— ¿Por qué te enojas conmigo? ¡Lucían tuvo la culpa de todo esto! — Me defiendo.
— ¡¿Pero que es lo que te hizo?! — Me pregunta casi gritando.
No sé si me está preguntando en serio. Pero antes de que pueda detenerme, la irá me hace saltar.
— ¡¡Intentó besarte!! — Le grito con todas mis fuerzas mientras salto hacia el vidrio en un intento por llegar a ella.
¡¿Acaso no quedó claro, carajo?! Lanza un grito y se inclina hacia atrás asustada. Casi cae de la silla, suelta el teléfono y baja la mirada intentando recuperar el aliento. Yo vuelvo a sentarme y pongo el teléfono en mi oreja mientras la miro fijo. Cuando levanta la mirada puedo notar que su mano tiembla al agarrar el teléfono nuevamente.
— No entiendo cuál es tu problema con eso. — Espeta.
¡¿Cuál es mi problema?! ¡¿De verdad pregunta cual es mi maldito problema?! Si ella no lo sabe entonces se lo diré ¡Le diré cual es mi maldito problema!
— Estoy enamorado de ti.
Nos miramos fijamente. Sus ojos negros no se apartan de los míos. Ríe nerviosamente de golpe ¿Se está riendo de mi? Contraígo la cara mientras aún guardamos silencio. Su cara vuelve a ponerse sería. Esto no va bien.
— Dime que no es verdad... — Me pide en voz baja.
No puedo creer esto ¿Qué más necesita para darse cuenta de que estoy babeando por tan sólo pensar en ella? Esta situación me hace enojar.
— ¿Acaso no te diste cuenta? ¿Cómo puedes ser tan estúpida?— Suelto mientras arqueo una ceja.
Si no entiende por las buenas. Entenderá por las malas. Da un respingo y me clava una mirada perpleja.
— No por estúpida, sino porque trataba de convencer a mi cerebro que un vagabundo demente se fue a fijar en mí. — Me espeta.
Aprieto los labios todo lo que puedo mientras le clavo la mirada. Eso me dolió ¡Mierda! De la nada mete la mano en su campera y saca su celular que está iluminado por ¿Una llamada? Lo mira, teclea una ves y luego lo guarda en donde estaba ¿Quien la llamó? No me hizo falta mirar dos veces para ver la rajadura que tenía en la pantalla. Seguramente se rompió cuando lo tire lejos. Eso me recuerda la noche que entre a su habitación y la acaricie. Reprimo una risa recordando como rompí su celular.
— ¿Sabes? Tenía la certeza que había vuelto a romper tu celular, esta vez no habría sido mi intención. — Le confieso.
Se queda paralizada y abre los ojos como platos. Se dió cuenta. Su pequeño cuerpo comienza a temblar pero yo continuo hablando. Debo apurarme antes de que se me termine el tiempo.
— Y ¿sabes que? No hice que te trajeran para que hablemos, te hice venir porque tendré que irme por un tiempo y no puedo irme sin abrazarte por última vez... necesito abrazarte Ivanna...
Antes de que pueda contestarme algo me levanto de la silla y sin pensarlo dos veces, levanto la silla por los aires y la aviento con todas mis fuerzas contra el vidrio que me separa de mi chica. Este se agrieta completamente pero no se rompe. Ivanna entra en pánico, suelta el teléfono y se va corriendo hacia la pared. Esta asustada... muy asustada, pero eso no me detiene.
La adrenalina me alienta a seguir. Agarro la silla de nuevo y la lanzo nuevamente sobre el vidrio, rompiéndolo en mil pedazos. Los cristales salen disparados hacia Ivanna. Ella se protege la cara con los brazos y ahora que el vidrio no esta, puedo escucharla gritar.
Cuando quita sus manos de su rostro, yo ya estoy subido a la mesa. Al verme la cara se le transforma en un gesto de desesperación. Corre a la puerta, intenta abrirla y llora. Estoy pasando por entre los cristales rotos con el mayor cuidado posible. Me impaciento cuando la veo moverse hacia un botón rojo pegado en la pared. Lo presiona y este se ilumina. La ansiedad me gana y cruzo rápidamente hacia el otro lado. Siento un dolor punzante en el brazo. Pero lo ignoro y el dolor desaparece al segundo, ni siquiera me fijo que fue.
Ivanna esta con la espalda apoyada en la puerta mirándome con horror y gira el picaporte repetidas veces.
— ¡Dios, habrán la puerta, no dejen que me lastime! ¡Julián me quiere matar!
Sus palabras son puñaladas. No me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que vi como abrían la puerta y de un tirón unos brazos la arrebatan de mi. La puerta se cierra y yo me choco con una fría madera. Tengo la cara empapada en lágrimas cuando volteo y veo que el Oficial Pérez entra a la habitación con cara de horror. Saca su arma mientras cruza hacia el otro lado y me apunta como si fuera un monstruo.
— ¡Déjenme verla! ¡Necesito verla, no es justo! — Grito con todas mis fuerzas.
— ¡Prometiste que te comportarías y mira lo que hiciste, las manos contra la pared! — Me grita furioso.
— ¡Por favor déjenme abrazarla, me moriré si no la toco, juro que me mataré!
— ¡No, vamos, camina! — Me ordena mientras me agarra del hombro y me empuja.
— ¡Hijos de puta! — Maldigo mientras me suelto con fuerza de su agarre.
Cuando me volteo a mirarlo me doy cuenta que el oficial me observa perplejo y ya no me está apuntando. Cuando miro bien veo que tiene sangre en las manos. Comienzo a marearme y luego me miro. Tengo una enorme cortada en el brazo derecho y estoy parado en un charco de sangre. Hay sangre en la puerta, en la pared y en la mesa. Caigo al piso pero el oficial Pérez atina agarrarme.
— ¡Alguien ayúdeme! ¡Necesito asistencia médica aquí! — Grita mientras aprieta la herida de mi brazo.
Tengo los ojos entre cerrados y no puedo abrirlos. Tengo muchas ganas de dormir y ya no puedo moverme. Creo que me estoy desangrando.
— ¡Hey, hey, hey! ¡No te duermas hijo, sigue mi voz y permanece consciente!
Me da palmadas en el rostro pero es inútil. Antes de quedarme profundamente dormido, recuerdo su voz, su rostro y lo hermosa que es. Intentó susurrar su nombre y me juro a mi mismo volverla a ver... Ivanna.
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
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No sin ella. [1] (BILOGIA)
RomanceJulián es un joven de 18 años, problemático, con problemas de ira e higiene debido a traumas de la infancia. En su último año de secundaria se encuentra totalmente perdido y sin dirección debido a drogas y alcohol. Todo lo que tiene es el sustento d...
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