Izou

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Incursión cosmética.
Izou x Hervey.
AU Contemporáneo.


Como era de noche, tuvieron que encender las luces del local. El cartel de "Cerrado" ya estaba puesto y ni un alma transitaba por las calles de la ciudad en medio de la madrugada de un lunes cualquiera.

—¿No crees que tu madre se enfadará si sabe que estamos aquí ahora?

—Mientras no se entere, no pasa nada.

—Hervey, no es tan tonta como para no darse cuenta de que sus cosas se han agotado más rápido de lo habitual.

Y, como siempre, su novia esbozó una sonrisa inocente e ignoró cualquier protesta de su parte. Izou resopló, sin saber qué más decir. De todas formas, no sería él quien sufriese las consecuencias de sus actos, pero tampoco le hacía gracia pensar en que fuese castigada y no pudiese verla en un tiempo...

Las ansias de aventura de Hervey no solo eran imparables, sino también temerarias y reprochables, con un potencial latente para cleptómana, carterista, ladrona y extorsionista, entre otros tantos cargos que podrían caer sobre aquella sonrisa engañosa y sus ojos rojos hambrientos. Su madre trataba de controlar aquel gusto por lo desconocido y lo peligroso, pero ninguno de sus castigos había proporcionado ni siquiera un temblor en la voz de su novia. El vandalismo de Hervey no tenía límites, y el centro de belleza no iba a ser una excepción.

—Siempre quise probar esta paleta de colores, pero encontrar una decente por Internet es muy complicado —murmuró Hervey, inclinada hacia la larga vitrina en la que se exponían algunos de los productos que su madre empleaba en su trabajo. Aquella paleta era principalmente de colores oscuros, con predominancia de tonalidades cálidas como el morado o el granate. Izou temió por el presupuesto de la tienda; el maquillaje gótico, el mayor gusto de su novia, consumía rápidamente todo lo que tocaba.

—Me habría gustado una muerte más digna, pero tendré que conformarme con esto. Por lo menos moriré a tu lado, amor... —ronroneó Izou en el oído de su novia. Ella se estremeció y ensanchó su sonrisa antes de girarse hacia él y regalarle un pequeño beso escarlata.

—¿Entonces ya te has rendido y vas a dejar de protestar por todo?

—Sí; no vale la pena. ¿Cuándo he conseguido desviar tu atención de uno de tus caprichos?

—Bueno, ahora mismo lo has conseguido, cariño —respondió ella tan coqueta como su novio. Seguían a escasos centímetros el uno del otro y siempre había una mano juguetona en unos mechones ajenos—. ¿Te gustaría valorar mis habilidades heredadas?

—Sabes que todo lo que implique verte de cerca es un buen plan para mí, linda.

Hervey se carcajeó, marcando de nuevo las distancias, y danzó por el local hasta hallar todos los cosméticos que deseaba probar —que, como no dudó, eran muchos—. Su cabello blanco resplandecía sobre su vestido negro e Izou no pudo hacer más que sentarse y admirar el paisaje. Ella, a pesar de ser casi tan alta como él, era capaz de moverse con ligereza, como si solamente pesase lo que una pluma y no tuviese mil adornos de plata tintineando a su paso. Era mortífera y sagrada, un pecado capital al que no le importaría regresar con tal de saciar su sed. No habría muerte más honorable que dejarse devorar por el apetito de Hervey Venue.

Izou se centró tanto en su rostro que solo despertó de su embrujo cuando ella se desmaquilló. Si mal no recordaba, era la primera vez en su noviazgo que la veía sin maquillaje, fuese artístico o no, y se descubrió un novato en el arte de descifrar a su novia. Tenía un diminuto lunar sobre el final de su ceja izquierda y otro bajo la barbilla. Sus pestañas largas y doradas eran reales y las largas ojeras no eran un efecto óptico por los ojos ahumados.

Retazos; One Piece x OCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora