Capítulo #45: Ficción o realidad

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Narra Maria Elisa

Los días pasaron sin que me diera cuenta, tras ese primer encuentro con Roberto. Aunque intenté concentrarme en mi trabajo, sentía su presencia como una sombra constante. No importa cuán profesional me mostrara, había una herida que él reabría con solo estar cerca.

Estábamos en el set, a punto de comenzar una escena importante. Me ajusté el vestuario, mirando mi reflejo en el espejo del camerino. Cristina entró de golpe, interrumpiendo mis pensamientos, como siempre lo hacía con su energía caótica y despreocupada.

Cristina: ¡Vamos, amiga! (exclamó, lanzándome una sonrisa). Estamos listas para grabar. Aunque, la verdad, a veces parece que hay más drama detrás de cámaras que en la serie.

Cristina era brillante para captar lo que pasaba sin necesidad de que se lo dijeran. Sabía que algo en mí estaba distinto, pero, como buena amiga, no presionaba. Sólo me ofrecía su compañía, como un refugio en medio de todo el caos.

Maria Elisa: Estoy bien (dije, aunque ambas sabíamos que no era del todo cierto).

Sonreí débilmente, tratando de disimular. Me levanté, ajustando la blusa una vez más, y caminé con ella hacia el set.

Cuando llegamos, Roberto ya estaba allí. Estaba de pie, revisando su guion con una concentración que me resultaba familiar, pero que ahora me resultaba difícil de admirar. Sabía que ese día sería duro. Nuestra escena juntos requería mucha cercanía emocional, y no estaba segura de cómo manejarlo.

El director nos llamó a nuestras posiciones. Mi corazón comenzó a latir más rápido mientras me colocaba frente a Roberto, a apenas unos centímetros de él. Nos miramos en silencio, como dos extraños que compartían un pasado. La cámara aún no estaba rodando, pero la tensión entre nosotros era palpable.

Roberto: ¿Estás lista? (preguntó, su voz suave, pero cautelosa, como si temiera romper algo más de lo que ya estaba roto).

Lo miré directamente a los ojos, sintiendo cómo los recuerdos me golpeaban con fuerza. Recordé la primera vez que me miró de esa manera, con esa mezcla de vulnerabilidad y ternura que solía desarmarme. Pero ahora, todo era diferente. Había un muro entre nosotros que ninguno de los dos sabía cómo derribar.

Maria Elisa: Estoy lista, por favor, asegúrate de hacerlo tal y como lo ensayamos. (dije con seriedad)

El director dio la señal, y la escena comenzó.

Nos movimos con precisión, repitiendo las líneas que habíamos practicado, pero mientras actuábamos, algo cambió. Las palabras que pronunciábamos no eran sólo del guion; eran las nuestras. Cada línea parecía arrancar un pedazo de nuestra historia, obligándonos a enfrentarnos al dolor que habíamos evitado por tanto tiempo.

Maria Elisa: No quiero volver a verte. (dije, siguiendo mi parte)

Roberto dio un paso hacia mí, tal como estaba planeado en el guion, pero el temblor en su mirada era real.

Roberto: Por favor, perdóname (respondió, su voz cargada de emociones que no pertenecían a su personaje, sino a él mismo).

Sentí cómo algo en mi interior se desmoronaba. La línea entre la ficción y la realidad se estaba difuminando de una manera que me aterrorizaba.

Director: ¡Corte! (gritó, pero ninguno de los dos se movió).

Nos quedamos allí, mirándonos a los ojos, atrapados en el momento. Las palabras seguían resonando entre nosotros, como si estuviéramos tratando de comunicarnos más allá del guion.

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