Capítulo #38: En el límite

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Narrador Externo

El tiempo parecía haberse congelado para María Elisa. Cada segundo se estiraba como si el reloj estuviera en su contra. Sentada en la sala de espera del hospital, las paredes blancas y el eco distante de voces hacían que el aire se sintiera espeso, irrespirable. Su pierna temblaba incontrolablemente, moviéndose de manera frenética. No había podido apartar ni por un segundo la imagen de Samantha en ese cuarto de hotel, rota, vulnerable, como si su cuerpo hubiera sido convertido en un campo de batalla.

Cada vez que pensaba en los golpes, en el dolor que Samantha había soportado, su estómago se revolvía. Su respiración se hizo más rápida, un nudo subía por su garganta. Cerró los ojos con fuerza, intentando detener el mar de pensamientos que la invadía.

De repente, las puertas de la sala se abrieron y un doctor salió, con la expresión seria, llevando consigo una pesada carga de noticias que María Elisa no estaba segura de estar lista para recibir. Se levantó de inmediato, el corazón golpeando en su pecho.

Maria Elisa: ¿Cómo está? (su voz rota, apenas audible)

El doctor suspiró antes de hablar, lo que sólo empeoró el miedo que la inundaba.

Doctor: Samantha está en estado crítico. Los golpes que recibió le han causado traumatismos severos. Tiene una costilla rota y... (hizo una pausa, como si intentara encontrar las palabras correctas, pero la gravedad de lo que decía ya estaba impregnando el aire) También tiene laceraciones vaginales y anales. Hemos hecho todo lo posible para estabilizarla, pero las próximas horas serán decisivas.

El mundo de María Elisa se desmoronó en ese instante. Sentía como si todo el aire hubiera sido succionado del lugar. Sus piernas temblaron, y por un momento, pensó que no podría mantenerse en pie. Trató de decir algo, pero su voz se quebró en un sollozo sofocado.

Maria Elisa: (se llevó una mano a la cabeza) Dios mío, no... no puede ser

La desesperación la invadía, la impotencia era insoportable. Samantha estaba al borde de la muerte. Y ella no podía hacer nada para ayudarla.

El doctor la observaba, con empatía en los ojos, pero sabía que su trabajo exigía seguir adelante con lo que debía decir.

Doctor: Por protocolo, debido a la naturaleza de las heridas, tendremos que contactar a la policía para hacer la denuncia. Este es un caso grave de agresión y...

María Elisa levantó la mirada, sus ojos llenos de lágrimas, su mente aún tratando de procesar las palabras. La policía. Eso significaba que todo saldría a la luz, que Samantha tendría que revivir cada detalle de la violencia que había sufrido. Y lo peor de todo... enfrentar al hombre que le había hecho esto.

Maria Elisa: Está bien (tragándose las lágrimas, aunque su voz aún estaba temblorosa). Llamen a la policía. Tienen que atraparlo.

El doctor asintió con gravedad y cuando iba a voltearse para irse, Maria Elisa lo detuvo...

Maria Elisa: Por favor... ¿Puedo verla? Solo un momento. Necesito estar con ella, aunque sea un minuto.

El doctor la observó con una expresión seria, pero también comprensiva. Sabía que no era lo ideal, pero también entendía la necesidad desesperada de María Elisa. Después de una pausa, asintió con la cabeza.

Doctor: Solo por unos minutos. (le advirtió) Ella está en cuidados intensivos, y su estado es muy delicado. Pero entiendo que necesitas estar con ella. Ven, te llevaré.

El corazón de María Elisa latía con fuerza mientras seguía al doctor por el pasillo. A medida que se acercaban a la puerta de la sala, una mezcla de miedo y esperanza se apoderaba de ella. ¿Cómo iba a reaccionar al verla en ese estado? Quería ser fuerte por Samantha, pero no estaba segura de poder soportarlo.

Al entrar en la sala, el sonido de los monitores y el leve zumbido de las máquinas llenaron el ambiente. El aire era frío, impregnado del olor estéril del hospital, pero lo que realmente la golpeó fue ver a Samantha. Su amiga estaba allí, inmóvil, con cables conectados a su cuerpo y el rostro cubierto de moretones, los labios partidos. Había tubos que la ayudaban a respirar, monitores que controlaban cada aspecto de su débil estado de salud. Era una imagen que jamás había imaginado tener que ver.

María Elisa sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Su cuerpo tembló y por un momento pensó que se iba a desvanecer. Tuvo que apoyarse en el borde de la cama para no caer. El dolor en su pecho era insoportable, pero no podía permitirse romperse del todo. Samantha la necesitaba fuerte, o al menos eso intentaba decirse.

Se acercó lentamente, como si cada paso la hundiera más en una pesadilla que no podía controlar. Al llegar al lado de la cama, estiró su mano temblorosa y tomó la de Samantha, fría y débil. Era casi como si no estuviera allí. La sola sensación de ese tacto vacío le rompió el corazón aún más.

Maria Elisa: Sam... (susurró, y las lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas sin control, no había manera de detenerlas, el dolor era demasiado). Por favor, resiste... tú eres fuerte. Sé que lo eres.

Las palabras salieron entre sollozos, cada una más desesperada que la anterior. María Elisa se inclinó hacia adelante, apoyando su frente en la mano de Samantha, aferrándose a ella como si al hacerlo pudiera transmitirle algo de fuerza, algo que la ayudara a aferrarse a la vida.

Maria Elisa: No te vayas... por favor (susurró con la voz rota). No puedo perderte ahora, no después de todo lo que hemos vivido. Tú eres mucho más fuerte que esto, sé que puedes pelear. Tienes que pelear.

El sonido de los monitores seguía siendo el único eco en la habitación, como si estuvieran midiendo el tiempo que quedaba. Cada pitido parecía una cuenta atrás, y eso aterrorizaba a María Elisa más que cualquier cosa.

Se quedó allí, aferrada a la mano de Samantha, sollozando entre susurros. Las palabras seguían fluyendo, aunque sabía que tal vez Samantha no podía oírlas. Pero eso no importaba. Necesitaba decírselas.

Maria Elisa: Tienes que despertar. Me prometiste que siempre ibas a estar ahí, ¿recuerdas? (su voz se quebró en ese momento, y apretó con más fuerza la mano de Samantha, deseando con todas sus fuerzas que ella le devolviera el apretón, pero nada).

María Elisa cerró los ojos, dejando que las lágrimas cayeran con más fuerza, sintiendo cómo el miedo y la impotencia la envolvían. Le aterraba perderla, le aterraba que la vida de Samantha pudiera extinguirse en ese cuarto frío y estéril.

Pasaron unos minutos, y la realidad de que solo tenía un corto tiempo allí la golpeó. No quería irse, no quería soltar la mano de Samantha, pero sabía que debía hacerlo. Se inclinó una vez más y, con la voz apenas audible, le susurró:

Maria Elisa: ¡Te quiero mucho, Sam! No dejes de luchar, por favor. (le dio un pequeño beso en la frente)

Con un último suspiro, dejó suavemente la mano de Samantha sobre la cama y se apartó, aunque su corazón se resistía a dejarla. Se llevó las manos al rostro para secarse las lágrimas, aunque sabía que no serían las últimas.

Cuando salió de la habitación, el peso de la incertidumbre la golpeó de lleno. Afuera, el doctor la esperaba, dándole una leve señal de que su tiempo había terminado.

Maria Elisa: Gracias... (fue todo lo que María Elisa pudo decir antes de dirigirse a la sala de espera nuevamente, su corazón desgarrado, aferrándose a la pequeña esperanza de que Samantha pudiera escucharla y luchar por su vida, por su futuro)

Por un momento, cerró los ojos y respiró hondo. Recordó los momentos con Samantha, esas pequeñas risas compartidas, las miradas cómplices, los momentos en los que ambas se sentían seguras, aunque fuera por un breve segundo. El cariño que sentía por ella la envolvía por completo, y no podía soportar la idea de perderla. No ahora, no después de todo lo que habían pasado.

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Nota de la autora: 

Creen que Samantha sobreviva?? 

No olviden votar y dejar su comentario!! Gracias por leerme!!

Xoxo, D

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