Capítulo #70: Visita médica

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Roberto estaba sentado en el sofá de la sala, revisando el reloj cada pocos minutos. La espera lo ponía nervioso, y aunque sabía que no había nada de qué preocuparse, no podía evitar sentir una mezcla de ansiedad y emoción. Después de todo, esa era su rutina ahora, siempre al pendiente de María Elisa y del bebé. Estaban a punto de salir para la cita mensual con el ginecólogo, y María Elisa aún no había salido de su habitación.

Decidió levantarse y caminar hacia su puerta, tocando suavemente.

Roberto: ¿María? (llamó, acercando la oreja a la madera para ver si escuchaba algún movimiento al otro lado). ¿Estás bien? Vamos a llegar tarde.

Unos segundos después, Maria Elisa abrió y la imagen que vio Roberto, lo dejó sin habla. Llevaba puesto un vestido que le quedaba ajustado en la zona del busto y caía suelto sobre su vientre. El tono verde de la tela realzaba la suavidad de su piel, y su cabello caía en ondas naturales sobre sus hombros. Pero lo que realmente dejó a Roberto sin palabras fue la curva de su barriga, que esa mañana se veía más grande que de costumbre.

Por un momento, él solo se quedó mirándola, sintiendo una emoción que le apretaba el pecho. Se veía tan hermosa, irradiando una luz especial que la hacía ver diferente. María Elisa se sonrojó al notar la forma en que la observaba y bajó la vista, jugueteando con los pliegues de su vestido.

Maria Elisa: Lo siento por tardar (con un tono apenado). No encontraba nada que ponerme... toda mi ropa me queda apretada.

Roberto sacudió la cabeza con una sonrisa, recuperando la voz que se había perdido en su garganta.

Roberto: Te ves preciosa. Y ese vestido te queda perfecto. (le sonrió)

Ella levantó la mirada, sorprendida por el cumplido, y sintió un calor dulce llenarle el pecho. A pesar de que las cosas entre ellos no estaban bien, había pequeños momentos que le recordaban el afecto que alguna vez compartieron, y que quizás, de alguna manera, aún seguía ahí.

Maria Elisa: Gracias (respondió suavemente, tratando de no dejar que la emoción se reflejara demasiado en su voz). Bueno, vamos, no quiero que lleguemos tarde.

Roberto: Espera María... ¿puedo pedirte algo?

Maria Elisa: Dime...

Roberto: ¿Me dejarías...? (tragó saliva, titubeando un poco). ¿Me dejarías acariciar tu vientre?

Maria Elisa: ¡Claro que sí!

María Elisa se sorprendió, pero el brillo en los ojos de Roberto, la conmovió profundamente. Roberto se acercó con cuidado, como si temiera romper algo frágil, y alargó la mano hasta colocarla sobre su vientre. Sintió una conexión inmediata, una especie de lazo invisible que lo unía no solo con el bebé, sino también con ella.

Roberto: Hola, pequeño (murmuró con una sonrisa temblorosa). Aquí estoy, soy tu papá.

María Elisa sintió una calidez dulce que se extendía por su pecho al escuchar sus palabras. Sonrió al pensar que su hijo era afortunado al tenerlo a él como padre.

Después de ese momento, finalmente salieron del apartamento y se dirigieron al ginecólogo. Ambos estaban ansiosos por la cita, aunque Roberto notaba en María Elisa un rastro de preocupación en sus ojos.

Al llegar al ginecólogo, se acomodaron en la sala de espera, y poco después el doctor los llamó para realizar el chequeo. María Elisa se recostó en la camilla mientras el médico le realizaba un ultrasonido, y pronto el sonido inconfundible de los latidos del bebé llenó la habitación. Era un ritmo fuerte y constante, como si el pequeño corazón estuviera danzando con alegría.

Doctor: Ahí está (dijo con una sonrisa, girando la pantalla hacia ellos para que pudieran ver al bebé en el monitor). El corazón suena muy fuerte y saludable.

Roberto no pudo evitar sentir cómo se le llenaban los ojos de lágrimas. No importaba cuántas veces escuchara ese sonido, siempre lo conmovía de una manera inexplicable, y más aún cuando recordaba el dolor de la pérdida anterior. Ver al bebé moviéndose en la pantalla, tan vivo y tan real, le hacía sentir esperanza, como si esta nueva oportunidad fuera una especie de redención.

Roberto: ¿Podemos saber si es niño o niña?

Doctor: Es muy pronto para saberlo, probablemente en la próxima visita.

Maria Elisa: ¿Todo está bien? (con tono de preocupación)

Doctor: Sí, tienen un bebé muy sano. (les sonrió) Maria, puedes acomodarte el vestido y venir a sentarte para discutir los resultados de los análisis de sangre.

El doctor ajustó su tono de voz y se dirigió a María Elisa con una leve expresión de preocupación.

Doctor: (mirando los análisis) He notado que tus niveles de azúcar están un poco elevados. Eso podría ser un signo de diabetes gestacional. Por ahora no es grave, pero es importante que sigamos de cerca tu dieta y tus niveles. Te voy a recetar unas vitaminas y una dieta baja en azúcares para ayudar a mantenerlos bajo control.

María Elisa asintió con la cabeza, sintiendo un pequeño nudo en el estómago. No había esperado escuchar algo que pudiera ser motivo de preocupación, y aunque el doctor intentaba tranquilizarla, el miedo se apoderó de ella. Roberto, percibiendo su ansiedad, le tomó la mano y la apretó con suavidad, mirándola con ojos llenos de comprensión.

Roberto: Todo va a estar bien (le susurró, como si esas palabras fueran un amuleto capaz de protegerla). Vamos a seguir todas las indicaciones, y nuestro bebé va a estar perfectamente.

María Elisa asintió, forzando una sonrisa para él, mientras el doctor terminaba de darles las recomendaciones. Una vez que la cita concluyó, se dirigieron de nuevo al auto. El camino de regreso al apartamento estuvo marcado por un silencio reflexivo, y aunque Roberto intentaba aligerar el ambiente con comentarios sobre lo adorable que se veía el bebé en el ultrasonido, notaba que algo no estaba bien.

Cuando llegaron al apartamento, María Elisa se sentó en el sofá, mirando la foto del ultrasonido que sostenía en sus manos. Roberto se arrodilló frente a ella, colocando una mano en su rodilla y mirándola con seriedad.

Roberto: Oye, no te pongas así (dijo con voz firme pero llena de cariño). Esto es solo una precaución. Estás saludable y el bebé también lo está. Vamos a tomar todas las medidas necesarias para que todo salga bien, ¿sí?

María Elisa lo miró, sus ojos llenos de una mezcla de miedo y alivio. Saber que él estaba allí, dispuesto a apoyarla sin importar lo que pasara, le dio fortaleza. Se inclinó hacia adelante y lo abrazó, hundiendo su rostro en su hombro.

Maria Elisa: Gracias, Roberto... (murmuró, dejando escapar un suspiro largo y profundo). Por estar aquí, por no dejarme sola.

Él la sostuvo con firmeza, sintiendo cómo la tensión en su cuerpo se disipaba poco a poco. Estaban juntos en esto, y aunque no tenían una relación como pareja, sentían que cada vez se acercaban más. 

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Nota de la autora:

Pendiente, que voy a subir el próximo en unos minutos!!

No olvides votar y dejar tu comentario!! Gracias por leerme!!

Xoxo, D

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