Caleb Jazub
La tensión está latente en el aire, los soldados ya han bajado del avión mientras que los míos siguen sobre la rampa. Alexander y Eiden se encuentran a mi lado mientras que Rateel se mantiene a mi izquierda, desde nuestra discusión su rostro se ha ensombrecido y la rigidez de sus hombros no se ha ido.
Probablemente se deba a que estamos en el comando a donde alguna vez su padre perteneció. Y que siga enojada conmigo por no haberle dicho nada. "Estúpido".
- Los llevaremos a mi base aquí mismo en el comando, pero antes de eso el general quiere verlos – antes de hablar escucho la risa seca de Rateel.
- Yo no pienso ver a ese idiota – intenta irse, pero los soldados se interponen en su camino – se mueven o los muevo.
De reojo veo al general acercarse, me giro por completo y camino hacia él para no hacer más largo todo esto. Sin embargo, parece que lo hago en vano, porque los otros dos imbéciles me siguen en lugar de encargarse de que Rateel no mate a los soldados de cuarta.
Aunque puedo dejar que se divierta y descargue se enoje un rato.
- Señor Jazub, bienvenido al comando – me da la mano y su aroma llega a mis fosas nasales.
- General Levine – le doy un asentamiento y en cuanto sus ojos se dirigen a mi espalda, me tenso.
- Señorita, ¿nos conocemos? – algo en su mirada cambia en cuanto logra reconocerla, no me gusta nada – imposible, ¿Maddcro?
- Levine, tiempo sin vernos las caras – se coloca a lado mío y sus miradas chocan – esperaba no verlo jamás, pero las cosas cambian, ¿por qué es imposible que yo esté aquí?
- Bueno – lo veo tragar saliva – la última vez que estuvo aquí fue cuando...
- Cuando se deshicieron de mi padre, lo sé – Rateel le da una sonrisa forzada.
- Debería saber que...
- ¿Terminamos? – se gira a verme y no le importa darle la espalda al general, el cual se endereza ante su acto – no quiero perder el tiempo con escorias.
Asiente y se abre paso entre mis hombres, algunos de ellos la miran asombrados por el desplante que acaba de hacer y algunos más se encargan de seguirla y asegurarse por su seguridad. Aún tiene su escolta asignada, los demás la siguen con la mirada, supo ganarse a esos animales.
- Sigue siendo una maldita perra – mi cabeza se gira bruscamente ante la forma en la que la ha llamado.
- Cuidado, no quiero enterarme que volvió a llamarla de esa forma – lo amenazo y le doy la espalda escuchándolo respirar profundo.
Las camionetas ya están esperando por nosotros, Alexander y Eiden irán en otra, quiero estar con ella más tiempo. Ikor está al volante y el camino a la base del muñequito es en completo silencio. Su silencio me inquieta.
- ¿Eiden habló contigo sobre lo que ocurrió? – habla por fin.
- No hemos tenido tiempo de hacerlo – me giro a verla para descubrir que ella ya lo estaba haciendo – pensaba que tú lo harías.
- En parte sí, en parte no – le hago un amago para que continúe – ¿Qué tiene de importante el cargamento con armas especiales?
Aprieto mi mandíbula. "¿Cómo carajo sabe ella sobre eso?"
- ¿Qué sabes sobre él? – pregunto intrigado
- Nada, por eso lo pregunto – me mira obvia.
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Krovozhadnyy
ActionLo dicen los adultos y por consecuencia nosotros: la vida es una montaña rusa. Por la momento estas yendo de fiesta con tus mejores amigos, y en un dos por tres estas en medio de una balacera sin saber que el destino te iba a hacer una pésima jugada...
