Sky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
Mientras subía las escaleras escuché las patitas de Baquetas correr por el piso pulido y llegar hasta mí. La tomé entre mis brazos y la llevé conmigo a mi habitación. Extraño mi cueva, solo han pasado dos semanas pero se sienten como meses, extraño dormir en mi cama.
—tan cómoda y espaciosa— me dejé caer en ella —…pero no puedo abandonar a mis padres, no después de que en parte (sino es que toda) están ahí por mi culpa— solté un suspiro cansado y me levanté. No vine a descansar.
Busqué unos vaqueros altos, una blusa color negra, un suéter abierto y holgado y unas botas negras rudas.
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*Imaginen que las botas no tienen tacón*
Dejé el cambio de ropa en la cama y me metí a bañar. Adrián quedó en pasar por mí en cuanto termine de darse un baño. Ni siquiera tardé demasiado en la ducha para no torturarme pensando en mis padres, ya tuve suficiente de eso. Salí de la ducha y me vestí. Cuando me desenredaba el cabello recordé cuando Alexa me enseñó a hacer trenzas de niñas, me miraba orgullosa como si fuera una importante estilista. Entonces traté de hacerla, no eran tan difíciles pero con el cabello tan terco como el mío sí que lo era, al final me había gustado el resultado de mi trenza de espiga improvisada.
Mientras me cambiaba no pude evitar mirarme en el espejo. SantoDios. Fue lo primero que dije al verme. Me veía… ¿Enferma? O tal vez cansada, sea como sea no lo quería, no me quería ver así.
—me veo horrible ¿Verdad?— le dije a Baquetas quien sólo me miraba e inclinaba su cabeza a la derecha.
Debajo de mis ojos habían unas horribles bolsas llenas de desvelos, estoy segura de que bajé varios kilos por la preocupación y la ansiedad y mi piel estaba pálida. ¡Quéespanto!. De pronto se fueron mis ganas de salir a comer, ya no quería salir de mi habitación, no quería que nadie me viera así. Me senté en la cama y me abracé a mí misma. No saldré así con Adrián, que vergüenza.
—no creo que Adrián quiera salir conmigo así como me veo— Baquetas me ladró y subió la cama conmigo —sí, tienes razón. Soy un desastre—
Y es que si ustedes me vieran, por Dios, parezco drogadicta en rehabilitación y por lo menos ellos tienen justificación de verse así. Me miro en el espejo de cuerpo completo que tengo en mi habitación y cada vez me asusto más de cómo cambié en tan pocos días, exactamente lo mismo que me pasó con el abuelo Ben. Saqué el aire de mis pulmones. Todo esto me recuerda a él, es más, estoy segura de que si él me viera ahora mismo diría algo cómo:
—¡Santo cielo, niña! ¿Quién te crees para decirte esas cosas?— entornaría los ojos con molestia —te golpearé si vuelves a decir algo así— y me daría un golpe en la cabeza con su palma.
Sonreí al imaginarlo molesto por hablarme con tanto desprecio, él siempre sabía hacerme sonreír aún en mis peores momentos. ComoAdrián. Sí, exacto. De hecho hay algo en su forma de tratarme que me recuerda al abuelo Ben. ¡Duh! Ambos teaman, eseso. Bueno sí pero hay algo más, con el abuelo siempre me sentía segura, protegida y es exactamente lo que me pasa ahora con Adrián.