar mi nombre mientras hago círculos en su sexo me incita a hacer algo más que eso, pero debo calmarme, aún no es momento. Formaba trazos delicados con la lengua mientras se retorcía excitada y gemía.
—¿te gusta?— me permití preguntarle a sabiendas de que le fascinaba.
Me miró con los ojos bien abiertos como diciendo: ¿estás de broma?.
—no pares— se limitó a decir.
Sonreí triunfante y volví a lo mío. Después de un corto plazo, Sky llegó al orgasmo y yo no podía describir lo bien que se siente verla después de eso; con el cabello despeinado que le daba un aire sexy, transpirando por el momento, los labios rojos e hinchados de tantos besos, y los ojos llenos de encanto. Simplemente perfecta.
—¿por qué me ves así?— preguntó extrañada mientras trataba de asimilar lo de recién.
—porque te ves muy sexy después de un orgasmo— contesté con simpleza.
Me levanté y fui por una toalla al baño, se la di para que se limpiara y poder dormir un poco pues mañana será un día muy pesado.
Terminó de limpiarse y y se recostó a mi lado sin decir una sola palabra; apuesto a que está avergonzada por lo de recién y más aún porque ella me lo pidió.
—¿todo bien?—
—si, todo bien— fingió.
El gesto de morderse el labio la delató.
—me excitó demasiado que me lo pidieras— confesé cerca de su oído.
—sólo a ti te excitan esas cosas— vi cómo rodó los ojos —…pero por eso te amo, porque sólo a ti te gustan mis estupideces—
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Una princesa imperfecta.
Novela JuvenilSky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
