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CONTINUACIÓN

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Earl frunce el ceño.

—Pero, señor, no tenemos ningún...

—¡Cierra el pico! —grita Tío Al poniéndose en pie de un salto. La manga se engancha con la copa de coñac y la tira a la alfombra. Se le queda mirando con los puños apretados y la cara cada vez más sombría. Luego, enseña los dientes y suelta un grito prolongado e inhumano mientras pisotea la copa una y otra vez.

Hay un momento de silencio roto sólo por el rítmico traqueteo de las traviesas que pasan por debajo de nosotros. Entonces, el camarero se agacha y empieza a recoger los trozos de cristal.

Tío Al respira profundamente y se vuelve hacia la ventana con las manos agarradas a la espalda. Cuando por fin se gira hacia nosotros, su cara vuelve a ser rosada. Una sonrisita baila en las comisuras de su boca.

—Te voy a contar cómo están las cosas, Jacob Jankowski —escupe mi nombre como si fuera algo desagradable—. Me he encontrado con los de tu clase mil veces. ¿Crees que no puedo ver tu interior como un libro abierto? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Has tenido una peleíta con mami? ¿O acaso estás buscando una aventura entre semestre y semestre?

—No, señor, nada de eso.

—Me importa un bledo lo que sea; aunque te diera un trabajo en el circo no sobrevivirías. Ni una semana. Ni un sólo día. El circo es una máquina bien engrasada y sólo lo consiguen los más duros. Pero tú no tienes ni idea de lo que es ser duro, ¿verdad, don Chico de Universidad?

Me mira furioso, como retándome a contestar.

—Y ahora, vete al carajo —dice echándome con un gesto—. Earl, acompáñale a la puerta. Espera hasta que veas una luz roja antes de tirarle... No quiero tener un disgusto por hacerle pupa al niño de mamá.

—Espera un momento Al —dice August. Sonríe, claramente divertido—. ¿Es eso cierto? ¿Eres estudiante universitario?

Me siento como un ratón con el que juegan los gatos.

—Lo era.

—¿Y qué estudiabas? ¿Alguna de las bellas artes, por casualidad?—los ojos le brillan de la ironía—. ¿Danzas folclóricas rumanas? ¿Crítica literaria aristotélica? ¿O tal vez, señor Jankowski, haya terminado un curso de interpretación de acordeón?

—Estudiaba Veterinaria.

Su actitud cambia de repente y por completo.

—¿En la facultad de Veterinaria? ¿Eres veterinario?

—No exactamente.

—¿Qué quieres decir con <<no exactamente>>?

—No llegué a hacer los exámenes finales.

—¿Por qué no?

—Porque no.

—¿Y eran los exámenes del último curso?

—Sí.

—¿En qué universidad?

—Cornell.

August y Tío Al intercambian miradas.

—Marlena me dijo que Silver Star estaba mal —dice August—. Quería que le dijera al oteador que pidiera hora a un veterinario. No parecía entender que el oteador se había ido precisamente a otear. De ahí su nombre.

—¿Qué insinúas? —dice Tío Al.

—Deja que el chaval le eche un vistazo por la mañana.

—¿Y dónde propones que le metamos esta noche? Ya somos más de los que cabemos —agarra el puro del cocinero y le da unos golpecitos en el borde—. Supongo que podríamos mandarle a los vagones de plataforma.

Agua para ElefantesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora