Hacía tiempo que Noemí se había llevado a Julia por esa puerta con la excusa de que le dolía la barriga e iban al médico.
Estaba preocupado y roto por dentro. No quería imaginarme como se sentía Julia.
Yo no podía entender como lo pasaban las mujeres al caminar de noche por la calle y cuánto miedo tenían en esas circunstancias, pero el haber visto la cara de pánico de Julia anoche, me había removido el alma.
¿Qué ser tan malvado, podía, a día de hoy, seguir haciendo esas cosas? ¿Qué enfermo mental podía hacer tanto daño a otra persona solo por pasar 5 o 10 minutos felices? ¿Por qué? ¿Cómo podría dormir después de eso?
No lo entendía. Si no te quiere alguien, ya te querrá otro, pero no hagas eso.
A mi novia le iba a quedar un trauma para siempre, ese cabrón le había jodido la vida. Ese gilipollas la había destrozado.
Aunque no le había dado tiempo a penetrarla, ya la había violado.
¿Por qué no supo entender un no? ¿Por qué tuvo que hacerle eso?
Suspiré y le pegué una patada al vater y algún puñetazo a los objetos que habí en el baño.
Cuando mi mano empezó a sangrar frené y apoyé mi peso contra la pared, para después, llorar en silencio.
Cada vez sollozaba más alto y gritaba algún que otro insulto hacia aquel demente.
Cuando estaba mas relajado me senté en la taza del baño.
Si Julia aparcía, tenía que verme bien, tenía que verme feliz.
Aquel día me juré a mí mismo que jamás dejaría que un hombre hiciera daño a una mujer.
Yo ya era feminista, pero ese desde ese día, lo era mucho más.
No era no.
No es no.
Y no será no.
Y nunca dejaría que existiese ningún tipo de machismo en el mundo.
Me jodía que tuviera que haber ocurrido eso para darme aún más cuenta de la mierda que era el machismo, me jodía mucho.
Pero no iba a permitir que ninguna mujer sufriera algún daño si yo podía evitarlo, y menos mi Julia.
Sabía perfectamente que las mujeres podían solas con su lucha, porque son fuertes.
Pero yo iba a ayudarlas en todo lo que mi cuerpo pudiese.
