Capítulo #53: La fiesta de Dante 2

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Narrador externo

El ambiente estaba lleno de confianza, todos se conocían bien, lo que significaba que sabrían exactamente qué desafíos proponer y qué preguntas hacer para poner a prueba a los demás.

Dante: Yo quiero comenzar y elijo reto. (dijo con entusiasmo, su energía contagiaba a los demás)

Cristina: Tienes que quitarte una pieza de ropa. (con una sonrisa traviesa y sus ojos chispeando con diversión)

Simón: Uh, Cris, comenzamos intensos. (con tono bromista)

Dante no dudó. Con una confianza que rayaba en la audacia, se levantó y se quitó los pantalones sin titubear.

Dante: Sencillo (dijo, dejando claro que el juego apenas comenzaba). Te toca, Urbina.

Roberto: Elijo reto

Simón: Tienes que besar a la chica del lado. (dijo con una sonrisa divertida, claramente satisfecho con el desafío)

Dante: ¿En serio? Se la pusiste muy fácil.

La chica que estaba junto a Roberto era María Elisa. Ambos se miraron y estallaron en risas, sintiendo una chispa de complicidad. Roberto la miró a los ojos nuevamente, como pidiéndole permiso para cumplir su reto. Ella le devolvió la mirada con una sonrisa y asintió, sintiendo una mezcla de nervios y emoción.

Maria Elisa: Hagámoslo de una vez. (dijo riendo pero en el fondo sintiendo un torbellino de emociones)

Roberto acarició su mejilla con ternura antes de inclinarse para darle un beso suave y húmedo en los labios. Ella entreabrió ligeramente la boca, permitiendo que él profundizara el beso, y él la acarició con su lengua. María Elisa se acercó más a él, y sus labios parecían no querer separarse, compartiendo un momento lleno de conexión y deseo.

Dante: Woooh, ya es suficiente, era solo un beso, no que tuvieran sexo. (dijo riendo, rompiendo el hechizo que los envolvía)

María Elisa se apartó con delicadeza, pero sus ojos permanecieron fijos en los de Roberto, buscando algo que ni siquiera ella sabía que estaba buscando. Sentía su rostro arder, mientras un escalofrío recorría su espalda. No podía negar lo que ese simple beso había despertado en ella.

Roberto: Es tu turno, hermosa. (le susurró mientras no dejaba de sonreirle)

Maria Elisa: (respiró profundo, tratando de calmar el remolino en su pecho) Elijo... verdad.

Dante: ¿Le tienes miedo al reto? (bromeó)

Maria Elisa: Digamos que prefiero seguir vestida. (dijo entre risas, mientras todos a su alrededor compartían la carcajada)

Dante, siempre el que empujaba los límites, se quedó pensativo, buscando la pregunta perfecta.

Dante: A ver... ¿Amas a tu novio? Y ¿Por qué? Tienes que ser sincera.

La pregunta cayó como una bomba en la habitación. La sonrisa de María Elisa se desvaneció de inmediato, y su corazón se encogió en su pecho. Por un momento, no supo qué responder. Sabía que todos la estaban mirando, pero la única mirada que sentía quemar era la de Roberto.

Maria Elisa: (con voz temblorosa) Eh... pues... lo quiero mucho, ha sido un gran apoyo.

Roberto, que hasta ahora había permanecido en silencio, no pudo contenerse.

Roberto: Esa no fue la pregunta, Maria.

Las palabras la golpearon como una bofetada suave pero efectiva. El semblante de María Elisa cambió por completo. Sabía que era el momento de enfrentar lo que tanto había estado ocultando, pero no estaba preparada para hacerlo frente a todos. Sentía como si el aire en la habitación se volviera pesado, aplastante.

Maria Elisa: No, no lo amo porque mi corazón le pertenece a otra persona y si me discuplan, ya no quiero seguir jugando.

Se levantó de un salto y corrió escaleras arriba, buscando refugio en una de las habitaciones de la casa. Roberto, al verla huir, también se levantó y la siguió, sintiendo una mezcla de preocupación y urgencia. La buscó en cada cuarto hasta que, finalmente, la encontró. Ella estaba sentada en la cama, con las manos cubriendo su rostro. Él se acercó con cuidado y le retiró las manos suavemente, descubriendo unos ojos llenos de lágrimas que mostraban su tristeza. Ver su dolor le hizo sentir una profunda necesidad de consolarla.

Roberto: ¿Qué sucede hermosa? (preguntó con voz suave y reconfortante)

Ella no respondió, simplemente negó con la cabeza, sintiendo una mezcla de tristeza y confusión. Sin dudarlo, él se sentó a su lado y la rodeó con un abrazo fuerte, intentando transmitirle calidez y apoyo.

Maria Elisa: Ya no puedo más, Robi (comenzó a sollozar, sus palabras salían entrecortadas)

Roberto: ¿Es sobre lo que dijiste?

Ella asintió, sintiendo que ya no podía seguir reprimiendo lo que la carcomía por dentro. Con voz temblorosa y rota, finalmente dejó salir todo lo que había guardado.

Maria Elisa: (con la voz rota) No puedo fingir que no me duele verte con Carolina, no puedo engañarte diciendo que solo te quiero como amigo, la verdad es que te amo, y ya no puedo ocultarlo.

Roberto, sintiendo la intensidad de sus emociones, se inclinó hacia ella y la besó suavemente. En ese instante, María Elisa cerró los ojos, dejándose llevar por el momento. Una oleada de sensaciones la invadió, como si algo dentro de ella estallara, y un hormigueo recorría su cuerpo. Los labios de María Elisa se encontraron con los de él con una ternura palpable. Cuando finalmente se separaron, ella se sintió tan frágil que tuvo que recostarse en su pecho, buscando refugio en su abrazo.

Maria Elisa: (susurrando, con un hilo de desesperación en su voz) ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me besas así?

Roberto, sintiendo la vulnerabilidad de María Elisa, tomó su rostro entre sus manos, buscando que sus miradas se encontraran, intentando transmitir todo lo que sentía sin palabras.

Roberto: (su voz suave, pero llena de urgencia) Mírame, María. Yo también te amo.

Maria Elisa: ¿Y qué carajos hacemos tratando de ser felices junto a otras personas?

Roberto: No lo sé, tontos que somos.

Mientras acariciaba el rostro de María Elisa con su pulgar, ella cerró los ojos, permitiéndose sentir cada matiz de su toque, cada chispa que lo conectaba con ella. Era como si el mundo exterior se desvaneciera, dejándolos solos en una burbuja de emociones compartidas. Roberto acercó sus labios a los de ella, apenas un roce, pero la electricidad en el aire era palpable. Luego, comenzó a dejar una hilera de besos desde sus labios hasta su cuello, despacio, sin prisas, como si cada beso fuera una promesa silenciosa, una afirmación de lo que sentían el uno por el otro.

Maria Elisa: (en un susurro tembloroso) Roberto...

Roberto: (interrumpiendo, con una voz suave) Shhh, no digas nada, por favor.

María Elisa no dijo más y se dejó llevar, rodeó su cuello con sus brazos y volvió a besarlo, pero esta vez con deseo. Fue un beso ardiente, lleno de la pasión reprimida que habían guardado durante tanto tiempo. La intensidad del momento hizo que su corazón latiera más rápido, resonando con cada latido en su pecho. Las manos de Roberto se deslizaban por su espalda, atrayéndola más hacia él.

Ese momento tan íntimo fue interrumpido por alguien que entró a la habitación sin tocar y armó tremendo escándalo al verlos juntos. 

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Nota de la autora:

Este capítulo va dedicado a mi amiguis J. 

No olviden votar y dejar su comentario!! Gracias por leerme!!

Xoxo, D

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