Reyes y mandatos

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-¡Diablos, claro que no pueden obligarme a ir! -le reclamé a Evie

-Por favor, escuchame... ¡Si pueden! Es el rey y tenemos que obedecerle -explicó ella-. Específicamente nos quiere a los cuatro en primera fila y vestidos de gala. Él ordena.

-¡¿Y desde cuando seguimos órdenes?!, ¡Por supuesto que no me acercaré a esos bailes, ni al rey Ben, ni a Mal o Jay. Me niego a que me exhiban como prueba de que la magia no es mala.

-Carlos, no somos pruebas, somos invitados especiales...

-Evie, eres la única que me conoce bien, la única en quien confío, sabes que no puedo siquiera mencionar su nombre sin que se me quiebre la voz -No dramatizaba, aún no lo superaba casi nada. Todo era mejor ignorarlo y esperar que con el tiempo desapareciera.

-Vamos, no será tan malo. Creí que comenzabas a superarlo...

-No, no lo he hecho... Lo intenté -dije melancólico-. Lo intenté pero no pude. Todo con Ben fue tan... Mágico, único, tan espontáneo... En cambio con Sheld fue algo difícil de explicar.

La chica de cabello azul se acercó a mí y me abrazó por la espalda. Había algo que hacía que quisiera contarle todo lo que me pasaba, no para que lo solucionara, sólo para liberarme de ello.

-Oh Carlos, trabajaremos en ello -me consoló-. Pero igual tendrás que ir a la fiesta.

Seguí discutiendo con ella durante un buen rato. No llegamos a nada. Ella quería convencerme de ir al baile fuese como fuese, utilizaba excusas y palabrería para hacerme sentir culpable si faltaba; después trató de chantajearme, convencerme, rogarme ... Hizo de todo.

Tenía claro que no había nada que deseara menos que asistir a cualquier lugar donde el rey estuviera... Y mucho menos si se trataba de ser parte del centro de atención.

Después de horas de alegatos y súplicas en los días siguientes, terminé por aceptar ir al baile sólo con una condición: que Evie no se apartaría de mi lado en toda la noche. Sé claramente lo egoísta que sonó pero ella era mi única amiga en toda la academia, y mi único soporte si me derrumbara ante el rey.

Ya no había vuelta atrás, había aceptado y Evie nunca me dejaría retractarme.

Intenté pensar lo menos en el baile. Centraba mis pensamientos en cualquier otra cosa pero ni las ilusiones de Sheld o las dudas sobre él me apartaban del baile.

A cada instante me descubría pensando en ello. Imaginaba cómo pudieran ser las cosas, cómo resultaría todo eso, que pensaba el rey de mi, por qué me obligaba a acercarme. Evie lo había dejado muy en claro, era un mandato directo del rey el que se aseguraran de que nosotros cuatro, los descendientes de villanos, estuviéramos presentes en la celebración. Sin reclamos. Sin excusas. Sin opción...

-Nada me ayuda a sacarme de la cabeza ese estúpido baile real -me quejé con mi amiga de cabello azul al día siguiente mientras me ayudaba (más bien obligaba) a estudiar para los exámenes que se acercaban.

-Solo olvidalo y lee -ordenó sin encontrarle gracia a mi dilema.

-Esto es serio, Evie. No pude dormir en toda la noche. No puedo pensar, no puedo concentrarme ni estudiar; todo es inutil.

-¿En serio? A mi me suena como una excusa para no estudiar. Recuerda que si quieres seguir en esta escuela debes al menos mostrar un mínimo interés -dijo sin apartar la vista de su libro-. No querrás acabar como los renegados; pobres, quien sabe como sobrevivan en medio del bosque sin nada de apoyo -lamentó.

-¿A quien le importan los olvidados? -refuté.

-Renegados -corrigió ella.

-Renegados, si ¿A quien le interesa ellos? Tengo un problema serio, Ev -Me acerqué a ella y le susurré:- No puedo dejar de pensar en él.

Me sentía más estúpido cada vez que decía algo así ¿Cómo podía no olvidar a una persona? ¿Como podía no sacarla de mi cabeza? Era fácil, sólo no pienses en él, era lo que me repetía siempre pero que nunca obedecía ¿Y como no pensar en él? Cada momento me hubiese gustado más si él estuviera ahí. Era como si el virus del rey se hubiese metido en mi cabeza.

...

Llegaba el martes, el día de la cita soñada con Sheld, y yo aún luchaba conmigo mismo para olvidar a ese tonto rey pero era imposible. Había hecho de todo, videojuegos, música, intentar estudiar, incluso traté de prestar atención a todos los sinsentidos que Evie recitaba con una sola respiración sin resultado alguno.

Sólo me preocupaba hacer algo que lo arruinará todo con Sheld...

Pasaron las horas con las ansias carcomiendome por dentro. Ya oscurecía y Sheld aún no había llegado, me preocupaba que se hubiese olvidado de mí o que se arrepintiera. No había notado lo paranoico que estaba esos últimos días.

Estaba esperándolo frente a la ventana de mi habitación ya listo para salir corriendo y dejar ahí todos los pensamientos del rey.

Jay estaba dormido ya, los entrenamientos lo dejaban exhausto. Por una parte el verlo de nuevo me relajaba un poco. El saber que me había "perdonado" me libraba un peso de encima. Aún no lograba comprender que fue lo que le molestó tanto de saber que salía con un chico, no era extraño ¿o si?.

Escuché un ruido afuera entre los matorrales bajo la ventana y todos mis pensamientos sobre Jay se fueron.

Miraba atento en espera de mi príncipe...

-¿Estabas esperándome? -preguntó en un susurro coqueto en el oído apareciendo detrás de mí.

Sin pensarlo me volteé y lo abracé tan fuerte como pude. Debía admitir que había esperado mucho para volverlo a hacer.

-Te extrañé -le dije.

-Vaya, si sólo han sido tres días desde la última vez que nos vimos.

-Pero han sido tres días sin ti -agregué sonando completamente meloso. El sonrió y correspondió el abrazo que se extendió por varios minutos.

-¿Listo para nuestra cita?

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Hola de nuevo mis queridos lectores.

Aquí un capítulo más, corto pero espero que les guste.

No olviden dejar su voto, su comentario o lo que quieran opinar.

Hasta el próximo capitulo,

D.

Pieles y coronasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora