1 - Persecución

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[Editado]


El príncipe se había comportado muy amable conmigo desde el primer momento en que lo vi, algo extraño pues no estaba acostumbrado a ese tipo de tratos. Se ofreció a ayudarme para encontrar un deporte en el que fuera bueno, algo muy difícil de lograr. Soy pésimo en todos los deportes, no porque tenga una condición física mala, sino porque no me gusta seguir las reglas. Pero el programa lo demandaba así que no tenía otra opción más que unirme a algún equipo o regresar a la isla (y no quería eso para nada).

El tenis no resultó nada bien, todavía me dolía el ojo. El deporte ese extraño fue peor aún, no soy bueno en los deportes de contacto y empezaba a creer que no era bueno en ninguno.

Algunos chicos comenzaron a decir que yo era un debilucho sin gracia. Idiotas. Si escalar edificios fuera un deporte les cerraría la boca de inmediato, lástima que no lo fuera.

Ben me llevó a audicionar para todos los deportes disponibles en la academia.

Solo quedaba uno que me podría salvar de quedar como un débil ante todos en la escuela: el atletismo.

Tomé mi lugar en el inicio de la pista y me preparé para correr. Si no lograba calificar a éste, tendría que pedir un permiso de exentacion a la directora y sería una deshonra para mis antepasados. Podía hacerlo, sé que si.

-¡Ahora! -gritó Ben indicándome la salida.

Corrí lo más rápido que pude, sin detenerme movía las piernas como el príncipe me había dicho antes de comenzar. En sincronía y flexionando.

Estaba cerca de la linea de meta cuando un horrible sonido me distrajo. Un ladrido se escuchó y se me erizó la piel.

Había investigado un poco por consejo de villanos "Siempre conoce a tu enemigo" y eso fue lo primero que hice después de aprender a usar una laptop -lo que resultó mas sencillo de lo que pensé-.

Memoricé como sonaban casi todas las razas de perros, desde las más peligrosas hasta las más exóticas. Esas criaturas del infierno no me tomarían desprevenido.

Sabía que había un perro cerca así que no me detuve ni un segundo, corrí sin más.

Los arbustos a un lado de la pista de atletismo se sacudieron y de ellos salió la criatura maligna con sus garras arrasando la tierra. Tenía los colmillos afilados, la mirada penetrante y toda la intención de comerme, lo sabía.

Mi corazón se aceleró cuando volteé la vista sin detener mi huida y lo vi, estaba atrás de mi y casi me alcanzaba.

Lo único que me podía salvar ahora era un milagro o algún hechizo... o un árbol.

Los perros no saben trepar arboles, sería una gran forma de escapar de la bestia, escalando y escapando.

Corrí lo mas rápido que pude hacia el bosque que, afortunadamente estaba muy cerca de la zona deportiva de la escuela. Los arboles comenzaban a pasar por mi lado cada vez en mayor cantidad.

Procuré dejar una distancia segura antes de trepar, lo ultimo que deseaba era que me atrapara en medio de mi "brillante" plan de escape.

Me aferré a la madera como si mi vida dependiera de ello ya que así era. Escalé los mas rápido que pude y reposé sobre una ramificación del árbol.

Abajo pude notar como unos segundos después el perro se acercaba al tronco y me ladraba mientras intentaba tumbar el árbol con sus afiladas garras. Rogué porque el árbol resistiera el ataque.

Para mi sorpresa, el príncipe Ben nos había seguido. Llegó corriendo y se acercó a la bestia con demasiada calma, si que era valiente para enfrentarse a una criatura así sin espadas o armadura. Con razón era el futuro rey.

-¡Aléjate! Es peligroso que estés tan cerca de él -le advertí.

-¿Hablas del perro? -Creo que imaginaba pero parecía reírse de mi.

-Mi madre dice que no te debes confiar en su aspecto, son como las sirenas: hermosas y extremadamente peligrosas ¿Por qué permiten que anden libres por el lugar?

-Porque son inofensivos -Ben se acercó al perro y le revolvió el pelo de la cabeza, la bestia dejó de ladrar y comenzó a lamerle la cara al príncipe. De repente se había convertido en una criatura pacífica e inofensiva como dijo Ben.

-¿A qué te refieres? -Seguía desconfiando de los perros, pero la forma en que actuaba con Ben era muy diferente de lo que pensé que harían si los tocaban-. Ese animal quedaría mejor en un abrigo que paseando por ahí.

-¿Estas bromeando? Solo míralo -Levantó al perro tomándolo por debajo de las patas delanteras para poder acercarlo a mi-. Es adorable.

-Es temible.

El príncipe se rió francamente y dejó a la criatura en el suelo el cual comenzó a perseguir su cola.

-No sé que te haya dicho tu madre sobre los perros, pero creo que no es del todo cierto. Deberías conocerlos antes de juzgarlos. Ellos solo quieren jugar.

Lo que decía Ben parecía coherente. Viendola bien la criatura no lucía tan aterradora como me lo imaginaba. Incluso actuaba un poco tonto.

-Vamos, baja de ahí -Ben estiró una mano para ayudarme a descender del árbol. Obedecí tratando de no quedar mas en ridículo frente a él.

¿Cómo era posible que yo ni siquiera pueda mirar a un perro y él hasta lo controla?

Ya en el suelo me dispuse a caminar pero detrás de él estaba el perro que me miraba con sus ojos negros como el alma de maléfica y me gruñía poniendo mis nervios de punta.

-¡Chico, compórtate ante nuestros invitados! -le ordenó al perro que no dejaba de mirarme siniestramente.

-Creo que no le agrado. Será mejor volver al árbol ¿no crees?

-Trabajaremos en tu relación con los animales -dijo ignorando por completo mis señales de miedo.

-Pero ¿estás loco? No me acercaré a un perro en toda mi vida, solo debo...evitarlos.

Si no eran una amenaza quizás pudieramos convivir en un mismo espacio pero de ninguna manera me acercaría a uno de esos demonios peludos.

-Todo el reino está lleno de perros y si planeas quedarte tendrás que aprender a convivir y llevarte bien con todos, eso incluye a los perros -alegó el príncipe.

Sentía ganas de decirle que no nos quedaríamos por mucho tiempo pero eso arruinaría por completo nuestro plan. Si quería tener mi propia historia lejos de la sobre protectora de mi madre y lejos de la isla, tendría que tratar a los perros, no tenía salida.

¿Por qué es tan difícil decirle no a un príncipe?

El príncipe miró la hora en su reloj de muñeca, nos habíamos tardado mucho buscando algún deporte en el que encajara.

-Te veré después de clases para tu primera lección -se despidió.

-¿Donde? -pregunté sumiso a las ordenes de el futuro rey.

-Aquí mismo. El bosque es el mejor amigo de los perros y los perros el mejor amigo del hombre -Se dio la vuelta para irse pero me regresó una rápida mirada para decirme una ultima cosa- Y pronto también serán tus mejores amigos, déjalo en mis manos. Nos vemos luego.

Me guiñó un ojo y salió corriendo seguido por su mascota-bestia.

No sabía qué era, pero había algo en Ben que me inspiraba demasiada confianza.

Aun así, algo me decía que no acabaría nada bien.

Pieles y coronasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora