- Lo he hecho todo mal.- afirmó entre sollozos.
La veía tan vulnerable entre mis brazos que apenas sabía cómo actuar.
- No Julia, está todo bien.
- Te dejé para que Javi no te fastidiara y a mi me hizo daño...-me contó.- ya estoy bien Carlos... pero no doy... no puedo.
La abracé aún más fuerte. No sabía qué hacer para que se sintiera mejor.
- Te quiero... mucho.- me susurró.
- Yo también Julia, muchísimo.
En ese momento nos miramos a los ojos. Observé cada pequeño color que se pudiese distinguir en su iris.
- Qué guapa eres.- le dije y ella se sonrojó.
- Tú si que eres guapo.
Se sentó encima de mis piernas y giró la caneza para seguir mirándome a los ojos.
- He vuelto a ir a Sheila.- explicó en referencia a su psicóloga de la Academia.
- ¿Si? ¿Y qué tal?
- Estoy mucho mejor.
- Me alegro.- comenté para besar su mejilla.- Si es que eres muy fuerte.- agregué y la abracé todo lo fuerte que pude.
Nos levantamos y la agarré de los brazos. La guié bailando un tango para intentar animarla.
Le di vueltas y empecé a contemplar como una sonrisa volvía aparecer en su boca, entonces, me sentí mejor.
- Te prometo que ya estoy bien, ha sido un bajón.
- No pasa nada por estar mal un día, eh, locuela.- le dije dándole un pequeño golpe en la nariz y, de nuevo, sonrió.
Entonces se puso de puntillas y se acercó a mis labios. Estaba a pocos milímetros de su boca, apenas podía controlar mis impulsos.
Me abrazó la nuca con sus manos y se acercó aún más si eso era posible.
- Ahora sí, Carlos Right.- susurró y noté su aliento contra mi boca, en ese momento, me lancé a sus labios.
Con toda la pasión que había guardado durante mucho tiempo la besé, sin ni siquiera pensar en lo que estaba haciendo.
Juntando nuestras lenguas, mordiéndole el labio, arañándome el alma con mis emociones, sintiendo todas las mariposas del mundo revolotear en mi estómago.
Y es que, pasara el tiempo qu pasara, y conociendo a las personas que conciese, jamás iba a encontrar a alguien que me hiciese sentir como Julia.
