Narrador externo
La noche había caído, y el hotel parecía ser el único lugar en el que María Elisa podía encontrar un respiro. Exhausta, decidió no unirse a la fiesta de Dante. Mientras los demás se arreglaban para la noche, ella se sentó en la cama, mirando su reflejo en el espejo, tratando de reconciliar la imagen de sí misma con lo que sentía por dentro: una mujer fuerte, pero frágil al mismo tiempo.
Un golpe en la puerta rompió el silencio, trayéndola de vuelta a la realidad. Era Cristina, con su energía vibrante y su sonrisa imparable.
Cristina: (tocando la puerta) ¡María Elisa, abre! No puedes quedarte aquí encerrada.
María Elisa dejó escapar un suspiro profundo, como si el simple hecho de levantarse y abrir la puerta requiriera más energía de la que tenía.
María Elisa: (abriendo la puerta con una sonrisa apagada) ¿Qué haces aquí?
Cristina: (sonriendo radiante) ¡Vengo a rescatarte! No puedes quedarte aquí mientras todos se divierten. Te necesitamos en la fiesta.
María Elisa: (con una sonrisa cansada) No sé, Cris. Estoy agotada. Quizá lo mejor sea descansar.
Cristina: (negando con la cabeza) Nada de eso. Te vas a arreglar, y nos vamos juntas. Un rato de diversión te hará bien.
María Elisa la miró por un momento, dudando. La tentación de quedarse en la calma de su habitación era fuerte, pero Cristina tenía razón. Quizá lo que necesitaba no era más aislamiento, sino dejarse llevar, aunque solo fuera por esa noche.
María Elisa: (suspirando) Está bien, me has convencido. Pero no prometo quedarme mucho tiempo.
Cristina: (riendo) ¡Con eso me basta!
Ambas comenzaron a arreglarse, compartiendo risas, maquillándose frente al espejo, probándose ropa y comentando lo que les esperaba en la noche. Cristina tenía una forma única de hacer que todo pareciera menos complicado, menos doloroso.
María Elisa: (mirándose al espejo) ¿Qué tal? ¿Crees que este vestido es demasiado?
Cristina: (examinándola) ¿Demasiado? ¡Estás espectacular! Hoy vas a dejar a todos sin palabras, créeme.
María Elisa sonrió, aunque una parte de ella dudaba. Hacía tanto que no se sentía "espectacular".
Al llegar a la fiesta, el ambiente estaba lleno de música, luces que parpadeaban y risas que resonaban desde todas las esquinas. Había un grupo de desconocidos, pero también muchas caras familiares del elenco de la serie, que ya parecían haberse soltado tras algunos tragos. Apenas cruzaron la puerta, Dante las recibió con su energía habitual.
Dante: (riendo) ¡Llegaron las reinas de la noche! Aquí tienen, un shot para las dos.
Cristina no dudó ni un segundo, tomó el vaso y levantó el brazo, esperando que María Elisa hiciera lo mismo.
Cristina: (con entusiasmo) ¡Por una noche inolvidable!
María Elisa: (sonriendo) ¡Salud!
Ambas brindaron y se tomaron el shot de un solo golpe. El calor del licor bajó por la garganta de María Elisa, despertando algo dentro de ella, algo que hacía tiempo no sentía: un deseo de dejarse llevar, de soltarse, de no preocuparse por un rato.
Cristina: (dándole un abrazo rápido) ¡Voy a buscar a Simón! Nos vemos luego. Diviértete, ¿vale?
María Elisa asintió, viendo cómo Cristina desaparecía entre la multitud. Ahora estaba sola, rodeada de gente, pero no se sentía incómoda. El ruido, las risas, la música, todo parecía envolverla en una burbuja de distracción. Justo cuando estaba a punto de dirigirse a la barra para pedir algo más de beber, Dante se acercó.
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Sin Querer
FanfictionSamantha es una joven universitaria que sueña con ser actriz. Es fiel admiradora de la actriz ecuatoriana María Elisa Camargo. María Elisa está profundamente enamorada de su novio Roberto, a quien conoció en una de las producciones que trabajó. Amb...