Caleb Jazub
Entramos al apartamento y la escena que veo es patética, veo a hombres en el suelo aún inconscientes, algunos que acaban de recobrar la consciencia se agarran de las paredes mientras caminan, otros están con heridas sangrantes y narices rotas. Los hombres que siguen en pie van hacia el segundo piso donde supongo que está el resto, e Ikor sigue en el suelo pegado a la pared.
- ¿Sigue vivo? – me susurra Alexander, y su pregunta se responde cuando suelta un quejido – olvídalo, sigue respirando.
Les indico a mi hombres que le retiren la capucha que le han puesto y cuando se la retiran ella tiene la mirada puesta en nosotros. Está enojada, su mirada lo dice todo y como el infierno si no es lo más caliente que he visto, sigue pareciéndomelo aunque en sus ojos haya deseos de matarme. Observo su cuerpo, de arriba hacia abajo, con la excusa de encontrar heridas que requieran de asistencia, sin embargo parece leer detrás de mis intenciones y eleva una ceja ensangrentada.
Cuando escucho que murmura algo, asiento para que le quiten la mordaza.
- Tengo cortes solo en el rostro y un poco en el brazo por la caída – voltea a ver a Ikor – tú, el que está viendo a la pared, agarra hielo y póntelo en las bolas, si es que las encuentras – dice esto último con burla.
- Lo haría yo mismo si pudiera caminar – le recrimina con voz sofocada a lo que ella bufa.
- Parece que tenemos al cascanueces enfrente nuestra – dice Alexander sentándose en el sofá cómodamente y ella lo ignora.
- El que tiene la nariz chueca, agarra hielo para... – mira de nuevo hacia Ikor y el reconocimiento atraviesa su rostro – yo te conozco, al parecer siempre terminas herido, deberías considerar un cambio de profesión – se mofa.
Alexander toma a Ikor y lo coloca en el sofá con él, ordena a mis hombres a traerle hielo y se lo dan. Observo todo a mi alrededor y me acerco a la ventana, no nos han informado de la presencia de la policía.
- ¿Cómo te sientes, Ikor? – pregunta mi padre.
- Siento las bolas en la garganta, señor – dice una vez sentado y dirige su mirada a Rateel – ¿era necesario eso?
- No lo sé, ¿era necesario que entraran en mi casa, me golpearan y me amordazaran? – pregunta mirándome con una ceja alzada.
- Si, lo era, tenemos cosas que discutir aun – me mira con la boca abierta y parpadea varias veces.
- Claro, porque es super normal hacer todo este teatro para eso – dice mientras una sonrisa irónica se pinta en su rostro – ¿cuáles son las verdaderas intenciones?
- Tengo respuestas a tus dudas – ignoro su pregunta – así que vine a conversar.
- ¿Y no pudiste pedirlo como una persona normal? No lo sé, probablemente sin tener que mandar a tus mastodontes a atacarme.
El motivo detrás de todo esto lo dejaré oculto, ya tengo lo que necesito; solo necesito tiempo para preparar todo para lo que pasará, la decisión ya está tomada y nada me impedirá tomar lo que he proclamado como mío.
- Disculpa las formas arcaicas de Caleb, recomendé algo más pacífico, pero él es quien toma las decisiones ahora, ¿necesitas asistencia médica para tus heridas? – le pregunta mi padre con voz suave y yo no me pierdo la reacción al enterarse quién soy.
- Bueno, mierda, no me siento muy sorprendida por ello honestamente – suspira y niega con la cabeza – estoy bien, nada demasiado grave.
- ¿Por qué no? – cuestiona mi hermano.
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Krovozhadnyy
ActionLo dicen los adultos y por consecuencia nosotros: la vida es una montaña rusa. Por la momento estas yendo de fiesta con tus mejores amigos, y en un dos por tres estas en medio de una balacera sin saber que el destino te iba a hacer una pésima jugada...
