Las personas en la fiesta se fueron en cuanto escucharon los disparos, todos se fueron excepto los reporteros, ellos me esperaban como los zopilotes esperan pacientemente a que los animales mueran. Así me sentía yo, como carroña después de lo que recién me había sucedido.
Adrián y algunos guardias lograron pasarme sin que alguno me interceptara. Cuando llegué a mi habitación sentía una bola en el pecho. Como si estuviera ocupando todo el espacio en mi pecho y no me dejara respirar.
Entramos y Adrián dejó la puerta entre abierta. Aún estaba asustada, así que mi instinto me decía que la cerrara con seguro.
—¿quieres que la cierre?— me cuestiona después de ver cómo miro la puerta con horror.
Cuando la cierra regresa a mi lado. Yo estaba en medio de mi habitación, parada, aún aturdida y con las manos temblorosas, desde que me encaminé al interior del castillo me di cuanta que las manos no me podían dejar de temblar.
—Sky…— interrumpe el silencio —si no quieres hablar ahora sobre lo que pasó no importa, lo entenderé— dijo comprensivo.
Sólo bastó oír su voz preocupada y comprensiva a la vez para hacer que la bola de sentimientos que traía atorado en el pecho saliera. Abracé su torso y me tendí a llorar. Él rodeó mi cuerpo, lo cubrió con el suyo y comenzó a frotar mi espalda con delicadeza. Su respiración también estaba agitada como la mía.
—fue horrible, Adrián— por fin logré decir entre llanto y llanto.
Narra Adrián:
Me sentía terrible. Quería ser fuerte para ella porque era lo que necesitaba, necesita a alguien fuerte para que la sostenga cuando haya caído, pero no podía. No podía pretender que no me había dolido hasta el alma verla tan vulnerable siendo golpeada por Ron.
—fue horrible, Adrián— cuando dijo eso sentí un nudo en la garganta.
Cuando la estaba buscando con los chicos, rogaba a Dios porque estuviera bien, rogaba para que nada le hubiera pasado, pero cuando la encontré… el alma se me cayó a los pies.
—perdóname— no pude más y también quebré en llanto —es mi culpa, debí ponerle un alto a Bridgit desde hace mucho, es mi culpa que la haya tomado contra ti— dejé salir todo lo que tenía guardado.
Sky se aparta solo un poco de mí para verme a los ojos. Me acaricia el rostro.
—no es tu culpa— dijo —no es tu culpa que ella se haya vuelto loca, eso no es culpa de nadie—
Ella aún está en shock, tiene las pupilas dilatadas y eso prueba que sigue asustada.
Deshace el abrazo y se sienta en la orilla de su cama, apoya los codos en sus rodillas y se pasa las manos por el rostro, está estresada.
—tienes que tratar de relajarte— aconsejé.
Ella se cubrió los ojos y volvió a romper en llanto. Esto me partía el corazón, verla sufrir es aún peor que cuando soy yo el que sufre, preferiría mil veces estar en su lugar con tal de que ella no hubiera pasado por esto.
La castaña trató de secarse las lágrimas con los dedos de las manos, pero sus manos no dejan de temblar y eso hace que se estrés más.
—¡no puedo, joder! ¡No puedo!— grita más para ella que para mí —no sé qué mierda me pasa en las manos, no logro que dejen de temblar y sigo sintiendo miedo, aún cuando sé que ya los atraparon—
Entre más la veo, más pienso en que necesita ayuda. Sé que no está desquiciada como Bridgit, pero todo lo que le sucedió no debe ser fácil de sobre llevar y creo que le será más ligera la carga si la comparte con alguien que se dedica a eso; a aligerar la carga de los demás.
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Una princesa imperfecta.
Teen FictionSky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
