50. Rompiendo Burbujas.

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Narra Adrián:

—¡mamá, papá!— corrió la rubia a los brazos de nuestros padres.

Nina tenía tiempo sin ver a mis padres, me imagino que estar en esa escuela de ballet, con pura niña y alejada de su familia no fue fácil y mucho menos para su edad, pero sé que ella pudo con eso, esa niña es un huesito duro de roer.

—hola cariño— me abraza mi madre mientras nos encaminamos a la sala de estar.

—¿y bien? Cuentame cómo te fue en tu presentación, mi niña— preguntó mi madre una vez estuvimos todos sentados.

Y mi hermana se puso a contarles toda su preparación para ese día; lo duros y largos que eran sus ensayos, cómo se comportaban sus malcriadas compañeras, la buena amistad que logró con una niña de ahí y la maestra y muchas cosas más.

Antes de que ellos llegaran estaba pensando y platicando con Nina sobre cómo decirles lo de Sky, no creo que les caiga en gracia pero sea como sea tendrán que respetar mis decisiones. Es tiempo de que me dejen controlar mi vida. Además, tendré que decirles que terminé con Bridgit y que me llevé a Sky conmigo a París.

—¿y… cómo estuviste en la presentación?— preguntó mi padre animando a Nina a seguir con su relato.

—¡increíble! La maestra me felicitó frente a la demás— se le iluminó el rostro —creí que habían olvidado la fecha, pero cuando vi a Adrián, todo cambió— me regaló un abrazo rápido.

Nina era una niña adorable y al mismo tiempo es de armas tomar, sin embargo, sé que todo esto de ser parte de la familia real es duro para ella, pero sé que sabrá sobre llevarlo.

—…me sorprendí mucho al ver este tonto en la primera fila— siguió hablando —…y Sky me cayó muy bien, ya hasta somos amigas— cuando se dio cuenta de lo que había ducho sin querer, se tapó la boca con ambas manos y me miró horrorizada.

—lo siento, no quise…— trató de remediar todo, pero la realidad aquí era que debía decir la verdad sí o sí.

—no te preocupes Nina, igual planeaba decirles— le regalé una sonrisa para tranquilizarla.

Volteé a ver a mis padres y bueno, sus reacciones no son tan distintas a como lo imaginé; confundidos y molestos.
Mi madre mandó a Nina a su habitación porque los tres hablaríamos “cosas de grandes”. La rubia subió a regañadientes a su pieza.

—explicalo— exigió mi padre con un semblante que no pinta nada bueno. Se levantó del sofá demandando autoridad.

Y les conté que me había llevado a Sky a París, que fuimos a Disneyland, que Nina la ama y que ese día fue uno de los mejores días que he tenido en años.

—…y tal vez esto no les agrade mucho pero de igual forma se los diré: ella me gusta y mucho, no es algo arreglado y “perfecto” cómo con Bridgit, es aún mejor; es real. No me importa si nuestras familias se odian, yo quiero intentarlo con ella—.

Ambos se quedaron sorprendidos porque nunca había hablado así, a decir verdad, nunca lo había hecho por que con Brid todo era un maldito acuerdo entre familias, en realidad nunca hablé así de ella porque nunca lo sentí.

Mi padre se desplomó de nuevo sobre el sofá y atrapó el puente de su nariz entre su pulgar e índice tratando de encontrar tranquilidad, mi madre estaba igual de molesta.

—¿y Bridgit?— se atrevió a decir mi madre —hace un par de días me habló al celular berreando porque habías terminado con ella—

—antes, a mí no me importaba que me emparejaran con una chica loca, prepotente y egoísta porque antes creía que esas cosas del amor no eran para mí, que tal vez era mi destino tener que soportar a Bridgit, pero ahora que conocí a Sky me di cuenta de que no puedo estar con alguien que quiero gritarle en su cara que su manera de amar da asco— no puedo creer que por fin se los haya dichoy no es con ella con quien quiero estar—.

Una princesa imperfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora