(25) Fin de la segunda parte.

15.1K 935 165
                                        

20 de Julio de 2015.

— El alta aún no está lista Julián... — Me contesta la enfermera.

— Okey gracias... volveré a preguntar mañana.

Me voy caminando hacia mi habitación con malestar. En el camino me cruzo con Oscar, que trae abrazado a un señor que según sé, tiene esquizofrenia. Pobre hombre.

— ¿Alguna noticia de tu alta? — Me pregunta.

— Nada aún... — Contesto decepcionado.

— Bueno no te preocupes, ya te la darán. — Me dice mientras pasa de largo.

Entro a mi habitación y comienzo a hacer mis maletas. Luego iré al gimnasio para después seguir esperando que me digan que me dan de alta. Esto se está haciendo interminable.

Estoy a punto de salir hacia el gimnasio cuando tocan mi puerta. Cuando la abro, una enfermera me mira mientras sostiene su libreta.

— Tienes una llamada Julián. En el tercer teléfono.

— Gracias.

Camino hacia las teléfonos públicos de la clínica. Esos que podemos usar los pacientes pero sólo cuando nos llama alguien. Tomo el tercer teléfono de los cinco que están pegados a la pared y me lo pongo en el oído.

— ¿Hola?

— ¡Julián! — La voz de mamá invade el teléfono.

— ¡Mamá! ¿Recibiste noticias sobre mi alta? ¿Cuando vendrán a buscarme? — La lleno de preguntas.

— Tranquilo hijo. Sólo llamaba para decirte que ya nos llegó el trámite de tu alta, entre hoy y mañana te llegará a ti. El problema es que podremos ir a buscarte recién la semana que viene...

¿Es broma? Me quedo callado. La semana que viene comienzan las clases... Para ese entonces ya quería estar en casa. No puede ser.

— Pero... el 27 comienzan las clases... ¿No podré ir a la escuela? — Pregunto angustiado y nervioso.

— Solo faltarías la primera semana... hablamos con tu directora y nos dijo que no es ningún problema. — Intenta calmarme.

Cierro los ojos y me muerdo los labios ¡No puedo con la importencia! ¡Carajo! Esto no era lo que yo había planeado.

                              ~•~

27 de Julio de 2015.

En este momento debería estar en la escuela, pero no. Sigo aquí, en el manicomio, esperando que mis padres lleguen de una buena vez a sacarme de aquí. Estoy sentado en el sofá con mis maletas, ansioso porque lleguen ya, cuando siento que alguien se acerca por detrás de mi.

Quiero creer que es el enfermero David que quiere despedirse de mi. Anoche despedí de Oscar y sólo me falta él. Me volteo y quiero ponerme de pie pero freno en seco. No es David. Es una chica...

La zona de mujeres esta del otro lado de la clínica y no se nos tiene permitido ir ¿Qué hace aquí? Puedo ver que es una paciente porque está vestida como si recién se levantará y son casi las dos de la tarde. Tiene maso menos mi edad. Cabello castaño y enmarañado que le llega hasta los hombros. Pálida, delgada y de ojos marrones. Se retuerce las manos. Levanto las cejas, esperando que me diga algo mientras la miro fijo.

Se ruboriza totalmente y baja la mirada. No me jodas ¿Esto es en serio?

— Hola Julián... — Me saluda con voz finita y tímida.

¡¿He?! ¿Cómo sabe mi nombre? Jamás la había visto en mi vida. 

— Hola... hum...

— Liliana. — Se presenta de golpe.

Me quedo callado un segundo y al ver que no dice nada, rompo el silencio.

— ¿Se te ofrece algo? — Pregunto.

Ella niega con la cabeza mientras pone un pie sobre el otro y traga saliva. Reprimo una risa. Que tímida es.

— Solo quería venir a preguntarte como estas. — Me dice.

Levanto las cejas nuevamente. Intento ser amable.

— Este... bien. Hoy ya me dieron el alta así que dentro de un rato me iré a casa...

Estoy a punto de preguntarle, por cortesía, como está ella, pero no me deja terminar de hablar.

— Si, lo sé. Por eso quise venir a saludarte. Te ví desde el primer día que llegaste... Me gusta tu nuevo aspecto y me alegro de que ahora estés recuperado.

Esto último lo dice en un tono extraño. Como si no le agradara que ahora este bien ¿Y además como hizo para poder verme todo este tiempo?

— Sabes que no puedes venir aquí. — Le advierto.

Se me cruza por la cabeza, reportarla. Pero no quiero empeorar la situación de nadie. Ella asiente frenéticamente.

— Lo sé... pero con tal de verte, pasaría la noche aquí. — Me contesta.

Abro la boca y vuelvo a cerrarla. Me quedo callado sin saber que decir pero ella toma la iniciativa.

— Me descubrirán pronto así que ya debo irme. — Me agarra de la mano y siento que me pasa un papel. — Fue un gusto observarte estos meses. Si no se de tí, cuidate mucho.

Estoy a punto de decir cualquier cosa pero no me deja. Se inclina hacia mi y me planta un beso en los labios. No le devuelvo el beso pero tampoco la aparto. La miro mientras apoya sus manos en mis mejillas y entre abre sus ojos para que nuestras miradas se encuentren. David la agarra de los hombros y la aparta de mi.

Nuestro contacto visual dura varios segundos pero ella aparta la vista primero.

— ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo llegaste hasta aquí? — Le pregunta alarmado.

Ella le sonríe, satisfecha por lo que acaba de hacer y no le contesta nada. David me mira.

— ¿Te lastimó Julián? — Me pregunta.

Niego con la cabeza mientras meto el papel en el bolsillo de mi cazadora. Se la lleva agarrada de los hombros y ella se voltea varias veces a mirarme. Nos saludamos con la mano antes de perderla de vista por el largo pasillo de psiquiatríco.

¿Pero qué carajos acaba de pasar? Eso fue intenso. Luego de unos minutos, el enfermero David viene caminando hacia mí ahora sin Liliana.

— Ya llegaron tus padres colega. — Me anuncia.

Tomo mis cosas y antes de salir disparado hacia la puerta, me despido del enfermero David y le deseo suerte. Cuando llego, veo a el doctor Moreno junto con mis padres. Luego de una corta charla, me dice que puedo llamarlo por si siento que tengo algún problema y me despido.

Subo a la camioneta nueva de papá. Mamá se sienta a su lado, contenta.

— ¿Sofía? — Pregunto.

— Con tu tía. — Contesta. — ¡Me alegra tanto que estés de vuelta!

— ¡A mi también hijo! — Grita papá.

Yo no contesto. Me pongo la capucha de la cazadora y miro por la ventana como me alejo del hospital psiquiátrico. Por fin salí de ese lugar.

Saco el papel doblado, que me dió la chica en la mano. Lo abro y es una nota acompañada por un número de teléfono.

"Si sientes que necesitas hablar o cualquier otra cosa, no llames a tu psiquiatra. Llámame a mi. Soy buena en lo que hago.

xxxxxxxxxx

Con dulzura... Liliana"

Sonrío. Doblo el papel nuevamente y lo guardo en mi bolsillo.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

No sin ella. [1] (BILOGIA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora