Bentham

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Invocado.
Bentham x OC.
AU Isekai.

Por fin había llegado el día. Después de tantos meses esperándolo, el evento de drags que lo fascinaba había llegado a su ciudad. Incluso estaba yendo al recinto media hora antes de la hora acordada con tal de poder darse la posibilidad de cruzarse con alguno de sus ídolos. Nunca se sabía lo que podía pasar. Solo con pensarlo, Bentham aceleró el paso y le dio uso a sus fornidas piernas para traspasar la calle y esquivar a los cientos de transeúntes que poblaban la ciudad a todas horas.

La cabeza estalló. Sus ojos se salieron de sus cuencas y la sangre brotó de cada orificio del cuerpo. Cuello roto, columna rota, brazo roto, pierna rota. Vísceras, bilis y músculos desgarrados. Fue declarado como suicidio por arrojarse contra un camión.

El golpe fue seco, duro, silencioso. Se encontraba aturdido y mareado tras aquel objeto extraño impactar contra él. Por lo menos el suelo estaba húmero, seco y lleno de hojas que friccionaban entre sí y lo amortiguaban. Bentham abrió los ojos con espanto. Aquello no era su ciudad; estaba en medio de un bosque frondoso, indistinguible de cualquiera que hubiese visto en postales y fotografías. Pero aquello no era lo único extraño.

Se palpó la cara, la espalda, el cuello. Nada, estaba todo correcto. ¿Habría soñado el recibir un golpe? ¿O era aquello el sueño y por eso no sabía cómo había acabado allí? Nunca había tenido un sueño lúcido, así que quizá lo estaban sedando o algo para una operación. Tampoco lo tenía claro, pero ya que estaba allí, le apetecía explorar su entorno y descubrir alguna pista de dónde podía estar.

Los primeros pasos fueron tímidos e indecisos, pero rápidamente avanzó entre la maleza y aquella pequeña zona de luz que se podía vislumbrar entre el follaje. Bentham no estaba acostumbrado a un espacio verde más extenso y frondoso que un parque o, a su pesar, un zoo, por lo que solo con tener que fijarse en no tropezar con alguna rama o rozarse con alguna planta venenosa ya estaba bastante alerta. Podía ser un sueño, pero quería disfrutarlo al máximo.

Una rama se partió a sus pies y se quedó observando el suelo para comprender de dónde había salido. No; no había sido una rama sino un caracol del tamaño de un puño. Notó la suela del zapato pringosa y se sintió mareado por el hedor que despedía aquel líquido viscoso tras matar al pobre animal. Quiso sentarse en algún lugar limpio para quitar todo aquello de sus zapatos, pero un bramido retumbó por todo el bosque, selva o lo que fuese aquello.

Su curiosidad pudo más que su cordura y escaló uno de los pocos árboles que no estaban supurando resina en aquel momento. Tras apartar las hojas, vio una bestia inconcebible a su imaginación. Tenía delante a un insecto semejante a una araña enfrente, solo que su tamaño era superior al de su antiguo jefe de trabajo. Y tenía alas. ¿Qué había peor que un bicho enorme que tenía alas y podía atacarlo desde cualquier terreno?

Bentham tragó saliva e intentó quedarse quieto para no ser identificado, abrazado a aquel tronco de árbol como si su vida estuviese en juego. Y probablemente lo estaba. Por lo visto aquel árbol también estaba secretando resina y le dificultaba el mantenerse en pie. Aquella sensación era extraña y asquerosa y buscó con la mirada si había alguna parte más seca. Algo se movió en medio de las sombras. Bentham contuvo la respiración al identificar lo que se movía. Esa humedad no era resina, era saliva de araña. Por lo menos aquella era del tamaño de un perro y no el de un oso de pie, pero el escalofrío fue el mismo.

—¡No me toques! ¡Quítate, quítate, quítate!

Y sí, había soltado el tronco y caía irremediablemente al suelo. Por lo menos no se hizo daño, pero necesitaba una ducha con lejía y urgentemente. Les tenía fobia a los insectos; toda aquella situación no hacía más que trastornarlo. Por si no le era suficiente, la araña con alas estampadas cual mariposa posó todos sus ojos en él. Y corrió en su dirección. Ya no había salvación para aquello. Si debía morir lo haría bailando sus mejores pasos de ballet. En medio del pánico hizo lo único que se le daba bien, girando sobre sí mismo y saltando por la espesura para alejarse tímidamente de aquello. Por alguna extraña razón que no comprendía, el bicho lo seguía pero a un ritmo pausado. No parecía con intención de devorarlo, despedazarlo o infectarlo con cualquier enfermedad que pudiese transmitir, sino que solo se quedaba contemplándolo con fascinación.

Un silbido extraño se escuchó a lo lejos y la bestia se detuvo. Una sombra se personó sin saber muy bien de dónde y Bentham se alegró de por fin cruzarse a un ser humano en lo que le estaba pareciendo la peor pesadilla de su existencia. Era un chico, una chica o algo, con ropa de montaña y una gran bolsa en la mano. La araña se giró hacia esa persona y se lanzó sobre la comida del interior que acababa de presentarle. Con alguna señal extraña consiguió que se marchase y que Bentham no muriese desfallecido del esfuerzo.

—¿Quién eres, chico? No recuerdo haberte visto por aquí antes —Su voz era gentil, suave y aterciopelado. De alguna forma se sintió a salvo con su presencia.

—Soy Bentham. Recibí un buen golpe en medio de mi ciudad y desperté aquí repentinamente. No sé ni dónde estoy ni en qué siglo o si por lo menos estoy en mi planeta, porque esos bichos no me suena haberlos visto en mi vida. Ni siquiera en los libros de texto de la escuela.

—¿Libros de texto? —La expresión confusa de su rostro lo decía todo, pero de forma repentina todo se aclaró y se quedó mirándolo con sorpresa y alegría—. Entonces… No puede ser. Eres el número 2.

—¿De qué hablas?

—Oh, es verdad… —Se refregó la cara, suspiró y volvió a clavar una sonrisa amigable en él—. Déjame introducirme. Yo soy Mae, la guardabosques de esta zona. Tú, Bentham, has sido invocado a este mundo para salvar el reino y detener la Peste desde las sombras.

—Espera, espera. ¿Qué es todo eso de ser invocado y de salvar el reino? —No es que estuviese asustado sino que no comprendía bien lo que sucedía a su alrededor. Aún acababa de salvarse de un monstruo hacía unos segundos y no se imaginaba a sí mismo destruyendo enemigos del mismo estilo. Iba al gimnasio y hacía ballet, pero aquello estaba a otro nivel.

—¿Quieres venir a la casa de mi familia y te contamos todo mi hermano y yo con calma? De paso, podríamos enseñarte a luchar mientras la noticia de tu llegada no se extiende hasta los oídos del rey.

A pesar del peligro de toda aquella aventura, también se sentía emocionado y curioso. Le dolía no haber llegado a tiempo a la convención de drags cuando por encima se había maquillado para ello, pero explorar un mundo desconocido también lo entusiasmaba. Al fin y al cabo, si él podía ser un elegido tenía que haber una forma de mejorar sus habilidades y poder estar al nivel de cualquier guerrero—. ¡Claro! Nunca está de más prepararse. Si de verdad voy a ayudar a tu pueblo, me gustaría saber más de él. ¡Ese es el camino del okama!

La chica —que ahora había podido confirmar que lo era, aunque le importase bien poco fuera de saber cómo referirse a ella— parecía confusa con la mitad de palabras que utilizaba, pero no parecía molesta con su presencia. Era alta, de cuerpo tonificado y pelo corto castaño, al igual que sus ojos. Su aspecto no dejaba de ser semejante al suyo, excepto por unos rasgos más delicados en su cara y unos hombros más anchos. Siempre mantenía una sonrisa suave y dulce que lo reconfortaba y le daba fuerzas para emprender aquel viaje. Aquella historia que vivía era digna de un isekai cualquiera, tan poco original como el resto, pero tan curioso al vivirlo en primera persona.

Así emprendieron la marcha hacia su hogar para convertirse en una buena ayuda para su reino. No dejaba de cuestionarse cada información que le proporcionaba su nueva amiga. ¿Quiénes eran el número 0 y el número 1 que nombraba al indicar que no era el único invocado? ¿Cómo era aquel poder del que hablaba con el que podía transformarse en cualquiera? ¿Era posible que la Peste no fuese posible de matar si no era a través de un espía? Su voz seguía llenando el camino con sus notas cantarinas y Bentham no dejaba de maravillarse con todo lo que le quedaba por descubrir. Ella había sido el primer descubrimiento que lo había encandilado y no podía pensar ya en la posibilidad de separarse sin descubrir cada uno de sus secretos. Aquel mundo era mágico, eso estaba claro, pero Mae lo era todavía más.

Su nombre clave no podía ser menos que el de drag experimental: Bon Clay.

Retazos; One Piece x OCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora