CAPÍTULO 64. TORTURA

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Caleb Jazub

El ambiente dentro del bunker es frío, se encuentra bajo tierra y se necesita de un código para entrar, puedo hacer lo que quiera sin interrupciones. En mis terrenos poseo almacenes y casas donde mis hombres pueden torturar a los prisioneros a su antojo; este lugar es una especie de santuario, donde puedo sacar a la bestia en mi interior.

La tortura me parece algo tan artístico, un poco demente de mi parte considerar aquello que otros consideran aberración como algo tan bello. Pero ver como las paredes y el suelo se manchan de sangre, oír la sinfonía de los gritos y ver como se retuercen, todo por obra de tus propias manos es algo tan... excitante.

Es por eso que ver desde mi trono como la rata traidora se retuerce en su lugar intentando -inútilmente- escapar me resulta tan placentero. Estoy jodidamente ansioso por oírlo suplicar por piedad, mi interior ruge por respuestas, quiero de regreso lo que siempre me perteneció y me quitaron.

- Has trabajado para mi desde hace años, sabes cómo operamos, estuviste ahí cada que destruía a mis enemigos y aun así te atreviste a traicionarme – abro las piernas para relajarme en mi trono, mi espalda descansa contra el respaldo mientras mi codo derecho esta sobre el reposa brazos – o eres muy estúpido o tienes los huevos del tamaño de un rinoceronte.

- No te tengo miedo, puedo tolerar lo que sea – escupe al suelo y rio, puedo oler su miedo desde mi lugar.

- Aparte de imbécil, mentiroso – me inclino hacia adelante y coloco mis codos en mis rodillas – quiero respuestas y vas a dármelas.

- No podrás hacerme hablar – dice mientras me levanto en busca del primer artefacto.

- Si bueno, ya veremos – me acerco a él con unas pinzas en mi mano.

Lo veo y traga saliva al ver lo que hay en mi mano, está nervioso y disfruto saber que más adelante lo haré orinarse encima del miedo. Tomo su mano izquierda y coloco las tenazas en medio de sus dos falanges haciendo presión en el hueso justo en su dedo corazón.

- ¿Entonces no vas a decir nada? – pregunto con inocencia.

- Mi respuesta es la mis... – presiono las pinzas escuchando el sonido de su hueso rompiéndose acompañado de sus gritos "música para mis demonios".

- Veremos si dices lo mismo después de quedarte sin dedos.

Comienzo a romper los huesos de su mano, sus gritos y groserías me ponen eufórico, es como si hubiera dormido por horas, me siento revitalizado y con ganas de más. Dejo el pulgar como único dedo sin romper y coloco la pinza en su sitio, me doy la vuelta y veo como las lágrimas resbalan por su cara, "llorón".

- ¿Qué ganabas tú haciendo todo esto? – me pongo serio, ya jugué lo suficiente y no dispongo de mucho tiempo.

- Ver a un imperio derrocarse – responde agitado – además de un puesto importante en la mafia de Chicago – rio a carcajadas sin gracia alguna.

- Neveroyatnyy"increíble" – definitivamente eres un imbécil.

Me acerco a él y tomo la palanca a un lado de su silla para recostarlo. Su traición me es indiferente, es una persona insignificante en mi vida y en mis filas; lo que me enfurece en infinitas cantidades es que Rateel está sufriendo por sus jodidos delirios de grandeza.

- ¿Te das cuenta de la estupidez que hiciste? – sostengo su mandíbula con mi mano y aprieto – Marcus McCall no iba a darte un carajo, solo iba a utilizarte a su antojo para después deshacerse de ti.

KrovozhadnyyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora