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Aquella niña se acercó hasta donde estaba yo, disfrazado de Papá Noel.

Ese traje era lo más incómodo que me había puesto en la vida, pero ese no es el tema. La pequeña sonrió con felicidad y te tiró del brazo para que os acercarais, no parecías ser muy flexible ni muy blanda con los niños, todo a la medida justa. Pero aceptaste.

Mientras imitaba a Papá Noel, la pequeña se acercó a la cola de niños que pedían sus deseos, como ya estaba anocheciendo, no había mucha gente. Se subió a mis piernas y dijo.

-¡Hola Papá Noel!-dijo la pequeña con inocencia, sonriendo de oreja a oreja-. ¿Puedo pedirte algo?

-¡Claro que sí!-dije poniendo una voz ronca-. ¡Ho Ho Ho! ¿Qué tal estás?

Esa pregunta, que conste, se la hacía a todos los pequeños. -¡Bien! Me llamó Vee y tengo cinco años-se presentó-. Pero es de Venus. Bueno...¿Tú puedes hacer que mi tía-dijo señalándote-sea feliz con alguien?

Fue la primera niña de cinco años de edad que me pidió algo que no fuese material; y sobre todo, que no fuese para ella. Era adorable, rezumaba inocencia.

Fruncí el ceño notoriamente. -¿Tu tía no se va a casar?-pregunté.

-¡¿Cómo lo sabes?!-dijo tu sobrina alucinando. Por un instante abrí como platos mis ojos. Reí nerviosamente.

-Soy Papá Noel-dije intentando sonar convincente-. Lo sé todo.

Por los pelos me libré de esa pregunta...

Una Coca Cola para enamorarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora