~Narrado por Brian~
Pues había resultado que lo que la Sra. Germanotta había ido a decirles a Stef y a Jo era, precisamente, que habían arrestado al Sr. Germanotta por secuestro. Mi secuestro.
Sólo había dicho eso, y había corrido a abrazarme, y a hacerme mil preguntas. No, no sobre los hechos, sino de cómo me encontraba yo. No sé, creo que ella de verdad estaba preocupada por mí. Me costó un rato convencerla de que ya estaba mejor, que había ido al hospital y todo eso. No fue sino hasta que se hizo a la idea de que yo estaba bien que comenzó a contar lo demás.
Resulta que se habían llevado al Sr. Germanotta, y tras una pequeña investigación, salieron a la luz todos sus negocios con la mafia, por lo que ahora se hacían más graves los cargos. Iba a iniciar un juicio, donde se veían involucradas muchas cosas, incluidas las empresas y propiedades de la familia. Jo y Stef no parecían sorprendidos de nada, pero igual, se quedaron un poco serios. Digo, no es para menos, después de todo, es su padre. Malvado, pero su padre al fin y al cabo.
Luego, me había tocado a mí contar la historia de lo que me pasó, ayudado por mis amigos. Los Germanotta me escuchaban atentamente, sobre todo Stef, quien obviamente no había oído mi versión. Cuando había llegado a la parte donde describía todos los abusos físicos que sufrí, la Sra. Germanotta había derramado un par de lágrimas, y cuando acabé de hablar, me había abrazado por un largo rato. La dejé hacerlo, lo necesitaba. De cierta manera, sentía a mi mamá a través de ella. Jo no había dicho nada. Sé que no iba a disculparse, pero también sé que ya no le quedan ganas de golpearme. No por ahora, al menos.
En cuanto a Stefani... Bien, no tengo palabras para expresar el sentimiento de culpa que transmitía la expresión en su rostro. Ella de verdad está arrepentida, lo sé, pero a mí todavía me cuesta trabajo pensar en perdonarla así nada más.
Bueno, sea como sea, al irme de ahí, me sentía extrañamente tranquilo. Aún quedan cosas por decir, ya lo sé, pero teníamos tiempo de sobra. Ahora que había vuelto a ver a mis bebés, no dejaré pasar un solo día sin verlos. Y ese sería también tiempo a solas con Stef, para acabar de limar asperezas. Al final de la visita, ella se había portado bastante bien con Madison, y sabemos que eso ya es un enorme avance.
Pues bueno, después de salir de ahí, los chicos y yo habíamos ido a mi casa, o más bien, la casa de mi padre, para recoger mis cosas. Papá, claro está, me ignoró por completo, se había limitado a abrir la puerta. En cambio, Milo estaba tan emocionado de verme que de verdad temí que le diera un paro cardíaco de la alegría. Lo había visto más grande de lo que lo recordaba, y me había recibido en un ritual de lloriqueos, saltos, mordidas juguetonas y lengüetazos tales que más de una vez me lastimó o estuvo a punto de tirarme al piso.
Ni Madison ni los chicos insistieron en hacerme hablar con mi papá, simplemente se limitaron a ayudarme a subir mis cosas a la cajuela del auto de Roger. De hecho, sólo volví a ver a papá cuando salió a decirme que me llevara a Milo. Yo no respondí nada, me limité a hacer que el perro subiera al auto, lo cual vino acompañado de un montón de quejas de Freddie.
Para acabar el día, me ocupé de instalarme en el departamento de Rog. Él no tenía problemas con que Milo viviera ahí, también amaba a los perros, aunque a Milo todavía no le agradaba del todo. Al final, vinieron los mil y un recordatorios de Mad para tomar mis medicinas, los comentarios sarcásticos de Freddie y los consejos de John, y por fin, me fui a dormir.
Mi primera mañana de no tener ocupación y despertar en compañía de mi ex enemigo fue algo rara, pero no me quejo. Roger era un gran sujeto, y se estaba portando muy bien conmigo y Milo. No dudo que lleguemos hacer muy buenos amigos. Bueno, pero no tanto. ¡Ah, no, no es cosa mía! Es sólo que Freddie me había advertido que si lo cambiaba por Roger, iba a torturarme.
Pues bien, ese había sido mi día. Pero ya eran casi las 3 de la tarde, y yo me dirigía a casa de Stefani, con Milo caminando a mi lado. Ya sé, ya sé, no debería caminar tanto con las costillas rotas... Bah, nada va a pasarme por eso.
Estaba emocionado por ver a mis tejoncitos de nuevo. Joder, es que eran los bebés más hermosos del mundo. Ruth era igual a mi mamá, y Piero era idéntico a Stef, digo, se parecen a las dos mujeres que más amo en el mundo.
Esperen, ¿qué acabo de pensar? No, basta Brian, no puedes pensar esas cosas de Stefani. Me había prometido dejar de lado esa idea. No va a volver conmigo, y no voy a volver con ella. Ya, hay que superarlo.
Llegué a la puerta y toqué el timbre. Pasó algo de tiempo para qué Stef abriera la puerta. Antes de que alguno pudiera decir algo, Milo se lanzó sobre ella, intentando lamerle la cara
-¡Hola, bebé!-exclamó ella, abrazando a Milo, quien parado en dos patas estaba de la altura de ella-¡Te extrañé mucho!
La miré, sonriendo. Ella trató de calmar a Milo y me devolvió la sonrisa.
-Hola, Bri-saludó, acomodándose el fleco detrás de la oreja
-Hola
Dudamos un momento, pero nos abrazamos levemente a modo de saludo. Nos hizo pasar, y cerró la puerta.
-Tienes el...-murmuré, señalando a su hombro
Ella llevaba puesta una blusa blanca sin mangas, y por su hombro caía un tirante de su sostén.
-Ah, lo siento-se disculpó, acomodándose esta prenda-Estaba... Ya sabes, dándole de comer a los tejoncitos
-Cosas de mamá
-Sí, exacto. Ven, están en la cama
Le quité la correa a Milo, y esté se fue a seguir a Stefani, quien ya se dirigía a la habitación. Con esa blusa, podía ver buena parte de sus tatuajes de la espalda. De hecho, me quedé embobado viéndola de arriba a abajo, hasta que me di cuenta de que lo estaba haciendo, y fui tras ella.
Tal y como había dicho, mis pequeños estaban en la cama. En cuanto me vieron, sonrieron y comenzaron a moverse mucho.
-Miren, mis amores-les dijo Stefani suavemente-Papi vino a verlos
Sonreí nerviosamente al oír esas palabras. Ese día, Stef les había puesto las primeras camisetas que compramos para ellos: a Piero la de los Stones, y a Ruth la de los Beatles. Me senté en la cama y me incliné sobre ellos.
-Hola, tejoncitos-dije, haciéndoles cosquillas
Los pequeños rieron, y levantaron las manitas para tocar mi rostro. Piero volvió a agarrar firmemente mi fleco.
-Hey-le dije, dándole un beso-Suéltame, pequeño abusivo
-Ha pasado mucho tiempo con su tío-comentó Stef
-Eso explica mucho
El tejoncito me soltó, sonriendo. Milo se asomó a la cama, viendo a los bebés con curiosidad, y comenzó a olfatearlos. Piero soltó una risita al ver al perro. Ruth, en cambio, sólo lo vio con curiosidad. Milo se acercó para olfatear mejor, y Ruth al fin sonrió, soltó un gritito y puso su manita en el hocico del perro.
Stefani también rio, y yo me alegré de haber bañado a Milo antes de venir. Piero volvió a reír, y trató de alcanzar al perro también. Milo no se hizo esperar, se subió a la cama de un salto y se echó en ovillo alrededor de los bebés.
-¡Eh...!-exclamé
-Déjalo-me pidió Stef-Además, sólo míralos
Los mellizos estaban muy contentos, agarrando lo que podían del pelaje de Milo. Este, a su vez, los olfateaba de cerca, provocando sus risas, y los lamía.
-¿Eso no es malo?-pregunté
-No sé-dijo ella, recargándose en mi hombro
No pude evitar sonreír también al ver a los bebés tan emocionados con Milo, parecía ser lo más increíble que habían visto, y dadas las circunstancias, no dudo que sea así.
-¿Te quieres quedar a Milo?-propuse
-¿Yo? Pero... Es tu perro-dijo ella
-Sí, pero es cuestión de tiempo para que lo descubran en el departamento, y nos harán sacarlo de ahí
-¿Seguro?
-Sí. Además, míralo. ¿Crees que querrá irse?
Los bebés no dejaban de reírse. Esas risitas eran como un coro celestial en mis oídos. Milo no dejaba de olfatearlos, al parecer, haciéndoles cosquillas.
-Me encantaría tenerlo aquí-afirmó Stef, suspirando-Claro que puede quedarse. Los niños llorarían todo el día si te lo llevaras
-No lo dudo. Además, me quedo más tranquilo. Milo te cuidará a ti y a los niños
-¿Soy el tipo de chica que necesita que la cuiden?
Se puso las manos en la cintura y levantó una ceja, mirándome burlonamente. Solté una risita y respondí:
-Creo que no. Pero Milo es una buena niñera, mira
Los pequeños hundían las manos en el lomo de Milo, y este no dejaba de hacerles cosquillas con el hocico.
-Iba a hornear pollo-dijo Stef, dándome un par de palmadas en el hombro-¿Está bien para ti?
-Por supuesto. Como podrás imaginar, no es que Roger y yo vayamos a cocinar...
-Eso está claro... ¿Te quedas aquí?
-No, voy contigo.
Me puse de pie y tomé a Ruth para ponerla en el portabebé doble. La pequeña protestó, viendo a Milo.
-Te lo devolveré después-dije, dándole un beso
Stefani, a su vez, colocó a Piero junto a Ruth en el portabebé. Mi pequeño tampoco aceptó esto sin quejarse, ambos soltaban pequeños pujidos de inconformidad al ver que Milo estaba lejos. El perro también me miró como reprochándome esto.
-Yo los llevaré-dijo Stef, tomando el portabebé
-¿Crees que no puedo con un par de bebés?-pregunté
-No es eso, es que siento que podrías lastimarte
Solté una risita sarcástica. Stefani caminó a la cocina, conmigo y Milo tras ella. Al llegar, puso a los bebés en la mesa del comedor. Milo no se hizo esperar, se paró en dos patas, recargándose en la mesa, y ladró un par de veces. Lejos de asustarse, los pequeños rieron.
-¿Y esperabas que Milo se quisiera ir conmigo?-bromeé
-Me sentiría un poco culpable de todos modo-dijo Stef, acariciando a Milo-Después de todo, es tu perro
-Sabemos que es más tu perro que mio, enana
Stef soltó una risita forzada, sonrió y me dio un golpecito en el hombro.
-Ya extrañaba que te burlaras de mi estatura
-Extrañaba burlarme. ¿Te ayudo a algo?
-No, dijimos que iba a cocinar para ti. Tú cuida de tus hijos
-Milo lo hace por mí
Me senté a la mesa, para estar pendiente de que no ocurrieran accidentes. Stefani se ató el cabello, para disponerse a comenzar a cocinar.
-Y dime, ¿tu hermano vive aquí?-pregunté
-A veces-respondió ella-Tiene que quedarse en su departamento porque está más cerca de su trabajo, y a veces se queda hasta tarde. Cuando no, viene para acá
-¿Trabaja?
-Pues si consideras pintar murales un trabajo...
-Supongo que sí. ¿Y tú? ¿Qué has hecho?
Stefani soltó una risita y dijo:
-Pues... Ya estoy grabando el álbum
-¿Es una broma?
-Es en serio
-¡Eso es fantástico! ¡Felicidades!
-Gracias... En gran parte es gracias a ti, que siempre me animaste a hacerlo
-¡Oh, no! Es gracias a que eres muy talentosa. ¡Me da mucho gusto! ¿Cuántas canciones han grabado?
-Tres, y algunas maquetas de otras dos.
-Genial
-Sabes, yo he... Contado con... Ayuda
-¿Ayuda? ¿De quién?
-Pues... No. Nadie, sólo alguien que... Tiene experiencia en esto
-Ah. Bueno, eso está bien, ¿no?
-Sí... Creo que... Sí
Me recargué en la pared, pasándome las mano por el pelo sólo para tener algo qué hacer, y dije:
-¿Hay... algo que quieras decirme?
-¿Por qué?
-Bueno, no sé... Lo sospecho
-No, nada... Todo está bien
-De acuerdo...
Ella me sonrió y se ocupó de preparar el pollo. Ya que me estaba dando la espalda, no podía evitar verla de arriba a abajo. ¿Cómo se supone que no me sintiera atraído por todo eso? Joder, era tan hermosa, de verdad...
-Te ves muy linda-comenté, mientras fingía estar distraído viendo a los bebés
Stefani se volvió hacia mí. La miré de reojo y sonreí un poco.
-Gracias-respondió, volviendo a lo suyo, pero vi de reojo que conseguí dibujarle una sonrisa que permaneció ahí.
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Yoü And I
RomanceBrian May es un chico humilde y tímido, con grandes aspiraciones para su futuro. Stefani Germanotta es una rebelde nata cuyo sueño es ser cantante. Cuando ambos se conocen, saben que están dispuestos a estar juntos para siempre, pero ¿y si parece qu...
