Gabriella
Llevaba doce años sin pisar está ciudad, no esperaba volver después de todo lo que pasó, pero no podía ignorar aquella llamada del hospital informando que mi hermano había tenido un accidente en su trabajo y está hospitalizado grave. Me imagino cuál es su trabajo y resulta repulsivo que lo hagan ver tan mundano. Él podía aspirar a más, siempre fue muy inteligente, aunque ahora mismo estoy dudando de su intelecto. Desconozco en que momento me nombró su contacto de emergencia, no se le ocurrió que en ciertas situaciones necesita a alguien que pueda acudir con urgencia.
En parte estoy agradecida, me considera importante para algo así. Desde la partida de mi madre y mía a España solo nos hemos visto un par de veces por año y llamado por teléfono alguna vez al mes, él fue el único que nos creyó y ayudo en la distancia. Sea como sea, aquí estoy, volviendo a mí ciudad natal en una de las peores situaciones.
Miro el cielo nublado que cubre el manto de estrellas sobre la ciudad Nápoles, detallo a las personas que caminan ajenas a mi escrutinio y el mar de coches que rondan las calles en una noche demasiado concurrida. Nunca me gustó el tráfico de las ciudades y no hay cosa que odie más que viajar en taxi, pero necesitaba transporte del aeropuerto al hospital. Cuando salga de allí me las apañaré para conseguir un coche de alquiler y ser una loca más sobre cuatro ruedas.
Una vez llegados a mi destino, pago al conductor y me adentro en el hospital arrastrando mi maleta con desgana, no me gustan estos lugares, mucho menos tras la muerte de mi madre. Solo espero que mi hermano no sufra el mismo destino.
— Perdone. ¿La habitación de Luca Vitale? — La mujer de recepción me mira aburrida.
— El horario de visita comienza a las diez, vuelva por la mañana— responde en italiano.
— Ustedes me llamaron hace unas horas.
Lee un papel sobre la mesa y vuelve a su pantalla sin responder, realiza un par de llamas en las que soy consciente que no estoy siendo mencionada y finalmente voltea con cara de pasa hacia mí.
— No se permiten visitas.
— ¿Y eso quién lo ha decidido?
—Supongo que la familia, no lo sé. Son órdenes de arriba, yo solo lo transmito.
— Me da igual de donde vengan. Soy su hermana, me llamasteis porque era su contacto de emergencia y tuve que coger un avión hace unas horas para estar aquí. — Estoy tan enfadada por la falta de sueño que decido tirarme un farol. — Así que vas a dejarme pasar o voy a llamar a mis abogados, la demanda no irá solo para el hospital por tomar una decisión sin consultarme, por actuar sobre mi hermano sin mi permiso, — aclaro sin recordar que mi progenitor también entra en la ecuación mientras hablaba, pero continuo, —sino que también me encargaré de que la despidan y no pueda volver a encontrar trabajo.
No sé si todo lo que he dicho es posible, me lo acabo de inventar porque nunca he tratado ningún embrollo legal de este tipo, pero la gente suele hacerse caca cuando se le hablan de abogados y acompañado del apellido Vitale...Tanto, que la mujer frente a mí vuelve a tomar el teléfono, solo necesita cuatro palabras y...
— Habitación 406, suba en los ascensores de la derecha, quedan más cerca— señala junto a una máquina expendedora.
— Gracias. ¿Ves como no era tan difícil?
Avanzo hacia el ascensor dejando que el olor a desinfectante, que tanto baña el ambiente de estos edificios, cale en mis cosas nasales. Según voy acortando el espacio hasta la habitación siento náuseas.
El aroma me resulta asfixiante y los recuerdos más.
En la mente solo presento los peores escenarios y las más dramáticas de las suposiciones que se me podrían ocurrir. Realmente no sé cómo está Luca, ni lo que veré, no podían darme información por teléfono, mejor dicho a María, pero me come el miedo de que sea tan grave que pueda morir.
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Inevitable Destino
RandomUn mundo en que la sangre se paga con sangre, la palabra del capo es la ley. Gabriella Vitale lleva años lejos de sus raíces, libre del yugo del deber para con la familia. Disfrutando de su vida cómoda y relajada, intentando olvidar aquello de lo qu...
