Capítulo #8 - Atrapados

31 4 4
                                    

Narra Maria Elisa

Cuando llegamos al canal, cada una se fue por su lado pues teníamos llamado en diferentes locaciones. Caminé hacia el elevador y presioné el botón para subir. Esperé unos segundos hasta que la enorme caja de metal se abrió, me dispuse a entrar y justo cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, una mano se asomó entre ellas, haciendo que volvieran a abrirse.

****: ¿Maria Elisa?...

Era él, era mi Robi. Mi corazón comenzó a latir con tanta rapidez que parecía caballo desbocado. Hacía una semana que no lo veía y para mi parecían años. Traía la barba un poco descuidada pero seguía igual de guapo que siempre.

María Elisa: Roberto... (le sonreí nerviosa)

Roberto: (dándome un corto abrazo) ¿Cómo estás?

María Elisa: Bien... ¿y tu?

Roberto: Bien...¿para cuál piso vas?

María Elisa: Piso 8

Apretó el botón número ocho, seguido del seis y ambos nos quedamos en silencio, esperando llegar con rapidez a nuestro destino, pero las luces se apagaron y el elevador se detuvo.

María Elisa: ¿Qué pasó?

Roberto: Parece que se fue la luz.

Las luces se volvieron a encender, pero el elevador no se movió. Comencé a presionar los botones con la esperanza de que las puertas se abrieran, pero fue inútil.

María Elisa: (respirando algo agitada) No puede ser, estamos atrapados

Roberto: Cálmate, ya vendrán a sacarnos

María Elisa: ¿Y si no saben que estamos aquí?

Roberto: Claro que lo saben, acabas de presionar el botón de emergencia

Saqué mi celular para llamar a Cristina, pero la pantalla me indicaba que no tenía señal. Comen a sentir que la respiración me estaba faltando, mi cuerpo estaba sudando frío y estaba un poco mareada.

Roberto: ¿Maria?

Maria Elisa: (agitada, hice fuerzas y traté de abrir las puertas con mis manos) Necesito.... Salir.... De aquí

Roberto: Hey (me tomó del rostro) mírame, estás conmigo, estás bien, pronto saldremos de aquí

Maria Elisa: ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?

Roberto: (acariciando mi mejilla) No lo se cariño, pero si te alteras el tiempo se hará eterno

Me senté en el suelo, me llevé las manos al rostro y comencé a llorar por la desesperación. Me sentía ridícula, como una niña cuando hace berrinches, pero la realidad es que acababa de descubrir que era claustrofóbica. Roberto se sentó a mi lado y me abrazó.

Roberto: Todo estará bien

Maria Elisa: (entre sollozos) Solo quiero salir de aquí

Roberto: ¿Tienes agua?

Maria Elisa: (con voz ronca) En mi cartera

Robertó sacó una pequeña botella de agua de mi cartera, sacó un pañuelo de su bolsillo, lo humedeció un poco y lo pasó por mi cuello, mejillas y frente.

Roberto: ¿Mejor?

Maria Elisa: (asentí con la cabeza) ¡Gracias!

Agarré una liga que traía en mi muñeca y recogí mi cabello. Cerré los ojos, por un momento, y comencé a hacer inhalaciones profundas para tratar de calmarme. Ambos nos quedamos mirando hacia las puertas, deseando que se abrieran. No sabíamos qué más hacer, estar en esta situación junto a Roberto era demasiado incómodo.

Media hora después, seguíamos encerrados y el silencio que había entre ambos se estaba convirtiendo en tortura. Así que Roberto decidió romper el hielo.

Roberto: ¿Cómo has estado?

Maria Elisa: Bien, todo bien. ¿Tu qué haces aquí?

Roberto: Me llamaron para casting

Maria Elisa: ¡Oh, qué bien! Supe que llamaste a Cristina para preguntar por mí, gracias por preocuparte.

Roberto: Siempre me preocuparé por ti

Sonreí, Roberto era el hombre perfecto, todo un caballero, ese que cualquier mujer desearía tener a su lado y al que yo había dejado ir para siempre. Levanté la mirada y me encontré con sus ojos, el espacio entre nuestros rostros comenzó a acortarse. Sentí cómo su respiración comenzaba a agitarse de a poco y entonces no pude contenerme más. Lo besé, pero no era un beso suave y mucho menos tierno. Lo besé con pasión, lo besé con deseo, mi cuerpo pedía a gritos que me hiciera suya allí mismo.

Él respondió al beso de la misma manera, bajó sus besos a mi cuello y en ese punto ya nada me importaba. Llevé mis manos al borde de su pantalón pero él me detuvo y en un movimiento rápido, me agarró de la cintura e hizo que ambos quedáramos arrodillados frente a frente, mientras mis brazos rodeaban su cuello. Volvimos a besarnos, con desespero, sus manos se perdieron bajo mi camisa para acariciar uno de mis pechos y justo en ese instante, las puertas del elevador se abrieron y el primer rostro que vimos fue el de Cristina.

Cristina: Vaya, vaya, vaya.... nosotros preocupados por ti y estabas muy bien acompañada

Me agarré del barandal para ponerme de pie pero todo comenzó a darme vueltas, y si no fuese por Roberto que se levantó rápido y me sostuvo, hubiese terminado en el suelo.

Roberto: (agarrándome por la cintura) ¡Te tengo!

No sabía si era por el calor, por los nervios de volver a ver a Robi, por el susto del encierro o por todo, pero me estaba sintiendo fatal.

Roberto: Flaca, ¿qué tienes? (acarició mi mejilla)

Maria Elisa: Estoy muy mareada (murmuré)...(miré a Cristina) ¿por qué tardaron tanto?

Cristina: Vinieron lo más rápido que pudieron, ¿estás bien? (con tono de preocupación)

Roberto: Está pálida, creo que es mejor llevarla al área de enfermería

Maria Elisa: No, no es necesario. Ya se me va a pasar...

Cristina: De ninguna manera, (mirando a Roberto) ¿la llevas, por favor?

Roberto: Claro

Eran dos contra uno, y la verdad no tenía ánimos de ponerme a discutir con ellos, así que no me quedó de otra que aceptar. Allí me revisaron, me tomaron signos vitales y como era de esperarse, estaba todo bien, mi malestar era producto de todo lo que acababa de ocurrir. Me regalaron una pastilla para los mareos y me dieron el visto bueno para regresar a mis grabaciones.

Roberto: Me alegro que todo esté bien

Maria Elisa: Te lo dije

Agarré mis cosas para salir de allí, pero él me detuvo.

Roberto: Maria, espera...

Maria Elisa: ¿Sí?

Roberto: Mis cosas todavía siguen en el apartamento, ¿te molestaría si paso esta noche a recogerlas?

No, no me molesta, me duele, me lastima, me arde, me hiere. En el momento en el que Roberto se lleve sus cosas, será oficial nuestro rompimiento y no estaba lista para eso, no estaba lista para verlo partir, no estaba lista para comenzar a imaginar mi vida sin él. En el fondo me preguntaba, si había hecho lo correcto al terminar con él... pero no se lo dejé saber y puse mi mejor cara.

Maria Elisa: (sonreí) ¡Claro, no hay problema! 

---------------------------------------

Nota de la autora: 

Ahora sí!! A petición de la amiguis (J), capítulo completo!! Espero que les guste! No olviden dejar sus comentarios! Los leo!

Xoxo, D

Sin QuererDonde viven las historias. Descúbrelo ahora