Devoradores.
Doflamingo x OC.
AU.
A medida que avanzaban sus pasos, un chasquido húmedo se reproducía en sus talones. La sangre corría mansamente por la fría superficie, perdiéndose en las miles de grietas que la batalla había provocado. En medio de aquel lago carmesí, el reflejo perfecto de un hombre muy alto de pelo corto y rubio le sonrió. Le complacía aquella matanza, aquella sed de sangre y destrucción que no podía controlarse dentro de sus venas. Su olfato buscaba ese olor, su vista buscaba ese color, su tacto buscaba esa textura, su oído buscaba ese lamento fino y agudo esperando a que cortase la última cuerda que los atase a la humanidad.
Ella era una devoradora de bestias, de humanos, de ángeles. Ella era un monstruo sin prejuicios. Mientras se pudiese cortar, todo era aceptado en su seno. Sus brazos abiertos y el filo de su katana no llorarían por nadie ni nada ni contendrían su peso. La represión era la mayor humillación posible para un contrincante. Todos recibieron su poder hasta que desbordase la comisura de sus labios.
Y aquel papel le sentaba bien. Tras aniquilar el último escuadrón en pie, aquella mujer con rasgos de demonio seguía con ganas de más. El cansancio no podía hacerle mella mientras la sangre pudiese seguir corriendo.
La guerrera de nombre Kama era una sombra escarlata de lo ocurrido. Su cabello parecía la cascada que teñía todo el campo de su color favorito. Las vendas de sus manos se deshacían y exprimían de lo húmedas que se encontraban, creando otras pequeñas cascadas artificiales que acompañaban a la principal. Su piel rosada parecía más cálida ante el fuego y los charcos que la rodeaban.
Lo único que contrastaba con todo aquello eran sus ojos. Sus ojos grises y fríos, insensibles a cualquier emoción inferior al asesinato, capaces de romper cualquier voluntad y ver a través de las cortinas de humo que dejaba a su paso. Con un hambre voraz acechaba al mundo. Y ahora que no quedaba nadie, se giró hacia él impasible.
—¿Quién más?
Kama no era una mujer de muchas palabras. Había aprendido que era mejor que hablasen sus acciones. Aun así, el simple hecho de preguntar por un objetivo ya era significativo. Al final, ella estaba a su servicio. Sabía que era su mejor opción para una buena carnicería. Sus únicas condiciones eran la libertad creativa y la paciencia. Y ante aquellos resultados, él sería capaz de entregarle todo lo que pidiese. Pero nunca aceptaba una recompensa. El propio trabajo lo era, siempre que fuese algo entretenido.
Puso dos dedos en su barbilla y la alzó hacia él. No había ningún tipo de duda en su rostro, solo decisión. Una decisión pura y certera de acabar con todo lo que se cruzase en su camino. Aunque tuviese que destruir medio mundo para conseguirlo. Eso solo la congratularía más. Él esbozó media sonrisa, sin recibir ningún tipo de respuesta aparente. Todavía fascinando con aquella belleza congelada e imperturbable, acercó su rostro al suyo y con la punta de su lengua limpió las gotas de sangre que seguían cayendo por sus mejillas, acariciando con su pulgar aquella piel húmeda y suave. A pesar de ser toda una guerrera, sus ojos no detectaban ningún tipo de marca de cicatriz o quemadura. Estaba impoluta e intacta, como si el muro que era su mirada también se extendiese por toda su piel y la ocultase de todo filo y explosión posible.
—Hay un miembro de mi familia que necesito que mates. Puedes ensañarte tanto como siempre —Y así, a centímetros de su cara, la sintió asentir sin contemplaciones. El frío de sus ojos solo podía ser evitado a través de las gafas de sol que siempre empleaba.
—Dame aspecto y lugar y te entregaré su cabeza en perfecto estado como trofeo.
Tan profesional y directa como siempre, limpió su katana en su manga y la enterró en su funda, cerrando aquel pedido. Cada contrato empezaba con su hoja limpia y terminaba con ella desenvainada y goteando vísceras. Solo para deleitarse en su propia creación. Solo para demostrar de lo que era capaz si era necesario. Ella nació a través de la sangre y de ella creó el pavor a su nombre que forjó su espada y leyenda fantasma.
—Eres un regalo del infierno más negro que pudo dar la existencia humana, Kama.
—Yo no soy un regalo, soy un portavoz.
Aquellas dos simples oraciones hicieron que la piel se le erizase y su sonrisa se ensanchara. Kama no era ninguna alma inocente a su propia existencia terrible. Sabía lo que representaba y lo que querían de ella. Y nada la desagradaba.
Mató, desmembró, cercenó, degolló, destripó, descuartizó. Todo en su nombre y sin la menor contemplación. Su propio instinto asesino le daba más juego que todas sus propuestas infantiles en comparación. El olor a sangre se había pegado a su piel tanto como la carne entre sus uñas.
Ni al pedirle que matase a alguien de su mismo título titubeó. Aquella fue la primera vez que sintió emoción en sus ojos. El deseo de doblegar a quien se creía en la cima. Doblegarlo hasta que su cabeza quedase a la altura de sus rodillas. Todo su cuerpo había disfrutado aquella aventura y, al ejecutar aquel contrato y él ir a comprobar por sí mismo su masacre, contempló la primera sonrisa de Kama. La primera ocasión en la que se sintió acompasada por su rival y, después de dejarlo caer, sus dedos se sintieron en paz por primera vez. Había dejado caer su katana, se había arrodillado y había arrancado con sus propias uñas las entrañas de aquella víctima. Por fin un trofeo nuevo que la hiciese sentir otra vez humana.
Al acercarse, Kama nunca se sobresaltó ni se impresionó. Alzó aquellos ojos fríos hacia él, donde pudo ver por primera vez la niebla de la gloria escapándose por sus facciones hasta levantar una comisura de sus labios. Volvió a agacharse hasta quedar a su altura. Sin contemplaciones invadió su boca, introdujo su lengua y aferró su cuello con fuerza para que no pudiese escapar. Mordió su labio inferior hasta hacerla sangrar, hasta que ella reaccionase del mismo modo mordiendo incluso su lengua, clavando sus uñas en su espalda y tirando de su camisa hacia ella con el hambre voraz que la caracterizaba. Sus lenguas parecían no querer parar, no sentirse a salvo si no absorbían la saliva del otro y aplastaban el cuerpo del otro contra el suyo hasta hacerlo sangrar. No se detuvieron siquiera por la falta de aire. Deseaban demasiado devorar a la persona que podría llegar a devorar el mundo si ellos no se adelantaban.
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Retazos; One Piece x OC
FanfictionColección de one-shots de One Piece con la inclusión de OC. Puede haber parejas de todo tipo. ©Los OC me pertenecen íntegramente y no se permiten copias de los mismos, incluidos los relatos en los que aparecen. © Los personajes de One Piece pertenec...
