Robin

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Un buen susto.
Robin x OC.
AU.

—¿De verdad te permitieron esta semana de vacaciones? Me impresiona que no haya problemas cuando has avisado a tu jefe hace cuatro días —Robin soltó una pequeña risilla, recordando aquella proposición inesperada al parque de atracciones, ahora configurado como un parque del terror por motivo de Halloween.

—Sí; bueno... Había acumulado días libres al hacerle favores a uns compañeros de trabajo.

—Oh, ¿has vuelto a acceder a los ruegos ajenos? Debes aprender a decir que no...

La menor se mordió el labio inferior, sintiéndose culpable de su inseguridad. Una mano grácil y suave agarró la suya y su dueña le dedicó otra de aquellas pequeñas sonrisas.

—No te sientas mal, por favor. Simplemente eres demasiado dulce —En contraste con su pelo azul, sus mejillas sonrojadas la hicieron ver aún más inocente. Robin no pudo evitar besar una de ellas con ternura—. Por estas cosas me gustas, florista-san.

Odette se ruborizó todavía más. ¿Llevaban juntas cinco, seis meses? No lo tenía claro; debía buscarlo en la agenda. Pero lo que sí sabía era que no se acostumbraba a aquello, a las atenciones de la morena y su constante mirada fija. La ponía nerviosa solo con sonreír. Si aquello no era amor, que bajase Dios y lo viese—. Cielos, Robin, si me sigues tratando así no me vas a dejar hacer nada. ¡Tenemos que dar una vuelta rápida, antes de que nos pasemos en la cola horas interminables!

Y tiró de aquella mano con insistencia, desviando la atención. La morena solo sonrió de medio lado y se dejó llevar. Ese entusiasmo era otro de sus puntos débiles. Toda Odette era un gran punto débil con cada una de sus emociones.

Primero fue la montaña rusa. Subieron a lo más alto agarradas de la mano todavía. Ambas sabían cómo adoraba Odette las emociones fuertes, pero al mismo tiempo se ponía muy nerviosa.

Las vistas eran impresionantes. Notó las nubes más cerca que nunca y... las observó demasiado. ¿Por qué aquel coche no bajaba de una vez? La chica comenzó a ponerse nerviosa y sintió frío de repente. Tuvo que acercarse a su novia y soltó el manillar justo en el momento de la bajada. Gritó como nunca lo había hecho entre los brazos de Robin, quien cuidaba que no se golpease la cabeza en aquella bajada.

Cuando bajaron, la más baja estaba mareada. Aquellas prisas la habían distraído y no recordó que la intención de las atracciones era asustarla. Pero no. En aquella ocasión no podía permitirse otro susto. Y así de decidida, le ofreció a Robin entrar a la casa del terror.

Como siempre, no hubo resistencia, y avanzaron con paso rápido hacia aquel edificio tenebroso. Había otro par de personas en la puerta, y esta se abrió en cuenta se acercaron, con un crujido agudo e intenso. Una nube de niebla los visitó pero siguieron en línea recta, intentando ver algo a través de los focos estratégicamente colocados.

Una sombra oscura se removió y Odette dio un brinco.

—¿Te encuentras bien, florista-san?

—Pues claro que sí. Son los reflejos de combate, que me juegan una mala pasada —se excusó—. ¿Y tú cómo lo ves?

—Bueno, este podría ser un buen sitio para que se escondiese un asesino en serie. Podría esconder las pruebas fácilmente sin que nadie lo notase... —comentó reflexiva.

—¿Qué? —La chica cerró sus ojos azules, iguales a los de su novia, y suspiró—. Sea como sea, debemos avanzar, Robin. ¿O estás asustada?

—Todo lo contrario. Me estoy divirtiendo mucho.

La agarraron por el tobillo. Robin se giró en seco, pero ya había desaparecido esa presencia—. ¿Pasa algo, cariño?

Retazos; One Piece x OCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora