69. Disculpas.

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-¿Has visto a Karen? -pregunta de pronto como si le hubiera venido en ese instante a la cabeza.

-Sí -contesto, extrañada.

-Parece una bola de algodón de azúcar.

Me echo a reir, interrumpiendo la lenta melodía.

-No ha sido una buena elección -le apoyo con su comentario. Lleva un vestido de color rosa chicle con una falda corta y abultada.

-El año que viene tendrá la oportunidad de probar otra vez. Quizá lo mejore.

Sonrío, acercándome un poco más a su cuerpo.

-Qué malo eres.

Me gusta que las "critique" conmigo y que me haga reír con sus ocurrencias sobre ellas.

-Soy realista.

Puede que sea cierto... Puede que Karen se quede aquí repitiendo curso y de ese modo se gradúe de nuevo el año que viene. El caso es que no lo sé, y tampoco veo oportuno ir a preguntarle.

-Sois la pareja del curso. ¿No tenemos coronas para el rey y la reina del baile? -La voz de Joel nos sorprende, sin embargo no nos apartamos el uno del otro.

-¿Qué? -Louis frunce el ceño, divertido.

-Seis meses, chavales. Ya se os considera oficiales.

Sonrío.

-Vete, Joel. No nos molestes.

El de los ojos verdes levanta las manos en señal de paz y desaparece tras las palabras de Louis.

-Has sonado muy duro -le digo.

-Él me cogía las tareas a escondidas durante el recreo para copiárselas el segundo año de instituto. No he sido demasiado duro.

-Oye... -Formo una sonrisa-, deberías contarme más cosas de esas sobre vuestra amistad a lo largo de los años.

-Como quieras.

Estrecha los brazos en mi cintura y me abraza por completo, no sé durante cuánto rato. Quizás dos canciones más, o diez. Pierdo la noción del tiempo totalmente.

***

-¿Por qué me traes aquí fuera? -pregunto, sintiendo la brisa fresca nocturna en mis brazos desnudos.

-Porque quería besarte en privado. Espero que ya no te importe el maquillaje.

Sus manos me sujetan las mejillas y me acerca a su cara, a sus labios cálidos y húmedos, dulces, tiernos... adictivos.

-Con los tacones estoy a tu altura -digo cuando se separa pero permanece con su frente pegada a la mía. Hoy no tengo el pelo suelto por lo que no dispone de mis mechones para juguetear y acariciar, y lo echo de menos.

-Ya -susurra. Me separa los labios utilizando su dedo pulgar en mi labios inferior y nuestras bocas se unen otra vez.

No me gusta estar a su altura, así que me quito los tacones sin despegarme de él, notando el suelo frío. Ahora vuelvo a estar como siempre, alzando el cuello para llegar a sus labios, como me gusta.
De pronto pienso en todo lo que hemos pasado, desde el principio de curso, hasta ahora. Quién me iba a decir el primer día, cuando vi sus ojos de cerca por primera vez y me saludó tímidamente, que hoy estaríamos aquí fuera, alejados de todo y todos, solos, y besándonos.

Acabamos sentados en un banco cercano a la entrada, yo sobre él y con los zapatos en la mano.
Le rodeo el cuello y me apoyo en su hombro. Qué bien huele. Ahora no quiero volver dentro, solo quiero quedarme aquí toda la noche si hace falta.

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