CAPÍTULO 48. YAKUZA

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Caleb Jazub

La batalla que tenemos contra Chicago ha llegado a oídos de los Yakuza y a carteles latinoamericanos. Algunos pensaron que podrían meterse con nosotros, pero evidentemente terminaron mal. Tardamos en regresar precisamente por ese mismo motivo, estuvimos yendo de cacería tras las cabezas de los pobres pendejos con ínfulas de grandeza.

Antes de regresar nos encontramos con la sorpresa de ver miembros de la Yakuza robándonos cargamento, antes de volarles los sesos tuve una conversación con algunos de los miembros de dicha mafia. La respuesta fue sencilla: enemigos.

Tenía una tregua con Japón y el líder de la Yakuza, Nakamura Yahiko, por lo que me extraña en demasía que haya decidido cortar los lazos, hay algo detrás de esto y es justamente de lo que quería hablar con Rateel. Llevo esperándola varias horas en donde no se ha reportado ni mis hombres la han encontrado.

Salgo de mi despacho para ir a buscarla yo mismo y me detengo a varios metros de la puerta al verla llegar con su séquito. Se vienen riendo de no sé qué mierda, Erick le pone un brazo encima y su insistencia con el contacto físico hacia ella me tiene hasta el carajo porque es algo que no he podido hacer desde hace semanas.

Jodido privilegiado.

El ruido deja de importarme cuando hacemos contacto visual, ella deja de reír y me mira con seriedad.

- Ustedes suban, yo tengo cosas que hacer – me señala con la cabeza y Fernanda me mira de forma despectiva.

- Si necesitas algo, nos dices, traje las chanclas de mamá Juanita – le dice, me sigue causando gracia que piense que podría ponerme un dedo encima.

- Yo quiero ver eso – dice Erick y después le da un beso en la frente – nos alcanzas luego, suerte.

Suben las escaleras y le hago una seña para que me siga, al darme la vuelta veo a Eiden y Alexander esperándome afuera.

- Bien, ¿qué ocurre? – pregunta una vez que todos estamos en el despacho.

- En nuestro viaje de negocios descubrimos varias cosas – comienza Alexander – en su mayoría malas.

- Debí haberme tomado este día – murmura – como sea, comencemos – toma asiento y Eiden comienza.

- Lo que ocurrió en Italia lo dejaremos para el final, sin embargo, cuando viajamos a Bolivia nos encontramos con el grupo insurgente que estaba causando problemas, evidentemente controlamos la situación, pero nos encontramos con otra sorpresita.

Le da un legajo lleno de lo que encontramos y ella comienza a analizar las imágenes, dejo que se tome su tiempo y cuando llega a la última fotografía, puedo ver como una de sus cejas se alza.

- ¿Por qué hay un símbolo de la Yakuza en los contenedores? – nos mira a cada uno.

- Nos pareció bonito y lo pusimos de adorno – respondo sarcástico.

- Reformulo mi pregunta para retrasados como tú, ¿por qué la Yakuza se está metiendo con nosotros? – me sonríe.

- Es lo que no sabemos – responde Alexander por mi – se supone que teníamos una tregua entre nosotros, pero tal parece que se terminó.

Respira hondo y se recarga en su asiento, inclina la cabeza hacia atrás y mira el techo, como si intentara recordar algo. Desde mi asiento tengo una buena vista de su cuello, ese por el que he ansiado tanto en estas últimas semanas.

- Recuerdo algo que había dicho mi padre – dice aún pensativa.

- ¿Sobre la Yakuza? – pregunta Eiden extrañado.

- Si, estaba en una clase de operativo y había agentes infiltrados en Japón, lo que encontraron es que hay una especie de grupos fuera de la Yakuza.

- Explícate – exijo.

- Sabemos que la Yakuza es el grupo criminal más peligroso de todo Japón, por lo tanto, el más poderoso, sin embargo, no son el único grupo.

- Por supuesto, solo que aquellos grupos son controlados y pagan una cierta cuota para no ser eliminados del mapa – complementa Eiden.

- Bueno, hay una especie de subgrupo, el creador original inició todo con el fin de acabar con la Yakuza, obviamente fue un error. El heredero se dio cuenta de esto y cambió todo, digamos que ahora son una banda que sobrevive sin necesidad de dar cuotas, no joden a la Yakuza y ellos no los joden de regreso.

Se levanta de su lugar y coloca las manos en el asiento para vernos a todos. Guardo silencio para escuchar la información otorgada.

- ¿Entonces fueron ellos? – pregunta Alexander.

- No, hay otro subgrupo, estos son la contraparte – toma aire –. Son una especie de insurgentes, van en contra de la Yakuza y están en una constante guerra con ellos.

- Entonces me supongo que son ellos, ¿por qué nosotros no teníamos conocimiento sobre esto? – cuestiono en voz alta molesto por la ignorancia sobre el tema.

- Porque es información interna – explica – la Yakuza no permite que esto se sepa porque sus enemigos pueden aprovecharse de esto y aliarse con esos insurgentes.

- ¿Qué no les conviene también a ellos? – pregunta Eiden.

- No, porque los aliados de la Yakuza podrían borrarlos del mapa, es más cuestión de orgullo, mi padre lo sabía por el infiltrado – termina y guarda silencio.

Analizo la información en mi cabeza, el grupo insurgente me está dando problemas y el que estén firmando sus robos con la marca de ellos, vuelve las cosas peligrosas, más si ellos no tienen conocimiento, sin embargo, no hay forma de saberlo con exactitud.

Puedo solicitarle al líder que me entregue la cabeza de esos tipos o dejarme entrar a su territorio para acabar yo mismo con todo, pero no es un conflicto que pueda arreglar en una simple llamada.

- Alisten las maletas – menciono una vez tomo la decisión – solicita el avión de la sección 5 y prepara a los hombres – le digo a Eiden.

- ¿Maletas? – pregunta Rateel confundida.

- Si, nos vamos a Japón – le respondo y abre la boca para refutar – no es opcional zmeya, aun trabajas para mí.

Me mira molesta y murmura un "ya lo sé, imbécil" antes de salir a mi despacho. Las cosas a partir de ahora se harán más peligrosas si no actuamos con prudencia, el más mínimo conflicto puede desatar un infierno.


Capítulo editado.

Besos en las nalgas, chao.


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KrovozhadnyyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora