Encrucijada

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Cuando tenía cinco años, mi madre me dejó salir, junto con los otros niños de la calle, a explorar la isla.

Recuerdo que cuando los demás estaban ya corriendo libres por las calles, mi madre me daba un eterno sermón sobre los innumerables peligros de ahí afuera.

_Cuidado con caerte, no trepes nada, no te apartes del grupo, vuelve antes de que oscurezca, no toques nada de nadie, no te pelees, no grites, no corras, no saltes… pero sobre todo, no te acerques al risco de los lamentos_

Muchas provisiones, demasiadas como para no olvidar las. Por eso le di poca importancia e hice justamente lo que me placiera.

Después de esa salida, fue otra, luego otra y después una más.

Una vez llegué a casa con un hombro ensangrentado. Me había caído jugando carreras en las colinas espinosas y la piel en mi antebrazo izquierdo se arrancó con una espinera. Mi madre casi se desmaya cuando vió el pañuelo ensangrentado con el que cubría la herida.

Unos cuantos días después la herida cerro por completo y al día de hoy la cicatriz remanente era casi invisible.

Como sea, mi madre dijo que estaba completamente loco si creía que volvería a pisar fuera de la casa de nuevo. Intentó encerrarme de por vida pero siempre logró a escaparme, hasta que un día se cansó de intentarlo y solo dejó que me fuera y explorará toda la inmensidad de la isla.

Gracias a ello aprendí mucho de los villanos y sus vidas monotonas y sin chiste. Me enseñé a escalar y a escapar de la gente peligrosa.

Mi madre fue muy sobreprotectora siempre, era algo a lo que me había acostumbrado, sin embargo yo también era un rebelde, lo De Vil corría en mis venas. A pesar de que siempre le causaba disgustos por querer hacer lo que quisiera, eso no significaba que mi madre no me importara.

Siempre me pregunté sobre sus secretos, su pasado, sus grandes hazañas como la mayor villana de la moda…

Pero ella nunca me contó nada. Todo era “un tormento que es mejor olvidar”.

Por ello me resultaba intrigante que sobre la segunda balsa, meciendose entre las agitadas olas, estaba mi madre haciendo proezas de marinero.

Del otro lado estaba Sheld en su propia balsa. Ninguno parecía tener un buen rato e, igualmente, yo ya sentía un dolor punzante en mis piernas por tanto ajetreo marino.

No resistiría mucho tiempo nadando en medio del océano, menos con mi condición física.

Una sombra llamó mi atención.

Voltee hacia el fondo del mar. Las olas habían incrementado sus movimientos y bajo de mi sentía una corriente helada que me entumesía el cuerpo. Había sirenas bajo de mi.

Las criaturas hicieron una especie de remolino en las profundidades y después se esparcieron por todos lados. Eran cientos.

Unas cuantas fueron hacia donde yo estaba y me rodearon formando un círculo de depredación.

¿Acaso me comerían ya?

Una de ellas se acercó directamente a mi. Soltó un gruñido y enseñó su perfectamente afilado colmillar. Su aroma era desagradable pero hipnótico, su piel brillaba de un color violeta grasoso, sus ojos eran orbes negros de infinito dolor, juraba que podía ver en ellos las miles de almas atrapadas de los que habían sido sus cenas.

—Carlos —susurró con voz siseada—. Carlos —repitió—. Tienes que elegir a uno solo. Tú eliges y podrás tener lo que más deseas… Saber la verdad.

—¿La verdad? —repetí sin comprender.

—Toda la verdad, todo lo que siempre quisiste saber… pero solo de uno. Tienes que decidir, Carlos.

La sirena me tomó de los hombros y me giró hacia donde estaba la balsa de Sheld; el chico estaba teniendo problemas, las sirenas lo rodeaban y destruían su balsa, él las atacaba de vuelta pero eran demasiadas como para lograrlo.

Me giró hacia el lado contrario, la balsa de mi madre; las sirenas también atacaban su bote pero ella usaba una gran vara para deshacerse de la plaga marina. Ninguno duraría lo suficiente. Debía salvarlos, a ambos, debía salvar a los dos...

La sirena giró mi cuerpo en una tercer dirección. Solo se veían las siluetas de las olas en contraste con el cielo del ocaso, nada más.

¿Que quería que viera?

—Solo puedes salvar a uno y ese te lo contará todo —susurró nuevamente la sirena— Elige uno de los tres…

¿Tres? Enfoque lo más que pude mi vista en la tercera dirección. ¿Quién era el último invitado sorpresa?

A lo lejos, muy lejos, se veía una pequeña mancha negra. Rápidamente la mancha oscura se fue acercando hasta estar a la misma distancia que las otras dos balsas.

Sobre ella una mujer. Su rostro me resultaba familiar, la había visto antes…

…no podía ser ella, no, eso sería imposible.

Solo una.

¿Cómo podría elegir solo una?

Todos son importantes para mi, no podría decidirme por solo una.

Piensa Carlos, piensa.

Las sirenas comenzaron a rondar a mí alrededor, asechandome, esperando a que tome mi decisión…

Pero no quiero elegir,no quiero pensar que alguno es más importante que el otro. Ninguno lo es. Todos son una parte de mi,una parte que quiero sanar y no puedo perder las otras dos a cambio de solo una.

Voleteé a ver a Sheld. Parecía que lo pasaba mal sobre aquella balsa casi destruida. Me dió ternura, pensar que la persona que me ama por quién soy estaba sufriendo por mí y que lo seguiría haciendo a menos que actuara pronto. Después de todo, había venido por él ¿O no? Era lo más sensato que fuera tras de él.

Aunque por otro lado estaba mi madre quién llevaba peor el asunto de seguir a flote. Ella me amaba incondicionalmente. Es mi madre ¿Quién podría hacerle eso a su propia madre? No podía dejarla a su suerte sin que algo en mi conciencia se removiera estrepitosamente. Sheld podía defenderse, lo tenía claro, en cambio mi madre no era buena con la pelea, no desde hace unos cuantos años.

Debía ayudarla.

Sin embargo, algo dentro de mi quería ir por la mujer misteriosa. Atraparla, interrogar la y resolver todas mis dudas, todos mis miedos e incertidumbres sobre quién era esta mujer que tanto se me aparecía. Era la primera vez que la tenía tan cerca, tangible, su cuerpo estaba a no más de cien metros de mar. Tan cerca y tan lejos.

—Solo uno ,—repitió la sirena a mis espaldas—. Solo uno.

¿Quién? ¿Quién?

Pieles y coronasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora