Capitulo 28

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2 días después...

Maia Afrodita Zabat.

Ya viernes por fin. Y gracias al cielo la maestra no le reporto a mi madre que había faltado el miércoles luego de la fuesta de Evan más todo el show donde los Ledger. Ayer se cumplió recién una semana de haberle conocido a Leo, pero como de costumbre desde el incidente de la ducha, le ignoraba todo aquel mensaje suyo o que terminara en Legder.

El día de clases de ayer anduvo común, lo único que recuerdo es haber usado una gran sudadera negra más mi falda escocesa y unos audífonos mientras jugueteaba con mis apuntes. Me parece que no comí nada en todo ese día, pero en la noche Aga me obligo a tragar un par de bocados de spaghetti.

Hoy con unas ojeras enormes, sin intención de resguardarlas, me vestí igual que ayer y me vine a la escuela para terminar esta horrorosa semana, y ojalá no distraerme más de mis estudios.
Me tocaba como último periodo educación física, donde nos tuvimos que cambiar a ropa deportiva. Se me ocurrió usar unos leggings negros con malla negra a los lados más una camiseta negra con brazos pegada al cuerpo.
En una coleta de lo más despeinada salimos al gimnasio de la escuela todos los alumnos, donde las faldas de cheerleader, camisetas de rugby y más rondaban de un lado a otro.

—Maia.—Rena llegó corriendo mientras tropezaba con los cordones de sus zapatillas.—¿Estas lista para correr? Porque yo no. Me voy a saltar de clases, ¿vienes conmigo?

Reí mientras me incentivaba a saltarme el periodo, pero no me podía sacar la idea de mi mente que tal vez matarme corriendo o haciendo actividad física me sacaría los pensamientos de Federico y su gran aparición.

—Para la siguiente.—se ofrecí una linda sonrisa en cuanto ella se fue disparada hacia los camerinos. Seguramente saldría por la ventana de por ahí y se iría a Bob's, un restaurante de hamburguesas famoso por jóvenes que iban luego de la escuela.

El profesor con su silbato nos indicó que empezáramos a dar vueltas en la cancha sin parar, corriendo o trotando, mientras acomodaban un set para jugar a los quemados con las pelotas de goma. Por un segundo me arrepentí de no haber seguido a Rena pero forzando más mis piernas aquel pensamiento, paro.
No dejaba de agradecerle al mundo que Evan, Agatha y Cole estaban en un año mayor que el mío, por lo que no les vería en clases, beneficio para mi debido al otro mal rato que pase por la culpa de Cole donde Evan.

—Vamos a tomar agua.—el profesor nos paro luego de veinte minutos sin descanso en cuanto todos corrimos a camarines para beber un sorbo de agua y volver al juego. Aproveche luego de refrescarme, hacerme otra coleta frente al espejo percatándome que llevaba mi collar que mi padre me había regalado. Se me había olvidado sacármelo por lo que fui hacía los casilleros de ropa donde lo deposite suavemente junto a mi móvil pero un repentino golpe de la puerta roja metálica del locker casi me aprieta las manos.

—¡Bu!—inexplicablemente Leo nuevamente estaba al asecho pero en mi puta escuela.

—¡Leo!—aúlle en cuanto corrí hacia la puerta que daba al gimnasio y la cerré con pestillo al igual que la que daba a los pasillos de la escuela.—Que mierda. ¿Que haces acá?

Estaba enojada, molesta e irritada por su presencia. No le había visto por dos dias, y aunque lo deseara, no me lo podía permitir. Era un controlador y gilipollas que buscaba únicamente cagar a la gente con su superioridad.

—¿Porque no me contestas mis mensajes?—me devolvió la pregunta mientras su mano estaba apoyada un poco más arriba de mi cabeza dejándome acorralada contra el.—¿Te das cuenta que sales con un asesino en serie verdad?

Bromeó mientras rodé los ojos todavía en frente de el. Iba vestido con una camisa negra abierta dejando ver una cadena de plata y unos vaqueros negros.

—Es broma.—río en cuanto vio que no le respondía.

—Si no te contesto es porque no quiero hablarte, ¿o no?—bufé mientras trataba de salir de ahí pasándole por el lado pero dio un paso largo quedando nuevamente en frente mío y agarrándome la cintura me pego contra los casilleros haciendo que resonaran fuertemente, asustándome un poco.

—¿Y porque no me quieres hablar?—musitó en cuanto se acercaba mas a mi.—¿Te cansaste de mi?

—Porque lo único que hago contigo es ponerme en peligro.—mascullen todavía con sus manos en mi cintura y las mias pasaron de estar pegadas a los casilleros a ponerlas encima de las suyas tratando de sacarme.

—Ni lo intentes.—susurró en cuanto mis manos le apretaban las suyas, pero obviamente ni podría, tiene el doble de fuerza que yo y eso lo odiaba.

—Leo, nos conocimos hace una semana. Una puta semana y no me haz dejado de acechar desde entonces. ¿Podemos imitar que estos últimos 7 días no existieron y cada uno con su vida?—pregunté más irritada de lo normal mientras temia que alguien se avecinara por las puertas con seguro.

—Mmm... no.—sonrió juguetonamente.—No quiero olvidar nada.

—Yo si.—respondí pegando mis manos esta vez en su duro torso para que dejara de aventarse hacia mi.

—¿Enserio? Me molestaría saber que deseas olvidar esto...—en vez de acercar su cabeza sus manos bajaron hacia mis caderas apretándolas hacia el, mientras un suspiro salió de mis labios, aunque no quería ir sucediera.—Sería una pena que olvidaras esto...

En un ágil movimiento sus manos salieron de mis caderas y me agarraron las muñecas que seguían sosteniendo su pecho mientras su aroma me pegaba. Yo debería estar sudada y horrible pero pareciera ser que eso a él no le importaba en absoluto...

Mis manos se estrellaron por los dos lados de mi cabeza sin escapatoria, amarrándome a el. Mis piernas trataron de salir pero su vientre se apretó contra el mío inmovilizándome para luego ver como sonreía.
Sin hablar en absoluto, se acercó hacia mi y rozó mis labios con los suyos mientras sentía su respiración agitada pegando contra mi.

—Una pena.—susurro contra mis clavículas en cuanto deposito un lento beso entre mi cuello y ellas.

Luego me soltó sin previo aviso mientras tenía mis labios no del todo sellados debido a la impresión de sus acciones. Hizo un gesto de culpable y arreglándose por última vez su cinturon me miró.

—¿Quieres olvidar eso?—preguntó un poco más serio mientras mis manos tiritaban.—Responde Afrodita.

Estaba hablando con un tono duro pero las palabras no salían de mi boca, me costaba.

—¿Como es que hay gente que anhela estar contigo?—pregunté un poco asfixiada y con falta de palabras.

—¿Tú no quieres?—preguntó nuevamenye.—¿O soy muy ilegal para ti?

Continuará...

Sombras que aman (borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora