Narra Adrián:
—debería irme de aquí— oí como se lamentaba.
Mientras bailaba, observé las facciones que tenía al bailar con Ron. Él se le acercaba demasiado y ella sólo apretaba los párpados. Sky definitivamente no quería estar con él.
—podrías... pero me prometiste algo— por la mañana, logré que Sky me prometiera bailar conmigo en la fiesta, pero comencé a arrepentirme cuando su madre parecía lanzarme dagas con los ojos cada que buscaba a la castaña con mi mirada y lo último que quiero es causarle problemas.
Ella no dijo nada acerca de la promesa, solo vi por detrás cómo trataba de ocultar su rostro. Si Sky fuera cualquier otra chica ya estuviera llorando, pero no lo es, por alguna extraña razón; a ella no le gusta llorar, no se lo permite. No le gusta verse débil.
—¿qué haces aquí afuera? Está helando— y no mentía, casi puedo ver los pingüinos cruzar la calle. Apoyé mi peso sobre la fría baranda metálica, justo a un lado de ella.
La castaña dio un suspiro cansada.
—yo solo quería alejarme de todos ellos un momento— su voz sonó temblorosa y cansada.
Debe estar cansada de todas esas miradas recelosas de las princesas, de oír esas pláticas superficiales entre reyes y todas esas cosas que ella detesta. Aveces la veo tan cansada de este mundo que e llegado a pensar que también se está cansando de mí.
—¿Ron te hizo algo? Porque si lo hizo, te juro que ahora mismo voy y…— ella se gira de golpe con el ceño alzado y me interrumpe.
—no sólo es Ron, también es mi madre, Bridgit, ¡son todos!— por fin giró su cuerpo completamente para quedar frente a frente.
Yo no sabía qué decir exactamente, ¿cómo le dices a alguien que mande todo a la mierda para así divertirse un rato conmigo?. No encontraba las palabras exactas para hacerla entender que no debía preocuparse por lo que los demás pensaran de ella, que lo que importa es lo que ella piense de sí misma.
—yo… yo quiero regresar ahí, ¡pero no puedo! Quisiera ser fuerte, pararme ahí y no hacer caso de todo, pero no puedo…— ella quería explotar, pero se retenía porque allá adentro hay personas que quieren perjudicarla con cualquier cosa que encuentren —no puedo hacer todo esto sola, no soy tan fuerte como mi abuelo creía— cubrió su rostro con ambas manos.
Lo curioso de todo esto era que, a pesar de lo que ella creé, sí lo es. Ella es más fuerte que yo y que cualquier otra persona, aunque ahora Sky se vea tan vulnerable.
—no estás sola pequeña, yo estoy aquí— me acerqué y la envolví entre mis brazos —y yo sí creo que eres fuerte—.
Poco a poco fue desdoblando sus brazos y rodeando mi cuerpo con sus delgados brazos. Su pecho subía y bajaba con brusquedad, podía sentirlo. Después de unos segundos sentí cómo se tranquilizaba y subía su mirada a la mía.
La luz de la luna parecía tener un pacto con su piel, que consistía en embellecerla más cuando estuviera expuesta a ella, la luz de la noche realzaba el azul de sus grandes ojos y ¡joder! Sus labios, sus labios rosados parecían algo tan apetecible que debería ser delito tenerlos al aire libre.
—te ves hermosa— confesé aún en nuestro abrazo.
Un vestido rosa pálido esponjado, que se adhiere jodidamente perfecto a las partes de su cuerpo que debería adherirse, con un escote sutil en la parte de enfrente, un peinado simple pero elegante, una sombras para ojos que apenas y se notan detrás del hipnotizante azúl de sus ojos, un color de labios rosa chicle y ese perfume que su piel ya trae como marca propia, no opacan ni un poco lo hermosa que es.
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Una princesa imperfecta.
Fiksi RemajaSky, una chica de 16 años, sin una pizca de delicadeza o feminidad y para colmo de males: es una princesa. Sus padres desean con todo el alma la felicidad y el bienestar de su hija, aunque crean que la felicidad es igual a vestidos incómodos, tacone...
